John Irving. Foto: Katherine Holland
LetrasLibro de la semana 'La reina Esther': una judía huérfana, descarada y valiente capitanea la nueva novela de John IrvingLos abortos clandestinos, la adopción, la circuncisión, el sexo... Los temas de esta novela remiten a las grandes obras de Irving en los años 70 y 80.
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Peter Orner Publicada 20 abril 2026 00:47hSoy monitor en un campamento de verano en las afueras de Wisconsin en julio de 1990. Ya han apagado las luces y me faltan quince páginas para terminar una desgastada edición de bolsillo de Las normas de la casa de la sidra, de John Irving (Exeter, Nuevo Hampshire, 1942), la primera novela que recuerdo haber leído con la intensidad de quien se aferra a un salvavidas.
La reina Esther
John Irving
Traducción de John Trejo
Tusquets, 2026
475 páginas. 22,90 €
Pero mis jóvenes campistas están haciendo mucho ruido y tirándose almohadas y zapatos unos a otros. Sin embargo, separarme de los personajes de la novela, siquiera por un instante, me resulta impensable. Necesito saber cómo lograrán Homer, Candy, Wally y Angel que su insólita familia funcione, así que ordeno a los campistas que salgan fuera a luchar contra los mosquitos.
Desde entonces, el libro de Irving me ha acompañado. Todavía les digo a mis propios hijos (aunque a estas alturas Dios sabe bien que ya están hartos): "Buenas noches, príncipes y princesas de Maine, reyes y reinas de Nueva Inglaterra".
Wilbur Larch, el personaje de Las normas de la casa de la sidra que pronunciaba esas palabras cada noche a los niños del orfanato de St. Cloud, en la zona rural de Maine, regresa después de cuarenta años para gestionar adopciones en la decimosexta novela de Irving, La reina Esther. El doctor, que también practica abortos seguros (aunque ilegales) a mujeres que no tienen muchas alternativas, sigue siendo tan cascarrabias y amable como siempre.
La novela, que comienza a principios del siglo XX, gira en torno a Esther Nacht, la única huérfana judía que creció en el orfanato de St. Cloud. Su padre murió de camino a Estados Unidos, mientras emigraba desde Viena. Su madre fue asesinada por antisemitas en Portland, Maine, cuando Esther tenía tres años.
'Madonna no nació en Wisconsin': una historia de mujeres fuertes hecha de memoria, infancia y heridasA los quince, Esther ya sabe quién es y adónde va, y no necesita la ayuda de nadie. Pronto llevará tatuada en el pecho una frase de Charlotte Brontë: "Cuanto más sola, más desamparada y más abandonada esté, más me respetaré a mí misma".
Demasiado mayor para ser adoptada, Esther acepta un puesto de niñera en casa de los Winslow en Pennacook, New Hampshire. Tommy y Connie Winslow, profesor de inglés en un internado y bibliotecaria, respectivamente, la tratan como a una hija más. Ya tienen cuatro: Prudence, Hope, Faith y Honor. Al igual que el doctor Larch, los Winslow creen firmemente que la familia se basa ante todo en el amor, no en la biología.
Años después, Honor y Esther idean el plan de "las dos madres". Honor no tiene ningún interés en los hombres ni en dar a luz, pero anhela ser madre, así que Esther acepta tener su bebé. Como padre, elige a un luchador llamado Moshe Kleinberg, y el bebé que tienen es James Winslow, futuro luchador y aspirante a escritor.
La inusual filiación de Jimmy causa asombro. "Para los habitantes de Pennacook, en particular para las mujeres del pueblo, Esther era una descarada", escribe Irving. "Pero ella no se avergonzaba. Como todos los Winslow sabían, ser radical era algo natural para ella".
Aunque carece del impulso adictivo de las primeras novelas de Irving, me enamoré, una vez más, de sus personajes
La reina Esther y sus temas –huérfanos, abortos clandestinos, adopción, circuncisión, lucha libre, sexo, sexo y más sexo, Charles Dickens, Viena, Vietnam, la vida del escritor, la amistad como forma de amor– remiten a las grandes novelas de Irving de los años setenta y ochenta, como El mundo según Garp, El hotel New Hampshire, Las normas de la casa de la sidra y Una oración por Owen Meany.
Sin embargo, aunque su última obra carece del impulso adictivo de estas primeras novelas y adolece de una repetición a veces exasperante, no pude evitar disfrutarla. Necesitaba esta dosis de la decencia a la antigua usanza típica de Nueva Inglaterra. En realidad, pocos critican la hipocresía como Irving en su mejor momento. Y lo que es más importante: mientras leía la novela me enamoré, una vez más, de sus personajes.
La propia Esther se lleva todo el protagonismo. Es un ángel valiente y con carácter que vela por Honor y por Jimmy. Más tarde, termina en Jerusalén, donde se convierte en una defensora inquebrantable de los judíos durante un siglo de violencia y opresión contra ellos.
Mientras tanto, Jimmy crece en Winslow y asiste a la Universidad de New Hampshire. Durante su tercer año de universidad, mientras estudia en Viena, Honor, una enfermera obstétrica, le propone un plan para evitar que vaya a Vietnam. "El aplazamiento por dependencia", le escribe en una carta. "No has conocido a nadie a quien puedas dejar embarazada, ¿verdad, cariño?".
Manuel Marlasca, en las entrañas del crimen: "Los medios hemos hecho muy atractivos a los asesinos"Una vez más, John Irving encuentra la manera de crear una familia. Esta vez, la historia involucra a Jolanda, una de las compañeras de piso de Jimmy en Viena, y a su novia, Mieke, quien convenientemente quiere "probar suerte con un chico". ¿Funcionará este plan para mantener a Jimmy al margen de una guerra desastrosamente concebida? Y de ser así, ¿qué tipo de familia resultará de ello?
La defensa que hace Irving de las familias alternativas no solo es bienvenida, sino necesaria, especialmente en estos tiempos en los Estados Unidos tras el caso Dobbs [en el que el Tribunal sostuvo que la Constitución de los Estados Unidos no contempla ningún derecho al aborto].
Ojalá que 2026 sea el año del resurgimiento de Irving. Por supuesto, nunca se ha ido; ha publicado con regularidad desde 1968. Pero es posible que ahora necesitemos su singular sentido de la compasión más que nunca.
En un momento dado, durante la estancia de Jimmy en Viena, John Irving plantea la cuestión de si una escena crucial terminará en "una noche de comedia o una noche de reflexión". Resulta ser ambas cosas, y entre risas descubrimos nuestra humanidad más profunda. Agradezco este libro, con todas sus imperfecciones, y si tuviera que leerlo en una cabaña llena de niños de once años gritando, sin duda los enviaría a la densa niebla de Wisconsin para poder terminarlo en paz.