Con el contador ya apurado ante el tramo final de la legislatura, en junio hay una asignatura pendiente: la situación de los médicos. Tras un inicio de curso convulso, el cierre se presenta con la profesión facultativa en pie de guerra: «La actitud de indiferencia institucional nos ha traído hasta aquí», sostiene Víctor Zarza, médico adjunto del servicio del Hospital 12 de Octubre y excompañero de la actual ministra de Sanidad, Mónica García.
Este anestesista forma parte de la ola de protestas que nace en los servicios de una de las especialidades transversales al diagnóstico y al tratamiento. Se emplea en pruebas de detección y en operaciones ambulatorias y cirugías mayores, y es capaz de poner en jaque la actividad asistencial de un hospital, incluso de una comunidad. A ellos se han unido más de servicios de otras especialidades.
«No vamos a hacer ninguna hora extra, no nos pueden obligar», subraya Ana Longarela López, médica adjunta del servicio de Anestesia del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), quien añade que «con esto vamos a ver de verdad lo que sí aportamos al sistema y nuestra capacidad de absorber el trabajo para el que no se aumentan los recursos».
En Madrid, desde hace una semana se suman a las protestas de hoy 18 hospitales y 62 servicios, y en Cataluña, más de 90 servicios de 26 hospitales diferentes. Todos ellos renuncian a las peonadas u horas extra que corresponden a la actividad asistencial fuera de su horario de trabajo. «Sí esperamos que se nos vayan uniendo más, no solo es un asunto de los anestesistas», reconocía Zarza hace una semana, cuando en su hospital dieron los primeros pasos, viendo los resultados que sí han obtenido sus compañeros de Galicia.
Una reunión de 'última hora' para evitar el colapso sanitario
Hoy lunes, el Comité de Huelga, a petición del director de Ordenación Profesional, Miguel Ángel Mañez, se volverá a citar en el Ministerio de Sanidad para retomar las negociaciones paradas desde finales de abril.
En este nuevo encuentro se espera acercar posturas que avancen hacia un acuerdo para cerrar un Anteproyecto de Ley de Estatuto Marco que se ajuste a las singularidades de los médicos, como recuerdan desde el Comité de Huelga: un Estatuto propio, acorde a su formación y responsabilidad; un ámbito de negociación específico con garantías jurídicas reales y sin dependencia de otras mesas; una jornada laboral de 35 horas, con el exceso de jornada reconocido, retribuido y computable en la jubilación; una clasificación profesional justa, acorde al nivel formativo y a la responsabilidad clínica; y un modelo de jubilación flexible y sin penalizaciones, que reconozca la penosidad del ejercicio médico.
Desde el Comité asumen el profundo malestar de los profesionales tras más de un año de movilizaciones y respaldan la decisión de suspender la actividad extraordinaria y voluntaria en sus servicios.
Desde Metges de Catalunya enarbolan la bandera de 'Ni un minut més'. «Somos pocos y se nos exige dar hasta el 150%», reclama su secretario general, Xavier Lleonart. Su demanda, como apunta, no es nueva y viene de la «normalización de la situación, de unas listas de espera que no se abordan y sobre las que no hay un plan de actuación, salvo la explotación laboral de los médicos».
Longarela lamenta que no se les tenga en cuenta y «los paros nacionales no han surtido efecto», reconoce a sabiendas de que las necesidades finales han de ser concretadas por las comunidades; en su caso, la Consejería de Fátima Matute (también médica). «Con la renuncia a las horas extra o peonadas vamos a demostrar que si no se realiza la actividad asistencial de más, el sistema quiebra», denuncia la anestesista del Puerta de Hierro.
Lleonart sostiene que «no se puede sostener un sistema que lleva al médico a hacer más de 3.000 horas al año». En esta contabilidad entran las cinco guardias obligatorias de 24 horas al mes y todas las horas extraordinarias que «vienen a cubrir las necesidades de un sistema que estira la actividad extra como normal» y con eso ofrece una cobertura a una población con más enfermedades crónicas y envejecida.
Las protestas llegan con la intención de Mónica García de empezar con los trámites legislativos del Estatuto Marco. Un paso que se hará sin el beneplácito de los médicos, todavía en contra del último borrador, y solo con las bendiciones de los sindicatos de los representantes en el Ámbito de Negociación (SATSE-FSES, FSS-CCOO, UGT y CSIF, sin CIG-Saúde), que pactaron el texto con Sanidad hace cinco meses.
Desde el principal sindicato madrileño, Amyts, sostienen que esto «implica seguir la senda de pactar condiciones discriminatorias para los médicos y facultativos sin contar con ellos». Este colectivo manifiesta que «el Estatuto Marco y el actual sistema de representatividad sindical llevan a este tipo de situaciones, algo singular entre los países de nuestro entorno, y ya hemos visto que no ha funcionado para atraer médicos y facultativos. El malestar profesional lleva décadas gestándose y lo lógico sería realizar las reformas que permitan ejercer con calidad y suficiente tiempo para los pacientes».
Mientras los médicos buscan captar la atención que no han logrado con las semanas de huelgas nacionales programadas desde febrero a junio con la renuncia a la actividad extraordinaria, Mónica García admitía el pasado viernes que tiene intención de llevar el Estatuto Marco de la discordia «lo antes posible» al Consejo de Ministros. Hace unos días, se filtraba que ya estaba en la agenda de la reunión del Ejecutivo desde hace tiempo, dado que la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios ya tiene el texto.
Este documento tendrá que ser aprobado por el gabinete de Pedro Sánchez en primera vuelta, antes de salir a audiencia e información pública y, tras ello, pasar una segunda vez para ser remitido al Congreso de los Diputados. Aquí los escollos se multiplican porque el Gobierno no cuenta con el apoyo de sus socios en las cámaras parlamentarias.