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La playa de Ceuta vuelve a llenarse con más invasores escondidos tras el chapucero traslado de miles a las carpas

La playa de Ceuta vuelve a llenarse con más invasores escondidos tras el chapucero traslado de miles a las carpas
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El desplazamiento a las carpas desde El Trampolín provocó que migrantes ocultos en la montaña ocupasen el lugar. Las instalaciones del Gobierno no estaban preparadas cuando llegaron los migrantes y muchos decidieron volver. Otras historias: Marroquíes contra argelinos y subsaharianos: la 'guerra del hambre' en Ceuta con peleas por comida, aseos y chabolas

Así es la nueva realidad de la playa El Trampolín en Ceuta.

Reportajes La playa de Ceuta vuelve a llenarse con más invasores escondidos tras el chapucero traslado de miles a las carpas

El desplazamiento a las carpas desde El Trampolín provocó que migrantes ocultos en la montaña ocupasen el lugar.

Las instalaciones del Gobierno no estaban preparadas cuando llegaron los migrantes y muchos decidieron volver.

Otras historias:Marroquíes contra argelinos y subsaharianos: la 'guerra del hambre' en Ceuta con peleas por comida, aseos y chabolas

Ceuta Publicada 21 agosto 2026 06:30h

Mohamed, Said, Hassan y Youssef no son amigos. Sin embargo, están sentados sobre una baranda en la Loma Colmenar mientras miran el parking del Embolsamiento.

No deberíamos habernos ido de la playa —dice Said, haciendo referencia al desalojo que realizó la Policía Nacional a 4.000 inmigrantes en El Trampolín durante la mañana del 20 de agosto.

El resto no contesta. Tienen el gesto fruncido por el sol que les golpea directo. Mientras tanto, continúan viendo el parking, en el que hay aproximadamente 100 inmigrantes. De las 28 carpas que van a montar para la atención solo hay disponibles 20.

Los inmigrantes que lograron entrar están sentados en el suelo porque, de momento, no pueden acostarse en las literas debido a que no están montadas.

—Quizás deberíamos volver a la playa. Es posible que otros ya lo hayan hecho —comenta Hassan.

Sin embargo, ninguno se mueve. Todos comparten ese espacio, pero simplemente dejan que las horas pasen, que el sol les golpee y que la vida continúe ante su mirada.

Mohamed, Said, Hassan y Youssef, sentados en una baranda en la Loma Colmenar. Gustavo Molina

Entre tanto, en la playa El Trampolín no hay quietud. Lo que parecía que iba a quedar desalojado y con el poblado chabolista reducido a escombros sigue teniendo vida.

Hay un grupo de niños jugando con un balón desinflado y deshecho sobre la arena. De vez en cuando el balón le cae a otro grupo de casi 100 personas que están sentadas bajo la sombra de un árbol.

Ellos miran a lo lejos cómo la Policía Nacional ha establecido una fila casi interminable en la que están contando a las personas. Una vez estas pasan corriendo por los filtros, van hacia un asentamiento de rocas y se quedan sentadas.

—Por lo menos hay 2.000 —dice un agente.

Eso contradice de forma directa lo que el Gobierno había prometido. Los 4.000 inmigrantes no fueron reubicados.

Y, lejos de la realidad distópica que plantea, la playa fue vuelta a ocupar por al menos 2.000 personas y no por 500, como fue anunciado.

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—¿Adónde más vamos si no tienen un sitio para tenernos? —pregunta un inmigrante.

Situación tras el desalojo en la playa El Trampolín. Gustavo Molina

Su rostro muestra enojo e incomprensión. El hombre que está a su lado le contesta que eso no importa y que lo relevante es que puedan conseguir la ayuda humanitaria que se está repartiendo a escasos metros de ellos.

—Yo solo vine aquí por eso. Lo único que me interesa es tomar lo que me den y me devuelvo a Marruecos —asegura un marroquí.

Su sonrisa es pícara y cuenta que no es la primera vez que pasa la frontera. Es casi una costumbre para él. Incluso, él se encontraba durmiendo en una calle en la montaña. Cuando vio que la playa de El Trampolín estaba vacía, aprovechó para invadirla. Como él, cientos lo hicieron.

—Lo hago cuando estoy aburrido o no tengo nada más. Consigo cualquier cosa y vuelvo a mi país —agrega.

El marroquí que asegura haber cruzado a Ceuta solo para recibir ayuda. Gustavo Molina

Lo anterior hace que otro joven, que dice tener nacionalidad marroquí y rusa, se enfade.

