Pionera
La primera productora de pop español rompe su silencio desde su refugio en MálagaEs el gran enigma de la industria musical: reinventó las carreras de Marisol y Mari Trini, fue la persona de confianza de Rocío Dúrcal, compuso para Nino Bravo y Massiel y lanzó a Los Brincos y Fórmula V. Pero Maryní Callejo, retirada en su piso de El Candado, nunca se deja ver. Hasta ahora
Regala esta noticia Maryní Callejo, frente al piano en su piso de El Candado, del que ya apenas sale por problemas de salud. (SUR) 03/05/2026 a las 01:21h.Fue la primera productora del pop español, una excepción en una industria gobernada por hombres. Ellas podían ocupar el escenario, pero eran ellos quienes tomaban ... las decisiones. Salvo en un caso: el de Maryní Callejo, pionera en la producción musical, compositora, arreglista y pianista. Estuvo detrás de las carreras de Los Brincos, Mari Trini y Fórmula V. Colaboró con Massiel, Nino Bravo o Marisol. Viajó con Rocío Dúrcal y contribuyó a definir el sonido de toda una época. Pero su historia sigue siendo uno de los grandes enigmas de la música popular en nuestro país: nunca concede entrevistas ni se deja fotografiar. Hasta ahora.
–Ha costado dar con usted.
–Ay, hijo. Tengo 84 años.
–La flor de la vida.
–Sí, la flor marchita. Quita, quita. Tú pregúntame lo que quieras, que yo te contestaré lo que quiera también. Y lo que no… pues lo buscas. Iba a pedirte que me quites algunos años, pero estoy muy contenta de cómo me ha ido la vida.
Porque Maryní no ha perdido la retranca ni el carácter con los que tuvo que abrirse paso en un mundo exclusivamente masculino, aunque esquiva cualquier atisbo de halago, ajena a la épica que, analizadas con perspectiva, tuvieron su carrera y su condición de pionera en la industria musical. «Hice lo que pude. La música siempre me ha gustado. De pequeña me sentaba en una silla y fingía que tocaba el piano. Y ya ahí me inventaba melodías», relata.
Con Los Brincos en 1964. (SUR)–¿Y cómo se tomaron sus padres que quisiera dedicarse a la música? En aquella época no era algo común.
–Mi mamá se lo tomó bien. Mi papá, regular tirando a mal… por las tonterías de entonces. Pero yo tenía claro que era lo que me gustaba. Y he trabajado como una mona.
–¿Y no le costó hacerse un hueco en la industria siendo mujer?
–Yo venía del conservatorio, así que tenía el respeto de los músicos. Me fue relativamente fácil, aunque es cierto que no había mujeres.
En el conservatorio despuntó enseguida: tenía oído y facilidad para la composición. Estudió solfeo, armonía, dirección de orquesta y otra treintena de cursos, una formación que llamó la atención de cazatalentos de la época como Augusto Algueró. Con quince años ya era pianista de una orquesta y poco después lideraba su propia banda, Los Brujos, con la que llegó a participar en el Festival de la Canción de Benidorm. Algueró la fichó entonces para componer canciones para otros artistas. El salto a la producción fue natural: comenzó con Los Brincos y continuó con artistas como Juan y Júnior y Salomé.
En los sesenta ejerció como directora musical de Marisol. Para entonces ya se había labrado un nombre en la industria, lo suficiente como para que, como una estrella de fútbol a la que proponen cambiar de equipo, Philips Records le pusiera una oferta encima de la mesa para abandonar Zafiro, la discográfica con la que comenzó. Aceptó y, aunque aún paga el peaje –apenas percibe derechos de autor de aquella etapa–, llegaron algunas de sus colaboraciones más fructíferas con Mari Trini y Rocío Dúrcal, para quienes compuso más de una decena de canciones y con las que viajó en giras españolas e internacionales. A finales de los ochenta fundó su propio sello discográfico, Ágata Records, una aventura más bien fallida. Luego llegó la década prodigiosa con Dúrcal, de cuyas giras fue directora musical hasta el cambio de siglo, cuando a la cantante le diagnosticaron el cáncer de útero que la obligó a abandonar los escenarios y que finalmente le costó la vida.
–¿Cómo fue su relación con ellas?
–Con Mari Trini hacía hasta de diseñadora: la vestí de otra forma, no con esos camisones con los que iba… Era una artista muy especial. Viajé mucho con las dos. Con Mari Trini menos, pero con Marieta las giras eran a lo bestia. Nos íbamos de España y no sabíamos cuándo volveríamos. Conocí antes a su marido, Antonio (Júnior), porque yo era un miembro más de Los Brincos… Sus niños (los de Rocío Dúrcal y Júnior) me llamaban tita.
–Con Los Brincos hizo más de veinte canciones.
–Ya lo creo. Pero luego llegó la gran proyección de Marieta en América. Tuvo mucho éxito, llegó a ser una superfigura. Sentí mucho su muerte, fue un golpe tremendo.
