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Alicia Gutiérrez Mármol posa en su habitación, coronada por un retrato que le hizo Javier Calleja. Antonio Contreras La reinvención de Gutiérrez Mármol: de tocar «fondo» a lanzar un estudio propioLa gestora cultural frena una etapa de vértigo y crea una firma que ya colabora con artistas internacionales desde Málaga
Domingo, 22 de febrero 2026, 00:07
CompartirAlgo se quebró hace un año en la vida de la gestora cultural Alicia Gutiérrez Mármol. Durante años ejerció como directora del estudio de Javier Calleja, uno de los artistas españoles más internacionales. También su pareja. «Tuvimos un parón», confiesa: «Hay veces que necesitas frenar. Toqué fondo». Pero algunas fracturas obligan a recolocar las piezas. A la poeta María Victoria Atencia solo «un desequilibrio en mi vida amorosa» le devolvió el impulso de la escritura tras quince años de silencio. Gutiérrez Mármol —'Ali' para los amigos— recogió los pedazos no para armar el mismo jarrón sino para construir un proyecto propio, bautizado con el apellido materno. Ahora Mármol&Fa acaba de firmar su segunda colaboración, la edición limitada de una obra de Marion Peck, referencia del surrealismo pop. Ali está de vuelta.
«El trabajo ha sido un motor en las épocas más bajas», explica: «Y si es rodeada de la gente que quiero, pues mejor». Porque Mármol no vuela sola, como matiza el nombre de la propuesta. El '&FA' lo forman Marta Jiménez, con quien ya trabajó en Calle Studio; Cristina Gutiérrez, su hermana; Cristina Lara, su sobrina, también artista, y Cristina Rosón, alma de la agencia La Madre de los Beatles. «Las Cristinas». Familia de sangre y familia elegida. Por eso Alicia se emociona cuando habla de 'Lady birds', la obra de Peck elegida como segundo lanzamiento de su nuevo estudio: tres criaturas con cuerpo de ave y cabeza humana, inspiradas en las sirenas de la mitología griega. Tres pájaros con rostro de mujer. «Nos veo muy reconocidas», cuenta: «Y mi madre, que era una persona muy fuerte de la que aprendimos mucho, siempre se peinaba así».
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La obra de Peck. SURTan presente está que convive con sus cenizas («Qué mejor homenaje que tenerla») en una de las estanterías de su coqueto piso en pleno paseo de Reding: un santuario al que se entra descalzo y que está trufado de obras de artistas como Van Minnen, KAWS y el propio Calleja. De nuevo la familia, aquí un matriarcado que, como en el cuadro de Peck, da alas a sus integrantes sin dejarlas solas. Esa red siempre estuvo ahí, incluso en los peores momentos, cuando el color habitual dio paso a un muro negro que llegó a parecer insalvable: «Nunca me han soltado de la mano. Me siento querida y respetada».
También por los artistas, conscientes de que una buena dirección de estudio puede elevar una carrera del mismo modo que una mala gestión puede tumbarla. Julio Anaya, maestro del trampantojo, fue otro de esos nombres propios que nunca fallaron, que siempre estuvieron al otro lado del teléfono. Por eso suya fue la primera edición de Mármol&Fa: sesenta unidades ya agotadas de la obra 'Retrato de Dora Maar', de Picasso, intervenidas por el joven artista malagueño, cada vez más cotizado y admirado tanto dentro como fuera de España. Aquel lanzamiento también estuvo rodeado de simbolismo: Dora aparece arrugada en la revisión de Anaya. La musa destrozada pero en pie.
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Gutiérrez Mármol, ante su edición de Julio Anaya. SUREn el horizonte asoman ya nuevas ediciones. Una de Cyro García, artífice de RARA Residencia, el proyecto que nació para acercar el arte contemporáneo a Villanueva del Rosario, tendiendo puentes entre la creación y la vida cotidiana en entornos rurales. Otra de Imon Boy, el artista callejero que mantiene su identidad en secreto y desmantela los estereotipos que históricamente arrastra el grafiti. También de Vanessa Morata, que lleva a sus cuadros el imaginario infantil de su generación, desde Buzz Lightyear hasta Pokémon, bajo una perspectiva crítica con la rueda consumista que conduce a la insatisfacción permanente. «Vane», la llama ella, «también es familia». Y se le enciende la cara. Al rescate o en la retaguardia, en videollamada o al otro lado del pasillo, siempre la familia.
