Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sostiene el trofeo del Mundial durante la ceremonia de apertura. Europa Press Europa Press
Fútbol La privatización del Mundial de Infantino: qué pasa cuando el gran capital de Wall Street se sienta en el banquillo de la FIFALa información de The Times destapa el plan de Infantino para ceder el 30% del negocio de la Copa del Mundo al capital riesgo.
Más información:El fútbol europeo clama contra Infantino: UEFA y ECA salen al paso en busca de frenar la privatización del Mundial
Guillermo Echeverría Publicada 30 julio 2026 02:40hDurante más de un siglo, el destino del fútbol mundial se trazó en la calma diplomática de Suiza, bajo el paraguas de una organización sin ánimo de lucro diseñada para gobernar el juego, no para venderlo.
Sin embargo, el centro de gravedad del deporte rey puede acabar desplazándose 6.000 kilómetros al oeste, en los rascacielos de Manhattan.
La investigación publicada por el diario británico The Times no ha revelado una simple maniobra comercial: ha sacado a la luz la metamorfosis definitiva de la FIFA.
La huella de Infantino en el Mundial "más contaminante": en jet para recorrer 16.000 km e ir a 8 partidos en una semanaAl planear la escisión y privatización parcial de sus activos comerciales a través de una nueva entidad mercantil, la cúpula dirigida por Gianni Infantino ha dinamitado las fronteras tradicionales entre la gobernanza deportiva y la alta finanza.
La pregunta ya no es cuánto vale el Mundial, sino qué ocurre cuando los administradores del capital riesgo se sientan a diseñar las reglas del espectáculo.
De Zúrich a Nueva York
Detrás del proyecto bautizado como FIFA Forward Enterprise (FFE) se esconde una obra de ingeniería financiera estructurada para impresionar al mercado.
La FIFA busca valorar su nueva filial comercial en unos 20.000 millones de dólares, con el objetivo de traspasar entre un 20% y un 30% de sus acciones a inversores privados a cambio de una inyección inmediata de 4.200 millones de dólares.
Para ejecutar semejante salto mortal, el máximo organismo del fútbol no ha acudido a los estamentos del deporte, sino al corazón financiero del planeta.
JPMorgan, la mayor entidad bancaria de Estados Unidos, actúa como el arquitecto y asesor de la operación, mientras que el fondo de capital riesgo Thrive Capital lidera las conversaciones para convertirse en el socio mayoritario del paquete privatizado.
¿De presidente de la FIFA a secretario general de la ONU? Trump baraja premiar el 'vasallaje' de Gianni InfantinoLo que estos gigantes financieros compran no es una participación simbólica, sino la gallina de los huevos de oro: los derechos de televisión, los patrocinios globales, la venta de entradas y las licencias comerciales del Mundial masculino, el Mundial femenino y el renovado Mundial de Clubes.
Cuando un fondo de inversión desembolsa miles de millones, no busca diplomacia deportiva; exige rendimientos anuales de dos dígitos.
Fuego cruzado
La difusión del plan de privatización ha desencadenado una tormenta política y económica a escala continental. La UEFA no tardó en encabezar una dura ofensiva institucional, tachando la operación de "línea roja que jamás debió cruzarse".
Desde la sede del organismo europeo en Nyon sostienen que la FIFA está vulnerando el principio de gobernanza participativa para convertir una competición centenaria en un vehículo financiero privado.
Para el fútbol europeo, la maniobra representa una amenaza directa al ecosistema de clubes y a la propia soberanía del deporte continental: la privatización parcial transferiría el poder de decisión sobre calendarios y formatos a fondos cuyo único objetivo es la maximización de dividendos.
El fútbol clama contra Infantino y la FIFA Alberto Marcos
A esta trinchera política se ha sumado la ECA (Asociación de Clubes Europeos), que representa a las principales entidades del continente. La postura de los clubes es clara: son ellos quienes pagan los salarios de los futbolistas y sostienen la industria diaria, por lo que rechazan frontalmente que la FIFA venda activos comerciales y cargue aún más un calendario de competición hipertrofiado.
