Tomás Serrano
Columnas NEWSLETER La puta, la Ramoneta y las milongas de Rufián, Nogueras y VaqueroApúntate y recibe cada jueves esta newsletter para leerla antes que nadie y no perderte la información más relevante.
Ferrer Molina Publicada 26 junio 2026 09:29hUn corrupto, Jordi Pujol, popularizó la expresión catalana "hacer la puta y la Ramoneta", que ilustra una forma muy habitual de comportarse en política: con hipocresía, engaño y doble moral.
Así es exactamente como están actuando ERC, Junts y el PNV en relación a la corrupción de Pedro Sánchez.
Mucho gesto grave, mucha invocación a la ética pública, toda la palabrería imaginable en defensa de la dignidad, pero ni una sola decisión que permita arrancar la mala hierba, ni una sola medida que ponga en riesgo la continuidad del Gobierno.
Tuvieron los tres partidos ocasión de demostrar en el debate monográfico sobre corrupción celebrado en el Congreso que su compromiso con la limpieza es real, y la desaprovecharon calamitosamente.
Gabriel Rufián empezó muy bravo, asegurando que Sánchez conocía perfectamente lo que estaba pasando en el PSOE y en el Gobierno: "Yo negocié durante semanas con Ábalos en 2018. Su palabra era la palabra de Dios. Y Dios era Pedro Sánchez. Así que menos caritas y no me cuenten milongas", dijo.
Pero a la hora de la verdad, cuando tocaba ser coherente con esa posición, se echó atrás: "Yo no le pido elecciones, le pido una hoja de ruta, los de enfrente son peores".
Míriam Nogueras y Maribel Vaquero recorrieron un camino similar: diagnóstico severo —la situación es insostenible—, pero absoluta inacción.
Para ellas es mejor sostener al Gobierno que abrir la puerta a la alternancia, para "que no pasen ellos, que no pase la extrema derecha". El miedo como coartada.
Lo grave es que Rufián, Nogueras y Vaquero saben que Sánchez sabía. Son conscientes de que el presidente del Gobierno conocía lo que se perpetraba a su alrededor y que, por tanto, amparó la corrupción.
Con todo lo que ya sabemos, es complicado que alguien pueda argumentar, sin caérsele la cara de vergüenza, que es preferible apuntalar a Sánchez que dar voz a las urnas.
El líder del PSOE lleva tiempo chapoteando en la fosa séptica, cercado por la condena de Ábalos y por la de su ministro extra encubierto como fiscal general, mientras el tsunami judicial amenaza con arrastrar desde el santurrón Zapatero al bendito hermanísimo.
Con sus milongas, jugando a la puta y la Ramoneta, los Rufián y compañía permiten que Sánchez gane tiempo para que todo siga igual.
Pero claro, no se puede esperar que procuren el bien de un país quienes tienen como primer propósito romperlo.