El Xokas lleva más de una semana en el ojo del huracán por sus palabras sobre Ester Expósito. Pero el vídeo que ha acabado con su hamburguesa en Burger King habla de otra cosa: de dinero, de clase y de los intentos erráticos de las grandes marcas de llegar al público juvenil fichando a modelos de conducta nacidos en internet no precisamente impecables.
Qué ha pasado. Burger King España canceló el jueves su colaboración con Joaquín Domínguez, conocido como El Xokas, dentro de la campaña Grand King en la que cuatro influencers promocionan un menú distinto, y con sus elecciones, los clientes escogen quién es el ganador. La marca retiró de su web y su aplicación el menú Cheese Bacon Classic, asociado al creador de contenido. Horas después, a través de una historia de Instagram, la empresa confirmó la ruptura y aseguró que las declaraciones del streamer "no representan en ningún caso los valores que defendemos como marca".
Se busca la fama. El Xokas fue elegido para esta campaña porque era, de los cuatro creadores fichados (junto a él estaban Marta Díaz, Peldanyos y Marina Rivers), el de mayor alcance: llegó a ser el streamer español con más suscriptores en Twitch y ha protagonizado algún hito en la plataforma, como cuando en 2022 protagonizó uno de los picos de audiencia más altos de su historia, con 1,2 millones de espectadores en la final de una recreación del Juego del Calamar en 'Minecraft'. Eso explica por qué Burger King lo eligió y por qué su salida de la campaña ha tenido tanto eco. La versión que ha circulado estos días sitúa el origen del conflicto en los comentarios de El Xokas sobre Ester Expósito, y es cierto que fueron los desencadenantes de la polémica, pero no su causa completa.
En Xataka
Cada vez más estrellas polémicas de Twitch están pasando a Kick por una razón: les bañan en dinero
El origen de la polémica. Los primeros comentarios polémicos llegaron más de una semana antes del despido: mientras hablaba de Mbappé, pareja de la actriz, El Xokas reaccionó a una frase que ella había pronunciado en el podcast La Pija y la Quinqui, "yo no dialogaría con nazis". A partir de ahí opinó que no valía la pena estar con una mujer tan atractiva si mantenía ese pensamiento político y remató diciendo que "prefiero estar con un 6 antes que con alguien como Expósito". La reacción fue inmediata: figuras como Irene Montero o Javier Bardem criticaron públicamente al streamer. Burger King, sin embargo, no movió el menú de la web en esos días.
La guinda. Lo que sí hizo que la compañía se replanteara su trato con El Xokas fue otro vídeo, posterior y sin relación directa con Expósito. En un directo, tras ser preguntado en tono de burla si tenía entradas para la final del Mundial de fútbol, El Xokas presumió de su sueldo apelando directamente a la marca: "he ganado más en una promo de Burger King que tus padres en 20 años trabajando", además de dirigirse con insultos a la madre de un espectador. Burger King pasó a convertirse en argumento para la humillación. La presión de boicot escaló hasta el Congreso, donde la portavoz de Compromís, Águeda Micó, exigió explicaciones.
No es la primera vez. España ya tenía un precedente comparable. En 2018, Cuétara canceló en menos de 24 horas después de una oleada de críticas su campaña de cereales Choco Flakes con Cabronazi, una cuenta de memes que había vestido a su mascota como una versión rosa de Hitler. La empresa se disculpó y detuvo la comercialización de la edición limitada, alegando que no había calculado bien el impacto de una colaboración pensada con "un tono desenfadado".
El Xokas comparte patrón con casos donde el problema estuvo fuera de la campaña: Adidas, por ejemplo, rompió en 2022 su acuerdo con Kanye West tras una serie de comentarios antisemitas, una decisión que le costó al artista cerca de 250 millones de dólares. Cinco años antes, Disney había roto su relación con el youtuber PewDiePie, entonces el creador con más suscriptores del mundo, después de que uno de sus vídeos mostrara un cartel con un mensaje antisemita.
El pasado vuelve. Otro patrón, distinto pero también frecuente: contenido polémico y antiguo que resurge y dinamita una colaboración recién firmada. A Samantha Hudson, Doritos la nombró embajadora y la despidió 48 horas después, cuando se viralizaron tuits que ella había publicado en 2015, con solo quince años de edad.
