El informático Hugo Miguel Bertrán Zayas pone en marcha un negocio para los amantes de Pokemon y la comunidad TCG
Regala esta noticia Añádenos en Google Hugo Miguel Bertrán Zayas, detrás del mostrador de La Pequeña Victoria. (SUR)Rincón de la Victoria
12/07/2026 a las 23:20h.«Una tienda para reunir a la comunidad del TCG, echar partidas y disfrutar de este pasatiempo sin moverte del pueblo». Así se presenta La ... Pequeña Victoria, un establecimiento de barrio, en palabras de su fundador, el informático Hugo Miguel Bertrán Zayas. De este eslogan de negocio habrá quien no entienda las siglas, pero, aquellos que saben exactamente lo que están leyendo, pueden estar encantados.
En una competición de cartas, cada uno de los contendientes asume el papel de un entrenador en un combate y cuenta con una baraja que ha configurado de forma libre. El vencedor será el que más puntos reste al ríval, conforme al potencial que tenga cada una de sus cartas, todas ellas, protagonizadas por monstruitos, para el que sea lego en la materia.
Argumentos
«Me mudé hace dos años a Rincón de la Victoria y comprobé que no había sitios para jugar a las partidas de Pokémon. Entonces me dije, 'si nadie lo monta, lo hago yo' y así lo hice», explica este informático, que decidió emprender y abrir su tienda, en un local alquilado, en el número 72 de la avenida del Mediterráneo, el pasado 15 de enero.
Leales
«Este tipo de tiendas subsiste cuando tiene una comunidad leal, interesada en la compra de productos sellados y, sobre todo, con la organización de torneos», deja claro Bertrán Zayas.
Gracias a los fieles que ya se ha ganado, cada viernes, se juegan competiciones de los enamorados de Pikachu, Charizard o Gengar. Además, como explica, hay otras propuestas que, en sus palabras, «están pegando muy fuerte» como One Piece.
Por lo general, son combates uno contra uno y se hacen torneos con rondas suizas, es decir, en un formato de torneo de los TCG donde todos los participantes juegan un número fijo de duelos y son emparejados con oponentes que tienen un récord de victorias y derrotas similar al suyo, sin quedar eliminados tras una derrota. Dicho de otro modo, al final, los que ganan se miden a los que han vencido y los que no, también compiten entre ellos. «Es una afición que no tiene edad y con gran estrategia, además, el que quiera aprender, aquí le enseñamos», apunta.
Una de las claves es lograr que todo el que acuda al establecimiento se lleve una recompensa, lo que fideliza a los clientes, para los que también hay fundas, tapetes y, por supuesto, juegos.
En esta aventura empresarial, Hugo cuenta con su pareja y familiares y amigos. Ello hace más llevadero el arranque que, apunta, todavía no permite cubrir gastos, después de haber tirado de ahorros y de prestamos que le ha facilitado su entorno más cercano.
Con el tiempo, espera lograr la rentabilidad gracias a una propuesta de tienda que, deja claro, es de las pocas que hay en Andalucía con este concepto en el que, admite el fundador de La Pequeña Victoria, además de espíritu comercial, hay una gran parte «pasional».
Y es que, lo del TCG se puede decir que lo lleva en la sangre. «Comenzé a jugar a las cartas, hace 30 años. Mi hermano me regaló un mazo de importación y me dedicaba a esta afición todos los sábados. Lo dejé un tiempo y volví hace cosa de un año y medio o dos», recuerda Hugo.
Con esta pasión por las cartas colecciones, lo que busca es que, como afirma, «el que venga que lo pase bien, esto no es una tienda al uso».
En cuanto al nombre, juega con la idea de que hay victorias que son pequeñas y que también son victorias y con el nombre del municipio, como argumenta. «Me gusta que el espacio suene a barrio, a nombre de bar, lo que quiero es que la gente conecte y lo vea como algo suyo», afirma.
Por el momento, hasta que crezca la actividad, el horario habitual del establecimiento es miércoles, jueves y viernes de 17.30 a 21.30. Una tienda friki que se promociona así: «Nos apasionan los juegos de cartas, las tardes entre amigos y la comunidad que se forma alrededor de una mesa. La Pequeña Victoria nace para ser justo eso: un espacio acogedor en el que siempre apetece repetir».
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