El empeño de un vecino y la necesidad de celebrar misa en un lugar donde la feligresía no se manchara con la harina están en el origen de San Miguel
Regala esta noticia Añádenos en Google A la izquierda la fachada del molino y la portada de la iglesia de San Miguel. (Cedida por Remi F. Campoy)Torremolinos
28/06/2026 a las 00:21h.La explicación del nombre de Torremolinos es sencilla. Solo hay que asociar los dos elementos más característicos de su historia, las moliendas y la atalaya, ... levantada entre la calle San Miguel y la cuesta del Tajo, en el camino que conduce a la playa del Bajondillo, como elemento defensivo, dada la vulnerabilidad de la población ante las incursiones marítimas.
Uno de estos hitos lo recupera el cronista de la ciudad, Carlos Blanco, al recordar un capítulo vinculado a uno de estos artefactos que está en el germen del templo dedicado al patrón de la ciudad costasoleña, a pesar de haber estado «cuasi olvidado y mal ubicado».
Obras
El papel principal de este edificio es debido a que, como apunta Blanco, «va a permitir situar, año arriba o abajo, la construcción de la ermita de San Miguel».
Todo comienza el 15 de junio de 1705, cuando el Cabildo de la ciudad de Málaga autoriza la edificación de uno de estos inmuebles a Bartolomé del Castillo. Un lugar donde, quince años después, en 1720, se celebraba misa.
A comienzos del XVIII, igualmente, el harinero Diego Pizarro, movido por su fe, dirige a las autoridades una petición para levantar, a su costa, una ermita «en el sitio que pareciese más interesante y acomodado en aquel paraje».
Aunque la solicitud es atendida, no llega a ser ejecutada de inmediato. Entra en escena, entonces, un sacerdote, Diego Cárdenas, que impartía el sacramento en Torremolinos, con permiso del Obispado, en la sala de un molino, dado el interés de la población, aunque fuera en un lugar «estrecho» en el que, tanto él, como la feligresía, podían «llenarse de polvo de la harina».
El cura, con destino en Alhaurín de la Torre, justifica el interés de su ejercicio en que en el partido de Torremolinos, donde se desplaza, «habitan más de 200 personas». Por lo que reclama fondos para continuar con las labores en el templo del que, como describe, «solo falta la madera para cubrirlo».
1.500
Reales
El maestro de obras Juan de Santos cuantifica en 1.500 reales el presupuesto para las obras de la ermita, tal y como recoje el cronista Carlos Blanco, en su investigación 'Historia de la Iglesia Católica en Torremolinos'. Los promotores ya disponían de 500 aportados por los vecinos, pero le faltan otros mil, que no llegan, ya que solo reciben aproximadamente la mitad.
Lo hace en un escrito, datado el 8 de agosto de 1720, en el que incluye la opinión técnica del maestro de obras Juan de Santos, que cuantifica en 1.500 reales el presupuesto para esta intervención, tal y como refleja el cronista Carlos Blanco, en su investigación 'Historia de la Iglesia Católica en Torremolinos'.
Los promotores ya disponían de 500 aportados por los vecinos, pero le faltan otros mil, que no llegan, ya que solo reciben aproximadamente la mitad por parte de los responsables del erario público.
Dudas
Al final, el proyecto, se termina, aunque la fecha exacta no está clara. No ocurre lo mismo con la ubicación del molino junto a la ermita, como apunta Blanco, gracias a un documento de 1758, que cita a un nuevo sacerdote al que autorizan a oficiar dos misas en los días festivos. Un papel en el que reza: «Congregados en el molino que nombran de Castillo, contiguo a la ermita de San Miguel».
Ante la imposibilidad de hacerlo con las actas de cabildos posteriores al año 1720, Blanco buscó respuesta sobre el momento en el que se culmina la ermita en el mapa conservado en el Archivo General de Simancas, de fecha 22 de septiembre del año 1739, que deja constancia de una ermita erigida en honor del Señor San Miguel. El templo linda al norte con el antiguo molino de Castillo y en la espalda con el del Rosario, la torre de Pimentel y la batería de cañones de sus inmediaciones, una pieza, recuerda Blanco, «estratégica en la política de defensa de la costa malagueña».
Este hallazgo, precisa Blanco, «nos lleva a la única concreción posible, la ermita, a expensas de documentos de última hora que rectifiquen el dato, fue terminada de construir entre 1720 y 1739».
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