Eduardo Mitre. Foto: Pre-textos.
Letras La poesía Eduardo Mitre ante el abismo del presente: la ligereza como forma de sabiduríaEn su último poemario, el poeta boliviano se abre sin reservas a las tensiones contemporáneas: los años pandémicos, la guerra de Ucrania, el genocidio en Gaza y Trump.
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Jordi Doce Publicada 15 marzo 2026 01:33hA sus poco más de ochenta años, el poeta boliviano Eduardo Mitre (Oruro, 1943) ha publicado un libro que, ahondando en las constantes temáticas y estilísticas de El paraguas de Manhattan (2004) o A cántaros (2021) –cuya lectura repica aún en la memoria–, se abre sin reservas a las tensiones del presente: aquí están los años pandémicos, la guerra de Ucrania, el genocidio en Gaza, el drama de las pateras, la presidencia de Trump, etc., toda esa urdimbre de dolor e incertidumbre que parece estar anunciando un nuevo tiempo sobre el telón de fondo presuntamente normal del ahora.
20 Aunque ya nada es lo mismo
Aunque ya nada es lo mismo
Eduardo Mitre
Visor, 2026. 96 páginas. 20 €
El tono y el aspecto de estos poemas son los de siempre: versos y estrofas generalmente breves, pocas imágenes –o muy simples–, cordialidad y llaneza, el don para recrear a paso ligero y sin aspavientos los acontecimientos vitales: “El descenso al andén donde aguarda / una hilera de rostros embozados / como la continuación de un mal sueño”.
Siguen muy presentes los recuerdos y los viajes de juventud, los encuentros con figuras fantasmales, las viñetas de su vida cotidiana como profesor en Nueva York… Pero todo se ha ensombrecido: “así, poco a poco, / me voy quedando solo / frente a un horizonte en blanco, // mientras el negro permanece de pie, rodeándome / inmóvil y silencioso”.
Con todo, en poemas como “El arce” (“arriba, por entre sus ramas, / un cielo azul Titicaca”) o “Las tijeras” el asombro por la belleza y la variedad del mundo permanece invariable. Hay también ecos de un pasado amoroso que irrumpen con un erotismo urgente, irreprimible.
La vida insiste y Mitre sabe abrirle la puerta y sentarla ante su escritorio. Frente al “Mural de la desesperanza” se alzan también “el parque” y “la rotunda belleza de sus árboles”. La ligereza de estas páginas es engañosa y esconde una profunda sabiduría, la de alguien que solo lleva consigo lo esencial.