- JUANDE PORTILLO @JuandePortillo Nueva York
Nueva York acoge un cónclave de Naciones Unidas sacudido por los conflictos en Oriente Próximo y Ucrania, el debate sobre la carrera tecnológica o los ataques de Trump.
Nueva York será desde hoy el epicentro de la diplomacia global durante una semana en la que acogerá a más de 130 líderes de un mundo sacudido por los conflictos internacionales, el fin de algunas de las alianzas tradicionales que venían definiendo a Occidente y el temor a un futuro incierto marcado por el cambio climático, las amenazas pandémicas y, sobre todo, los avances de la inteligencia artificial. La Gran Manzana alberga, como cada otoño, la Asamblea General de Naciones Unidas, que en su 81 edición se ha autoimpuesto el reto de "restablecer la confianza y gestionar la transformación" del orden mundial.
Sin embargo, Donald Trump amenaza con acaparar los focos, una vez más, con su discurso de hoy y una amplia agenda de destacados encuentros bilaterales, que incluyen al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en plena campaña de presión sobre Kiev y Moscú para acabar con la guerra en Ucrania y favorecer el abaratamiento del diésel; o a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, tras el pacto de explotación petrolera que han alcanzado.
El año pasado, Trump cudruplicó los 15 minutos que le correspondían con un incendiario discurso que cuestionaba el sentido mismo de la ONU. "El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su discurso ante la Asamblea General el año pasado como plataforma para alardear de su capacidad como artífice de la paz" pero "este año regresa al escenario con muy pocos logros que mostrar en ese ámbito", tras "un periodo de intervencionismo militar que ha avivado los temores sobre su volatilidad y ha profundizado la preocupación por las consecuencias que su administración podría tener para la paz y la seguridad internacionales", expone Michael Hanna, responsable de EEUU del grupo de prevención de conflictos International Crisis Group. De hecho, su intervención se produce en pleno recrudecimiento de la guerra contra Irán, detonante de una crisis energética global.
Trump tratará de desplazar la atención con la firma de un acuerdo con Dinamarca para garantizar la presencia militar de EEUU en Groenlandia sin alterar su soberanía lo que, tras amenazar con tomar el territorio por la fuerza, podría suavizar las tensiones internas generadas por el mandatario en el seno de la OTAN. Con todo, sobre la Asamblea pesa la guerra comercial abierta por EEUU con Canadá, que Trump amenaza con extender a la Unión Europea si incorporan a su antiguo aliado como país asociado.
Con todo, buena parte de la atención de la cumbre se centrará en el posicionamiento de los primeros ministros y presidentes mundiales en torno al debate sobre la necesidad de frenar el desarrollo de la inteligencia artificial para garantizar la seguridad. El Panel Científico Internacional de la ONU que estudia esta tecnología emitió ayer un primer informe temático advirtiendo que fenómenos como el jaqueo de Hugging Face por parte de una IA de OpenAI, creador de ChatGPT, es señal de pérdida de control.
Previsiblemente se posicione en este sentido el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que justo antes de partir hacia Nueva York reclamó la necesidad de sellar "un nuevo contrato social" sobre la IA alegando que "la autorregulación no funciona". Sánchez intervendrá ante la Asamblea mañana, tras mantener una reunión con el alcalde de Nueva York, el socialista Zohran Mamdani, y prevé desplazarse a Boston el jueves para pronunciar un discurso en la Universidad de Harvard.
La agenda de la Asamblea General, sin embargo, aborda otros riesgos a vigilar en el horizonte. Uno de los temas centrales de la semana será la "acción climática y la transición justa" hacia energías renovables, con sesiones centradas en los efectos del aumento de las temperaturas mundiales y del nivel del mar. Otros de los temas centrales que se discutirán son la preparación para futuras pandemias globales, tras la crisis abierta por el Covid; la falta de avances en los acuerdos de desarme nuclear o el derecho al desarrollo.
El pulso por suceder a Guterres sigue abierto
"El poder está cambiando. El mundo está cambiando. Y nuestras instituciones deben cambiar con él", ha defendido el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres en la antesala de la que será su última Asamblea General en el cargo, reivindicando que "la cooperación internacional es más necesaria que nunca". La propia ONU encara este reto acuciada por problemas económicos y sin consenso sobre su sucesor.
"Guterres deja el cargo con su legado en juego" tras una década al frente de la ONU, expone Richard Gowan, director del Programa de Instituciones y Asuntos Globales, International Crisis Group. Ha trabajado arduamente para lograr que la ONU aborde con mayor seriedad el cambio climático, la inteligencia artificial y la desigualdad. "Sin embargo, en un momento de fragmentación mundial, sus llamamientos a la solidaridad global corren el riesgo de no encontrar eco", advierte. El reto de mantener vivo el multilateralismo será cedido en apenas tres meses a quien sustituya al portugués en el cargo desde 2027, pero de momento no hay consenso entre las cinco potencias con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia).
Como en ocho décadas no ha habido una mujer en la silla, crece la expectativa de que ha llegado el momento y lo cierto es que entre las candidaturas presentadas se han terminado desmarcando dos: la costarricense Rebeca Grynspan, y la representante de Guyana, Carolyn Rodrigues-Brikett. El argentino Rafael Grossi también sigue en una pugna que se espera que gane Latinoamérica, tras el turno de Europa, Asia y África, pero las grandes potencias siguen sin enseñar sus naipes y no se descarta que aporten algún candidato nuevo en la recta final de la carrera.
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