Algo parecido le pasó al youtuber Shane Dawson en 2020: cuando resurgieron vídeos antiguos suyos con bromas racistas y contenido que sexualizaba a menores, Morphe retiró de la venta la línea de maquillaje que había lanzado con él, Conspiracy. La marca descubría, a la vez que el público, que el historial de la persona que había fichado era más largo y más problemático de lo que creía.
En Xataka
El debate político español más visto esta semana no fue en Tele5, sino en el canal de Ibai, y lo protagonizó Xokas
Lo que nos cuenta esto. Cada uno de estos casos tiene sus peculiaridades, pero una estructura común: las marcas necesitan lo que solo un creador de internet puede darles, cercanía con audiencias jóvenes que ya no ven televisión. Pero ese acceso viene a veces sin guion ni control editorial. Contratar a un actor para un anuncio es comprar un mensaje cerrado, pero contratar a un creador es comprar una persona, no solo su imagen: con su historial, su directo sin filtros y las opiniones polémicas que lleva a cuestas.
En su día ya contamos cómo las marcas de alimentación llevan años apostando por ese acceso a los influencers pese al riesgo y la vigilancia del Ministerio de Consumo, pero esta polémica, sobre todo, delata cómo la necesidad de marcas tradicionales y que han construido su riqueza y el prestigio de su marca por vías offline tiene que adaptarse a nuevos tiempos, nuevos lenguajes y, sobre todo, personalidades más extremas. De momento, es la ley de la jungla: el creador con más seguidores se lleva los contratos, pero no garantiza una campaña libre de polémicas. Otra cuestión muy distinta es hasta qué punto ese riesgo no va implícito en el contrato que firman, porque en estos tiempos algo de ruido en cualquier dirección es un auténtico tesoro.
En Xataka | La polémica de Lola Lolita y el bolso de 4.000 euros revela otra cosa: los influencers han dejado de tener vidas normales
-
La noticia
La polémica de El Xokas y Burger King demuestra algo: las marcas necesitan a los streamers pero no toleran lo que son en realidad
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
.
La polémica de El Xokas y Burger King demuestra algo: las marcas necesitan a los streamers pero no toleran lo que son en realidad
Apostar por los streamers famosos no siempre es la ideaza que creen las marcas
El Xokas lleva más de una semana en el ojo del huracán por sus palabras sobre Ester Expósito. Pero el vídeo que ha acabado con su hamburguesa en Burger King habla de otra cosa: de dinero, de clase y de los intentos erráticos de las grandes marcas de llegar al público juvenil fichando a modelos de conducta nacidos en internet no precisamente impecables.
Qué ha pasado. Burger King España canceló el jueves su colaboración con Joaquín Domínguez, conocido como El Xokas, dentro de la campaña Grand King en la que cuatro influencers promocionan un menú distinto, y con sus elecciones, los clientes escogen quién es el ganador. La marca retiró de su web y su aplicación el menú Cheese Bacon Classic, asociado al creador de contenido. Horas después, a través de una historia de Instagram, la empresa confirmó la ruptura y aseguró que las declaraciones del streamer "no representan en ningún caso los valores que defendemos como marca".
Se busca la fama. El Xokas fue elegido para esta campaña porque era, de los cuatro creadores fichados (junto a él estaban Marta Díaz, Peldanyos y Marina Rivers), el de mayor alcance: llegó a ser el streamer español con más suscriptores en Twitch y ha protagonizado algún hito en la plataforma, como cuando en 2022 protagonizó uno de los picos de audiencia más altos de su historia, con 1,2 millones de espectadores en la final de una recreación del Juego del Calamar en 'Minecraft'. Eso explica por qué Burger King lo eligió y por qué su salida de la campaña ha tenido tanto eco. La versión que ha circulado estos días sitúa el origen del conflicto en los comentarios de El Xokas sobre Ester Expósito, y es cierto que fueron los desencadenantes de la polémica, pero no su causa completa.
