- FRANCISCO CABRILLO
Durante la crisis por la pandemia del Covid-19 en 2020, la economía global sufrió un declive. Este fue un suceso que tomó al mundo por sorpresa y que forzó a varios países a encontrar una estrategia de recuperación económica.
La incertidumbre no es solo una característica de la economía. Nuestra vida y nuestra sociedad evolucionan, a menudo, de una forma imprevista. Las catástrofes sanitarias y las plagas son un buen ejemplo de ello. La humanidad ha pasado a lo largo de su historia por todo tipo de pestes y epidemias que, en algunos casos, han destruido naciones enteras y, en otros, han diezmado su poblaciónen una cuantía hoy inimaginable para nosotros.
Muchas han sido, en tiempos relativamente recientes las epidemias, ligadas a la aparición de enfermedades antes desconocidas con especial incidencia, a veces, en determinados grupos de población. Fue, por ejemplo, el caso del SIDA, enfermedad generada por un virus que, aunque conocido desde bastantes años antes, se expandió en la población humana en la década de 1980. Pero la pandemia del coronavirus ha sido, sin duda, la más grave del último siglo. Y es importante señalar que surgió en un momento en el que habíamos llegado al convencimiento de que nuestros conocimientos habían alcanzado un nivel suficiente como para garantizar que seríamos capaces de controlar la propagación masiva de cualquier enfermedad y encontrar la solución médica necesaria para su curación.
En enero de 2020 el mundo empezó a sentir una seria preocupación por la propagación de un virus desconocido, especialmente contagioso y letal. Se discutió mucho sobre sus posibles orígenes. Pero la mayor parte de las explicaciones situaron en China la fuente del contagio. Tras una fase de gran virulencia, la pandemia fue perdiendo fuerza y se estima que en 2025 pudo darse por totalmente controlada.
Pero el número de muertos y afectados en aquellos años fue enorme. Aunque las cifras no son especialmente fiables por las diferencias en las técnicas de control y medición en los distintos países y la dificultad, en numerosos casos, para atribuir un fallecimiento concreto al coronavirus, se estima que, en todo el mundo, pudieron morir en estos años entre 18 y 35 millones de personas a causa de la pandemia. Si comparamos estos datos con los de la gripe de 1918 -la gran epidemia del siglo XX- observamos que las cifras son similares, ya que se calcula que entre 1918 y 1920murieron entre 20 y 40 millones de personas por tal enfermedad; con una población, eso sí, mucho menor que la existente en la actualidad, lo que reduce la ratio fallecidos/población total de forma significativa en el caso de la pandemia de 2020.
Aunque la pérdida de vidas humanas haya sido, sin duda, lo más importante, hay que señalar también que los costes económicos de la pandemia del Covid fueron significativos. En 2020 el PIB mundialse redujo en un 3,3%, con grandes diferencias entre las distintas áreas, siendo las economías emergentes las que menor reducción del PIB experimentaron. En la zona euro la caída superó el 6%, con niveles bastante diversos según los países. España fue una de las naciones que peores resultados obtuvieron, al reducirse su PIB en un 10,8%.
La causa de la recesión se encuentra, en primer lugar, en la paralización de la actividad económica que se llevó a cabo para combatir la pandemia. Para ello se siguieron estrategias que fueron acertadas en algunos casos; pero profundamente equivocadas en otros. Uno de los aspectos más relevantes de esta economía de crisis fue el debilitamiento de los flujos en las cadenas de suministros, que mantuvieron su efecto negativo durante bastante tiempo. Cayó el consumo. Como era previsible, se redujo con intensidad el turismo, lo que perjudicó de forma muy acusada a países, como España, en los que este sector genera un porcentaje significativo de su PIB. Y, naturalmente, las expectativas se deterioraron de forma acusada, lo que paralizó muchas inversiones y nuevos proyectos empresariales.
Pero la recuperación, a lo largo de los años siguientes fue bastante sólida. Ya en el año 2021 el PIB mundial creció por encima del 6%. Y en nuestro país la tasa de crecimiento alcanzó el 6,7%, cifra elevada, debida en buena medida al hecho de que España fue, como hemos visto, uno de los países que más habían sufrido en el año anterior.
En los años posteriores los resultados no fueron ya tan positivos. A las dificultades generadas por aquella crisis se unieron otras. En fecha tan próxima a la pandemia como febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania y comenzó una guerra, aún en pleno desarrollo, que incidió de nuevo de forma negativa en los flujos comerciales. Y en 2026 empezó un nuevo conflicto bélico en Irán que llevó al cierre del estrecho de Ormuz, lo que distorsionó en todo el mundo occidental el suministro de energía, elevando sus precios de forma importante.
Si hay algo que nos enseña la experiencia es la gran resiliencia de las economías occidentales ante crisis por completo inesperadas como la que hemos analizado en este artículo. Podemos concluir que, aunque surjan problemas serios e, incluso, otras circunstancias los agraven, nuestras economías han mostrado que pueden recuperarse en plazos relativamente breves... En especial si los gobiernos no lo impiden con políticas económicas equivocadas.
Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.
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