Durante décadas, nuestra visión de la prehistoria europea ha estado dominada por una idea bastante rígida en lo que respecta a la división del trabajo en las comunidades: los hombres tenían unas tareas asignadas y las mujeres otras. Sin embargo, los huesos tienen la fascinante costumbre de desmentir nuestros prejuicios, como ha ocurrido ahora tras analizar unos restos humanos encontrados en Hungría.
Lo que se ha visto. Este nuevo análisis de los restos humanos datados en hace más de 7.000 años ha dejado ver a una mujer mayor enterrada no solo con un ajuar funerario típicamente "masculino", sino con marcas en sus huesos que demuestran que hizo el mismo trabajo físico que ellos. Algo que ha marcado un antes y un después en los roles de género en la prehistoria.
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Los humanos llevamos 7.000 años matándonos brutalmente. Un yacimiento prehistórico muestra hasta qué punto
La regla y la excepción. Para entender la magnitud del hallazgo, un equipo internacional de investigación analizó a fondo 125 esqueletos adultos que provenían de diferentes cementerios de Hungría. Aquí los investigadores ya conocían que existían normas de género estructuradas, puesto que la "ley"funeraria era muy clara, apuntando a que los hombres se enterraban recostados sobre su lado derecho y acompañados de herramientas de piedra pulida.
En su contra, las mujeres se colocaban sobre su lado izquierdo y su ajuar solía estar compuesto por cinturones elaborados con conchas. Hasta aquí, todo parecía encajar en un sistema binario perfecto, hasta que los investigadores se toparon con el esqueleto de una mujer de edad avanzada. Y es que, a diferencia del resto, ella había sido enterrada con herramientas de piedra pulida, el clásico símbolo de estatus "masculino" de su cultura.
Fueron más allá. Si el ajuar funerario en este cadáver ya era una anomalía para las normas de la época, el análisis biomecánico del esqueleto acabó de sorprender a los científicos. En este caso, los investigadores no se limitaron a mirar qué objetos acompañaban a los muertos, sino que se cruzaron esos datos con los patrones de actividad física impresos en los huesos, como son los desgastes naturales de las diferentes partes de este.
Básicamente, los huesos se van adaptando y deformando según las posturas y cargas que soportamos durante toda la vida y por eso nos pueden dar mucha información a largo plazo de nuestros oficios. Aquí los investigadores descubrieron que los hombres de esta comunidad solían tener marcas asociadas a estar durante mucho tiempo arrodillados y un uso intensivo de los brazos, probablemente por el uso de herramientas específicas o trabajos de carga. Algo que las mujeres no tenían porque no desarrollaban esas tareas.
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La sorpresa. Aquí el esqueleto de estudio que llamó tanto la atención revelaba las mismas marcas óseas y de desgaste articular derivado de estar arrodillada que el que tenían los hombres. De esta manera, no solo enterraron a esta mujer como un hombre, sino que vivió, trabajó y se movió como uno de ellos.
Género del Neolítico. Este estudio pone sobre la mesa una conclusión fascinante: las sociedades del Neolítico sí tenían roles de género marcados y una división del trabajo estructurada, pero no era algo inamovible que 'condenara' a una persona a un trabajo por ser un hombre o una mujer.
Como señala ahora la ciencia, los roles eran "generalizados pero flexibles". Esto quiere decir que el hecho de que esta comunidad haya decidido enterrar a una mujer con los honores de un hombre, reconociendo el papel que desempeñó en vida, demuestra que en la Europa de hace siete mil años había espacio para la excepción.
Imágenes | engin akyurt
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La prehistoria también era 'woke': una mujer de hace 7.000 años sugiere que el género no era una barrera inamovible
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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La prehistoria también era 'woke': una mujer de hace 7.000 años sugiere que el género no era una barrera inamovible
El no cumplir las 'leyes' funerarias ha marcado un antes y un después en lo que creíamos de la prehistoria
Durante décadas, nuestra visión de la prehistoria europea ha estado dominada por una idea bastante rígida en lo que respecta a la división del trabajo en las comunidades: los hombres tenían unas tareas asignadas y las mujeres otras. Sin embargo, los huesos tienen la fascinante costumbre de desmentir nuestros prejuicios, como ha ocurrido ahora tras analizar unos restos humanos encontrados en Hungría.
Lo que se ha visto. Este nuevo análisis de los restos humanos datados en hace más de 7.000 años ha dejado ver a una mujer mayor enterrada no solo con un ajuar funerario típicamente "masculino", sino con marcas en sus huesos que demuestran que hizo el mismo trabajo físico que ellos. Algo que ha marcado un antes y un después en los roles de género en la prehistoria.
La regla y la excepción. Para entender la magnitud del hallazgo, un equipo internacional de investigación analizó a fondo 125 esqueletos adultos que provenían de diferentes cementerios de Hungría. Aquí los investigadores ya conocían que existían normas de género estructuradas, puesto que la "ley"funeraria era muy clara, apuntando a que los hombres se enterraban recostados sobre su lado derecho y acompañados de herramientas de piedra pulida.
En su contra, las mujeres se colocaban sobre su lado izquierdo y su ajuar solía estar compuesto por cinturones elaborados con conchas. Hasta aquí, todo parecía encajar en un sistema binario perfecto, hasta que los investigadores se toparon con el esqueleto de una mujer de edad avanzada. Y es que, a diferencia del resto, ella había sido enterrada con herramientas de piedra pulida, el clásico símbolo de estatus "masculino" de su cultura.
Fueron más allá. Si el ajuar funerario en este cadáver ya era una anomalía para las normas de la época, el análisis biomecánico del esqueleto acabó de sorprender a los científicos. En este caso, los investigadores no se limitaron a mirar qué objetos acompañaban a los muertos, sino que se cruzaron esos datos con los patrones de actividad física impresos en los huesos, como son los desgastes naturales de las diferentes partes de este.
Básicamente, los huesos se van adaptando y deformando según las posturas y cargas que soportamos durante toda la vida y por eso nos pueden dar mucha información a largo plazo de nuestros oficios. Aquí los investigadores descubrieron que los hombres de esta comunidad solían tener marcas asociadas a estar durante mucho tiempo arrodillados y un uso intensivo de los brazos, probablemente por el uso de herramientas específicas o trabajos de carga. Algo que las mujeres no tenían porque no desarrollaban esas tareas.
La sorpresa. Aquí el esqueleto de estudio que llamó tanto la atención revelaba las mismas marcas óseas y de desgaste articular derivado de estar arrodillada que el que tenían los hombres. De esta manera, no solo enterraron a esta mujer como un hombre, sino que vivió, trabajó y se movió como uno de ellos.
Género del Neolítico. Este estudio pone sobre la mesa una conclusión fascinante: las sociedades del Neolítico sí tenían roles de género marcados y una división del trabajo estructurada, pero no era algo inamovible que 'condenara' a una persona a un trabajo por ser un hombre o una mujer.
Como señala ahora la ciencia, los roles eran "generalizados pero flexibles". Esto quiere decir que el hecho de que esta comunidad haya decidido enterrar a una mujer con los honores de un hombre, reconociendo el papel que desempeñó en vida, demuestra que en la Europa de hace siete mil años había espacio para la excepción.