–En esas giras convivían. Supongo que era importante para ellas tener en el equipo a otra mujer.
–Bueno, nos hicimos amigas. Era inevitable. Por ejemplo, de Aitor, el hijo de Massiel, soy madrina.
–También con ella trabajó mucho.
–Fue una maravilla. La primera vez que la escuché pensé que cantar… no cantaba. Pero su personalidad y su carisma eran tan fuertes que daba igual que cantara o no. Fue un trallazo. Con ella toqué en directo, hice discos, nos presentamos a concursos de televisión… Pero viajé más con Marieta y con Mari Trini.
Es otra muestra nítida del machismo de su tiempo: cuando escribía y sobre todo componía para mujeres –era más compositora que autora–, su nombre quedaba reconocido y registrado en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Cuando lo hacía para hombres, en cambio, ese reconocimiento tendía a diluirse. Solo unos pocos, como Luis Eduardo Aute, consignaron a Maryní Callejo en los créditos de sus canciones.
–¿Por qué no le gusta dar entrevistas?
–No sé, mi trabajo era otro. No era este rollo. Bueno, rollo bien entendido, ¿no? No te molestes. Pero yo me dedicaba a coger a un artista e intentar que llegara al número uno.
–¿Y cómo acabó en Málaga?
–¡Uy! Hace mucho tiempo. Venía mucho con mis padres porque a papá le encantaba, además de irle muy bien el clima por temas médicos. Y hace más de veinte o treinta años decidí quedarme.
–¿Nunca se casó?
–Me casé con la profesión. Yo siempre he sido muy madraza, muy consentidora, y no hubiera podido hacer las dos cosas a la vez. Era imposible tener un marido y viajar tanto. Y, al margen de eso, no tenía tiempo. Pasaba muy poco tiempo en casa. He trabajado mucho, gracias a Dios. He trabajado más de lo que tenía que haber trabajado.
–¿Por qué dice eso?
–Entonces las cosas eran así. Y siempre he tenido la suerte de trabajar con los artistas que me gustaban, que entre comillas eran míos.
–También colaboró con Nino Bravo.
–Pero fue una colaboración muy corta, la de 'Un beso y una flor'.
–Pero qué colaboración.
–Sí. Mira: una vez me mandaron a Valencia a escuchar a una serie de aspirantes que cantaban. Y cuando escuché a Nino me encantó. Fíjate que hasta me quité el gorro… y no te digo más por respeto. No te digo más.
Callejo, en efecto, fue la responsable de los icónicos arreglos de cuerda de 'Un beso y una flor'. Pero en los créditos del tema sólo aparecen José Luis Armenteros y Pablo Herrero. Algo idéntico ocurre con otra canción conocidísima: 'Cuéntame'. Mari Trini llegó a reconocer ese trabajo invisible en una entrevista radiofónica. «Estoy segura de que se le habría dado otro valor si hubiera sido un hombre. Pero es nuestra condenada. Nos lo callamos todo, somos tan buenas», ironizaba la autora de 'Yo no soy esa', como recoge Esther Zecco en el libro sobre Maryní editado por Efe Eme.
Pero no siempre fue así. En 1970 Maryní conoció a Aretha Franklin, que la felicitó personalmente por su trabajo en la producción del disco de Judy Stephen, actriz y cantante estadounidense afincada en España. Tiempo después, en 2003, recibió el Premio a la Difusión de la Música por parte de la SGAE. Ya por entonces había sufrido el ictus que supuso el comienzo del fin de su carrera. Solo se refiere a aquel episodio como «un arrechucho» que le dejó una mano «tonta», incapaz de tocar el piano como antes. Empezó entonces su retiro en Málaga.
Ahora pasa los días encerrada por voluntad propia en su «refugio» de Málaga, con la compañía de su gato Lucky y los cuidados de Tatiana, «un encanto». Es ella quien activa la memoria musical de Maryní poniéndole en el teléfono móvil 'Una estrella en mi jardín', uno de los éxitos que compuso para Mari Trini. Solo al escucharla se anima a dejar el sillón, no sin ayuda, para sentarse frente al piano de cola que preside su salón, lleno de recuerdos: retratos de infancia y juventud, premios y fotos con sus artistas.
Y entonces vuelve a tocar. Quien reinventara las carreras musicales de Marisol y Mari Trini. La guardiana de Rocío Dúrcal. La descubridora de Nino Bravo y Massiel. La integrante en la sombra de Los Brincos y Fórmula V, en cuyos proyectos llegó incluso a comprometer sus propios ahorros, convencida del éxito de aquellas canciones veraniegas. La mujer sobre la que se han escrito tesis doctorales, artículos y libros. La que manda emojis de manera casi obsesiva pero apenas se deja ver. Maryní, la gran cuenta pendiente del pop español.
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