—¿Pero qué te pasa a ti? ¿No te das cuenta de que en España puedes tener muchas más cosas que en Marruecos? —agrega.

El silencio se hace denso. Detrás de ellos, hay otro grupo de hombres que ya ha empezado a levantar nuevamente el poblado chabolista y hay construidas al menos 10 carpas.

Ese joven, supuestamente, estuvo en el ejército ruso, pero fue apartado por indisciplina. Posteriormente volvió a Marruecos y allí se metió con personas que no debía. Por eso, dice, no puede volver a su país.

Sus pasos son lentos. Camina con una muleta porque parece que tiene alguna afectación en su pierna derecha.

—Amigo —le dice a un hombre que va pasando por el corredor de la playa—.

Espera a que la persona lo mire y le dice:

—No puedo caminar bien y me han mandado estos medicamentos. ¿Podrías darme una ayuda?

El hombre no se inmuta. Simplemente continúa con su camino.

La mayor parte de ellos tiene historias trágicas. Todos tienen en común que escapan de algo: ya sea de una persecución, de una mala vida o de unos sueños rotos.

Reocupación

Detrás de donde un grupo de personas juega con el balón hay tres hombres de pie. Sus manos están en modo de plegaria y tienen los ojos cerrados.

Cada ciertos segundos, se agachan y ponen su frente sobre la arena.

Donde estemos debe haber una mezquita —comenta uno de los inmigrantes.

Mientras la vida de ellos continúa, los policías siguen bajo el sol, intentando organizar y ordenar a las personas.

En diversas ocasiones, el Sindicato Unificado de la Policía ha expresado que gran parte de sus agentes están doblando turnos y los espacios de descanso no son los adecuados.

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“Lo más frustrante de todo esto es que no tenemos una fecha de fin”, comenta un agente.

A eso se suma Alberto Núñez Feijóo, que visitó Ceuta este 20 de agosto. “Desde el 30 de julio, España perdió el control de una de sus fronteras”.

Además de ello, el líder del PP aseguró que esta crisis, de casi tres semanas, debería desencadenar en la expulsión de “todos” los inmigrantes que accedieron ilegalmente tras la entrada masiva.

Aunque ese es el sentir de la mayoría de los ceutíes, la realidad continúa siendo muy distante.

Los servicios sanitarios están saturados; diariamente, según el Colegio de Médicos de Ceuta, están llegando más de 10 casos de apuñalamientos, reyertas y fracturas.

“Funciona así. Esta mañana desalojamos la playa, pero ahora está nuevamente llena. Intentamos que haya seguridad, pero siempre pasan casos de violencia. Es un no parar sin una fecha de fin”, sentencia el agente.

Protesta

Con el pasar de las horas, los inmigrantes que se encontraban en Loma Colmenar se dieron cuenta de que la playa El Trampolín ya estaba ocupada nuevamente.

Sin embargo, un único grupo reducido pudo entrar a este recinto, por lo que se generó una tensión.

—No puede ser que nos pase esto. Nos mintieron. Nos dijeron que podríamos quedarnos aquí y no es así —dice uno de los inmigrantes.

Hay otro sector que lleva la bandera de España colgada sobre su espalda. Ellos, por su parte, no están de acuerdo con que se amplíe el número de plazas para recibir a más personas.

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—Es que esto es increíble. No sabemos cuándo va a finalizar esta pesadilla. ¿A nosotros quién nos ayuda? —comenta una ceutí.

No tiene una respuesta. Ella y su esposo son la excepción, ya que la mayoría de los que están allí son inmigrantes.

Los que protestan, con el pasar de las horas, entienden que no hay un espacio para ellos. No pueden regresar a la playa, dado que no hay más espacio allí. Tampoco forman parte de quienes van a entrar a alguno de los centros de ayuda.

Lo único que les queda, entre tanto, es resignarse y continuar a la espera.

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No es para menos. En Ceuta, según Juan Jesús Vivas, presidente de la ciudad autónoma, todavía permanecen cerca de 10.000 personas.

Hay un número que no concuerda. Los cuatro centros de atención humanitaria de carácter temporal dispuestos por el Gobierno buscan ofrecer 1.500 plazas de acogida inicial, pero la demanda es totalmente superior.

En medio de ello, Ceuta asume que tardará en regresar a la normalidad.

—Yo lo único que espero es que me den asilo para poder ir hacia la Península. No sé cuánto tiempo tarde, pero lo pasaré en Ceuta —asegura uno de ellos.

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