Desde la ECA advierten de que la entrada de capital riesgo que exige rentabilidades anuales desorbitadas forzará la creación de más partidos y giras comerciales, un escenario que consideran inasumible tanto por la salud física de las plantillas como por la devaluación de las ligas nacionales.
Pero el conflicto ha saltado definitivamente al terreno político y macroeconómico continental. Desde Bruselas, la Unión Europea ha cargado sin paños calientes contra el proyecto privatizador de la FIFA, lanzando un dardo directo a la cúpula de Zúrich: "Mantengan los intereses privados fuera de nuestro deporte".
Infantino, tras las críticas en el Mundial: "Lamento que estuvierais tan consumidos por el odio que os lo perdierais"A esta condena política se le unen los análisis del Banco Central Europeo (BCE), cuyos informes sobre la estabilidad del sector del entretenimiento advierten del peligro de introducir firmas de capital riesgo (Private Equity) altamente apalancadas en la economía del deporte.
El BCE pone el foco en los riesgos de sobreendeudamiento y en la creación de una burbuja especulativa: una valoración hinchada de 20.000 millones de dólares expone al ecosistema futbolístico europeo a una grave crisis de liquidez si el mercado audiovisual o de patrocinios sufre cualquier contracción.
La puerta giratoria de Infantino
Esta operación no se explica únicamente desde la contabilidad; responde a una cuidada estrategia de poder personal y geopolítico.
Según los documentos sacados a la luz, el plan incluye un traje a medida para Gianni Infantino: tras finalizar su último mandato al frente de la FIFA en 2031, el dirigente suizo asumiría el cargo de comisionado o director ejecutivo (CEO) de esta nueva filial mercantil.
Una transición impecable que le permitiría saltar de la presidencia institucional a un sillón multimillonario en el sector privado, manteniendo el control efectivo sobre el negocio.
Gianni Infantino, durante el Mundial. REUTERS
Para blindar semejante reforma en el Congreso de la FIFA, Infantino ha echado mano de la geopolítica interna del fútbol. La propuesta incluye la distribución de un cheque de hasta 20 millones de dólares para cada una de las 211 federaciones miembro.
En la estructura democrática de la FIFA, donde el voto de una pequeña isla del Pacífico vale exactamente lo mismo que el de una potencia europea, esta inyección económica resulta irresistible para más de un centenar de países cuyos presupuestos anuales dependen enteramente del auxilio de Zúrich.
Es la clásica estrategia de dividir para vencer: mientras la UEFA y la CONMEBOL denuncian lo que califican como una "bomba nuclear" para el calendario y la esencia del juego, las federaciones modestas ven en el capital riesgo el maná financiero que garantiza su subsistencia.
El precio de la pasión
La entrada del capital riesgo en cualquier industria obedece a una regla inmutable: la búsqueda incesante del crecimiento. Si Wall Street paga 4.200 millones de dólares hoy, necesitará monetizar esa inversión mañana. Y en el fútbol, la única forma de multiplicar los ingresos es expandir el producto hasta sus límites físicos.
Las consecuencias de este cambio de paradigma ya se divisan en el horizonte: crecerá la presión para ampliar la Copa del Mundo de 48 a 64 selecciones o celebrar el torneo cada dos años.
Además, la sobrecarga de partidos sobre futbolistas al límite aumentará el riesgo de lesiones graves; y las sedes dependerán cada vez menos de la tradición, priorizando mercados capaces de pagar cánones astronómicos como Oriente Medio o Norteamérica.
Infantino propone ampliar el Mundial de 48 a 64 países para 2030: desafíos que plantearía a España como anfitrionaEl fútbol ha sobrevivido a lo largo de su historia a múltiples transformaciones, pero la cesión de la propiedad comercial a fondos de inversión privados marca una frontera de no retorno.
Un patrocinador puede cambiar de campaña y una televisión puede renegociar un contrato, pero un accionista privado entra en el capital para quedarse o exigir plusvalías. Wall Street no ha llegado al fútbol por amor a la pelota, sino por la liquidez inagotable de su gente.
La privatización impulsada por Infantino demuestra que, en esta nueva era, el balón ha dejado de ser un bien cultural para convertirse en un activo financiero.