El origen de la polémica. Los primeros comentarios polémicos llegaron más de una semana antes del despido: mientras hablaba de Mbappé, pareja de la actriz, El Xokas reaccionó a una frase que ella había pronunciado en el podcast La Pija y la Quinqui, "yo no dialogaría con nazis". A partir de ahí opinó que no valía la pena estar con una mujer tan atractiva si mantenía ese pensamiento político y remató diciendo que "prefiero estar con un 6 antes que con alguien como Expósito". La reacción fue inmediata: figuras como Irene Montero o Javier Bardem criticaron públicamente al streamer. Burger King, sin embargo, no movió el menú de la web en esos días.
🚨 SORTEO ACTIVO EN XATAKA XTRA Gana este Huawei Watch Fit 5 Suscríbete por solo 2€/mes y entra en el sorteo
La guinda. Lo que sí hizo que la compañía se replanteara su trato con El Xokas fue otro vídeo, posterior y sin relación directa con Expósito. En un directo, tras ser preguntado en tono de burla si tenía entradas para la final del Mundial de fútbol, El Xokas presumió de su sueldo apelando directamente a la marca: "he ganado más en una promo de Burger King que tus padres en 20 años trabajando", además de dirigirse con insultos a la madre de un espectador. Burger King pasó a convertirse en argumento para la humillación. La presión de boicot escaló hasta el Congreso, donde la portavoz de Compromís, Águeda Micó, exigió explicaciones.
No es la primera vez. España ya tenía un precedente comparable. En 2018, Cuétara canceló en menos de 24 horas después de una oleada de críticas su campaña de cereales Choco Flakes con Cabronazi, una cuenta de memes que había vestido a su mascota como una versión rosa de Hitler. La empresa se disculpó y detuvo la comercialización de la edición limitada, alegando que no había calculado bien el impacto de una colaboración pensada con "un tono desenfadado".
El Xokas comparte patrón con casos donde el problema estuvo fuera de la campaña: Adidas, por ejemplo, rompió en 2022 su acuerdo con Kanye West tras una serie de comentarios antisemitas, una decisión que le costó al artista cerca de 250 millones de dólares. Cinco años antes, Disney había roto su relación con el youtuber PewDiePie, entonces el creador con más suscriptores del mundo, después de que uno de sus vídeos mostrara un cartel con un mensaje antisemita.
El pasado vuelve. Otro patrón, distinto pero también frecuente: contenido polémico y antiguo que resurge y dinamita una colaboración recién firmada. A Samantha Hudson, Doritos la nombró embajadora y la despidió 48 horas después, cuando se viralizaron tuits que ella había publicado en 2015, con solo quince años de edad.
Algo parecido le pasó al youtuber Shane Dawson en 2020: cuando resurgieron vídeos antiguos suyos con bromas racistas y contenido que sexualizaba a menores, Morphe retiró de la venta la línea de maquillaje que había lanzado con él, Conspiracy. La marca descubría, a la vez que el público, que el historial de la persona que había fichado era más largo y más problemático de lo que creía.
Lo que nos cuenta esto. Cada uno de estos casos tiene sus peculiaridades, pero una estructura común: las marcas necesitan lo que solo un creador de internet puede darles, cercanía con audiencias jóvenes que ya no ven televisión. Pero ese acceso viene a veces sin guion ni control editorial. Contratar a un actor para un anuncio es comprar un mensaje cerrado, pero contratar a un creador es comprar una persona, no solo su imagen: con su historial, su directo sin filtros y las opiniones polémicas que lleva a cuestas.
En su día ya contamos cómo las marcas de alimentación llevan años apostando por ese acceso a los influencers pese al riesgo y la vigilancia del Ministerio de Consumo, pero esta polémica, sobre todo, delata cómo la necesidad de marcas tradicionales y que han construido su riqueza y el prestigio de su marca por vías offline tiene que adaptarse a nuevos tiempos, nuevos lenguajes y, sobre todo, personalidades más extremas. De momento, es la ley de la jungla: el creador con más seguidores se lleva los contratos, pero no garantiza una campaña libre de polémicas. Otra cuestión muy distinta es hasta qué punto ese riesgo no va implícito en el contrato que firman, porque en estos tiempos algo de ruido en cualquier dirección es un auténtico tesoro.