- RAFAEL DOMÉNECH BBVA Research
Los países con salarios más altos tienen una productividad más elevada: no hay atajos. Además, Una parte sustancial de la mejora de la remuneración bruta desde 2019 ha sido absorbida por una mayor carga fiscal sobre el trabajo.
España vive una paradoja. La creación de empleo ha sido intensa en los últimos años y ha llevado la ocupación a máximos históricos. Sin embargo, esa mejora convive con una percepción social de estancamiento de la capacidad adquisitiva de los salarios. No es una contradicción menor. Al contrario, refleja una de las principales características recientes de la economía española: crecer más por acumulación de empleo que por mejoras de productividad.
Los últimos resultados de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL) han vuelto a alimentar el debate. A primera vista, los datos más recientes podrían sugerir una mejora de las rentas del trabajo. Pero conviene interpretar bien lo que miden. Al igual que la remuneración de los asalariados en la Contabilidad Nacional, la ETCL informa sobre el coste laboral para las empresas, no sobre la capacidad adquisitiva final de los salarios. El fuerte dinamismo del empleo no garantiza aumentos sostenidos de los salarios netos reales, es decir, una vez descontadas las cotizaciones sociales y el IRPF y los efectos de la inflación, ni mejoras del bienestar del trabajador medio.
La evidencia comparada en la Unión Europea muestra que la remuneración bruta por asalariado de España está alineada con su PIB por persona ocupada, que explica alrededor del 97% de la varianza entre países. Los países con salarios más altos tienen una productividad más elevada. No hay atajos frente a esta evidencia. Por tanto, el problema no es que los salarios estén desconectados de la productividad, sino que ambas variables muestran un avance insuficiente. A finales de 2025, la productividad por ocupado se encontraba todavía tres décimas por debajo de su nivel del cuarto trimestre de 2019. En cambio, la remuneración por asalariado, medida en términos del poder de compra de los bienes y servicios del PIB, se situaba un 3,6% por encima del nivel previo a la pandemia, antes de restar cotizaciones sociales e IRPF.
Mayor carga fiscal
No obstante, este dato requiere una matización importante. La remuneración bruta incluye las cotizaciones sociales, mientras que la remuneración neta descuenta impuestos y cotizaciones, y aproxima mejor la renta disponible. El tipo impositivo implícito sobre las rentas del trabajo, que incluye el IRPF y las cotizaciones sociales, ha crecido un 8,8% desde final de 2019. Por tanto, una parte sustancial de la mejora de la remuneración bruta ha sido absorbida por una mayor carga fiscal sobre el trabajo. En consecuencia, la remuneración neta se sitúa un punto por debajo del nivel a finales de 2019. En términos medios, el asalariado representativo apenas ha recobrado el terreno perdido tras el episodio de inflación pos-pandemia y a las perturbaciones energéticas y geopolíticas. Esta conclusión es consistente con la percepción social de que la mejora macroeconómica no se ha trasladado a la capacidad de compra de los salarios.
Estos datos deben interpretarse con cautela porque se refieren al asalariado medio. En los últimos seis años, el número de personas asalariadas aumentó en más de 1,9 millones, un 10,9%. Ese incremento obliga a tener en cuenta el efecto composición. Si una parte significativa del nuevo empleo se ha concentrado en ocupaciones con productividad inferior a la media, el salario medio puede mostrar un avance insuficiente, aunque muchas personas hayan registrado mejoras. Esto no significa que el problema desaparezca, sino que el pobre desempeño del salario medio puede coexistir con realidades heterogéneas dentro del mercado laboral.
Incluso considerando este efecto, que la productividad y el salario medio apenas hayan crecido en seis años no admite lectura complaciente. Menos aún cuando el precio de la vivienda ha crecido más que los precios de consumo o que el deflactor del PIB. En estas circunstancias, es más probable que una parte creciente de la población perciba la economía como un juego de suma cero.
La principal prioridad no es solo seguir creando empleo, sino lograr que venga también acompañado de más capital humano, más inversión productiva, mejor asignación de recursos y mayor difusión tecnológica. Sin esa mejora, el avance del empleo seguirá siendo una buena noticia, pero insuficiente para elevar de forma duradera el bienestar de la sociedad española y aprovechar todo su potencial de crecimiento.
El error de encarecer el empleo más en EspañaEl absentismo laboral lastra la productividad¿Y si la solución a la vivienda fuera dejar que el mercado se regule solo? Comentar ÚLTIMA HORA-
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