Miguel Tellado, el portavoz del PP, es el termómetro de su bancada. Es un tipo divertido, algo folclórico. Como María Jesús Montero, con ciertos problemas para la contención de la mueca en el debate.
Si Tellado está apagado, algo sucede. Y este miércoles, en la sesión de control, sucedió.
En la refriega de Sánchez y Feijóo, Tellado estuvo comedido como un benedictino. Luego se animó en su duelo con Bolaños, pero algo pasaba.
En las últimas semanas, el entusiasmo entre los diputados del PP era una brisa fácilmente distinguible desde la tribuna. Era el viento fuerte de la corrupción y la inestabilidad de los socios.
Hasta que, con el pacto de Extremadura, la historia ha empezado a escribirse de otra manera.
Varios diputados del PP, me consta, divagan entre la contrariedad y la sorpresa. De la noche a la mañana, su partido ha pasado de pregonar el "Libres e Iguales" a impulsar, por convicción de la dirección, la "prioridad nacional".
Si el 14 de abril muchos se acostaron monárquicos y se levantaron republicanos, esta semana muchos en el PP se acostaron liberales y se despertaron lepenistas.
Porque a estas alturas ya no puede concluirse que Feijóo firme el principio lepenista sólo por complacer a Vox.
Los pactos entrañan responsabilidad. Del mismo modo que sería injusto decir que todas y cada una de las cesiones de Sánchez son más culpa de los independentistas que de Sánchez.
Tenía sentido ese timbre apagado de la bancada. No es fácil digerir algo así. De la España en la que los ciudadanos tienen los mismos derechos en cualquier punto del país independientemente de la región en la que vivan... a la "prioridad nacional".
Como preámbulo, algunos dirigentes del PP me decían, fuera de micro y a modo de defensa, que Sánchez ha cometido pecados infinitamente mayores. Y todos ellos al dictado de unos socios que hicieron de la "prioridad nacional" incluso un golpe a la Constitución.
La eliminación de la sedición, la amnistía, la rebaja de la malversación... Todo para compensar a quienes, como el PP y Vox ahora, conciben que algunos ciudadanos deben poseer más derechos que otros.
Con un agravante: los socios de Sánchez ya han recorrido en la práctica el camino que el PP sólo ha firmado en teoría. Además, con el uso de la violencia en ocasiones.
Esta semana, Sánchezha subido la apuesta de la "prioridad nacional" a través de Salvador Illa, que ha proclamado desacomplejadamente el catalán como requisito obligatorio para los inmigrantes que quieran renovar papeles.
Es cierto. Sánchez, en la práctica, ha llevado ese principio al final. Al precipicio. Y, de momento, sin las consecuencias electorales que tales acciones merecerían. Pero deben exponerse dos razones a tal pensamiento.
La primera: el agujero negro de Sánchez no debe servir para convertir a Feijóo en Maquiavelo. Porque, si no, ¿dónde está el límite? ¿Cuántas infamias puede firmar Feijóo con tal de ser presidente del Gobierno?
Si Feijóo tiene una especie de cheque en blanco levantado sobre los errores mayúsculos de Sánchez, al llegar a la Presidencia tendrá muchas menos herramientas para abolir el proyecto de su predecesor.
La segunda: aunque la "prioridad nacional" se haya salpimentado en cada acuerdo con esa coletilla del "ajustado a la legalidad vigente", las palabras en política son importantes. Lo decía Churchill: hasta las grandes obras arquitectónicas acaban desapareciendo, pero las palabras... siempre permanecen.
Resulta cierto que, con la ley actual en la mano, esa "prioridad nacional" será de difícil aplicación. Pero ser xenófobo en la teoría es tan lamentable como serlo en la práctica. La "prioridad nacional" es la xenofobia dicha con el lenguaje frío de los burócratas.
Además, estos pactos abren una puerta muy peligrosa.
Dicen en el PP: "Nosotros nunca permitiremos ese 'españoles primero' que quiere Vox. Ya veréis cómo en la práctica no sucede nada de eso".
Sin embargo, será lo primero que exija Abascal en cuanto haya que negociar Moncloa: reformas en el Parlamento para conseguir esos efectos prácticos.
¿Y por qué habrá que creer que Feijóo no cederá si ya ha cedido en algo que dijo que jamás cedería?
Llegado el momento, ¿por qué Feijóo levantará el muro si no lo ha puesto ya? ¿Renunciará a la "prioridad nacional" si es el único obstáculo para ser presidente?
Fue verdaderamente llamativo el acuerdo de Extremadura. Ahí estaba la prueba de Sherlock: ese "ajustado a la legalidad" era como decirle a cualquier lector... "Si añado esa frase es porque de la lectura de ese párrafo, sin la frase, se deduce que se trata de algo ilegal". Como concluyó rápidamente Ayuso. También fue ilustrativo el bochorno de Juanma Moreno.
Ningún partido debería tener que especificar la legalidad de su programa de Gobierno. ¡Vivimos en el delirio! ¡Sólo faltaba!
Esta era de las coaliciones nos muestra el peor ángulo de la política, incluso en líderes como Feijóo, desideologizados y pragmáticos.
A la hora de la verdad, los principios fundamentales se diluyen cuando se trata de tomar el poder. La prueba del algodón: en sus trece años de gobierno gallego, Feijóo jamás firmó ni aplicó nada parecido a lo que acaba de firmar con Vox.
La "prioridad nacional", con el tiempo, seguirá siendo de difícil digestión. Porque esos liberales que habían comenzado a regresar al PP, poco a poco, después del auge de Ciudadanos, ¿podrán convivir con algo que atenta contra uno de sus pilares fundamentales?
El liberal –explicaba Ignatieffen una entrevista reciente con este periódico– debe poner una puerta abierta y otra cerrada a la inmigración. E ir combinándolas. La puerta cerrada tiene que ver con las medidas encaminadas a combatir la inmigración irregular. Pero nada de la "prioridad nacional" tiene que ver con eso.
La "prioridad nacional" afecta a los españoles en general. Porque tan españoles son los inmigrantes con papeles como los que no los tienen. Y hacer distingos entre ellos... es no creer en la Democracia liberal.
No nos engañemos. Este nuevo marco apunta al inmigrante como un devorador de recursos públicos, viviendas y servicios sanitarios. Y, además, lo vincula con la delincuencia.
Decía un dirigente de Vox en Cataluña este viernes... Un español sólo lo es si tanto él como su padre y su madre han nacido en España. Y se cargó la nacionalidad de Felipe VI, de Juan Carlos I, de Rocío Monasterio, de Ignacio Garriga, de Hermann Tertsch... Lo del Rey, últimamente, no les importa. Pero, hombre, arrebatar la españolidad de sus compañeros de filas...
Cambiemos el sujeto: ¿qué dice el PP cuando son Bildu, Esquerra y Puigdemont los que, en sus municipios, privilegian la lengua o el arraigo para beneficiar a los suyos?
Para más inri, este debate, más allá de la erosión de los principios, podría tener consecuencias electorales. Injustas debido a ese tablero inclinado.
Los pactos del PP con Vox han resucitado a Abascal, que estaba estancado en las encuestas; y han dado munición a Moncloa en su peor momento.
Y, por último: si tiene razón el PP en que la "prioridad nacional", con las coletillas que Génova quiera, va a ser asimilada con más naturalidad por los electores de lo que pensamos... Entonces, sólo entonces, es que España ha cambiado de golpe y muchos no nos hemos enterado. También puede ser.