Un apellido llama la atención sobre el resto: también Calleja tendrá su propia edición de Mármol&Fa. El reencuentro era inevitable
Otras referencias de la escena contemporánea como Chris Johanson, Ryan Schneider, Christian van Minnen, Mark Whalen, Johanna Jackson, María Pratts y Sergio Mora se sumarán al proyecto.
Pero un apellido llama la atención sobre el resto: también Calleja tendrá su propia edición de Mármol&Fa. El reencuentro era inevitable. En lo personal, primero, y en lo profesional después. «Hemos crecido juntos, somos un equipo». Ahora, superado aquel desequilibrio temporal, se atreve a bromear: «Fue él quien me pidió sacar algo con mi estudio». Y ríe. «No, también se lo he pedido yo. En realidad ha surgido». Porque ahora todo tiene una velocidad distinta, menos impuesta, más orgánica: «Los dos hemos bajado el ritmo». Juntos revolucionaron el mercado internacional. Pero el éxito también ahoga: «Te das cuenta de que estás en ambientes que no te corresponden, que tu trabajo es otro. Y a mí me encanta el arte y el contacto con los artistas, pero me vi metida en sitios que no me gustaban y pensé que era momento de volver a disfrutar, de ilusionarme».
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Antonio ContrerasTodo «se magnificó». La presión de las galerías, los tiempos de entrega. El volumen de trabajo. Un cóctel que los acabó agotando «física y mentalmente». Por eso ahora las riendas son propias, familiares como mucho. «Ya no quiero marcajes externos. Trabajamos sin agobios. Si las cosas salen, genial. Si se tienen que retrasar, pues se retrasan y no pasa nada. No somos cirujanos, no salvamos vidas ni tenemos por qué trabajar con tantos límites de tiempo. El mundo no se acaba si tardamos quince días más en lanzar una edición o hacemos una exposición un mes después de lo previsto».
¿Identidad diluida?
Pero antes, en medio de la vorágine, bajo la sombra de Calleja, ¿llegó a diluirse la identidad de Alicia Gutiérrez Mármol? «En España sí. Fuera siempre he sentido que tengo un nombre, pero aquí todo cuesta un poco más». Porque la figura del 'studio manager' está consolidada en los grandes centros de arte contemporáneo, como Estados Unidos o el norte de Europa. Allí es sobradamente sabido que dirigir un estudio implica asumir responsabilidades estratégicas, coordinar equipos, negociar con galerías y custodiar el relato de una obra y su artista. En España, sin embargo, esa responsabilidad aún se percibe de manera difusa, en parte porque el mercado del arte ha sido tradicionalmente más reducido y personalista. El reconocimiento tiende a concentrarse en el autor de la obra y no en quienes sostienen esa arquitectura invisible que en muchas ocasiones lo hace posible.
Por eso Gutiérrez Mármol aún se sorprende cuando recibe la llamada de una estudiante que pretende centrar en ella su trabajo de fin de máster. ¿Quién es, entonces, Alicia? Antes de su colaboración con Calleja estuvo vinculada al Festival de Málaga y al Centro de Arte Contemporáneo (CAC), donde fue coordinadora de exposiciones. En lo personal lo tiene claro: «Sigo siendo la niña pequeña pesada que se levanta con mucha energía». Aunque haya soplado ya cuarenta y cinco velas: «Pero me veo igual, sobre todo ahora que he vuelto a ilusionarme. Es impresionante cómo la ilusión rejuvenece».
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Antonio ContrerasFue una lección aprendida a base de olvidarse, de subestimarse. «Me dejé de querer, me dejé de querer». Lo repite dos veces, como si quisiera tatuarse que siempre hay camino de regreso: «Dejé de pensar en mí, en lo que me gusta, en lo que quiero. Dejé de escucharme». Ahora está en plena reconciliación consigo misma. Ha vuelto a jugar a la videoconsola («¡Hacía años que no jugaba!»). Le ha hincado el diente a 'Resident Evil', 'Last of us' y 'Final Fantasy VII' y aún tiene por desenvolver 'Silent Hill'. Los Reyes Magos le regalaron un equipo de música y reserva un día de la semana para buscar discos, otro hábito que quedó enterrado bajo una montaña de trabajo. Y más: clases de canto, de esgrima, gimnasio… «Ahora me dedico tiempo. Por eso he vuelto a jugar, a escuchar música, a hacer cosas que me apasionan».
Cuidarse por dentro como modo de reconectar con el mundo, también con el trabajo. La buena acogida de las dos primeras ediciones de Mármol&FA confirman que existe un coleccionismo atento, dispuesto a mirar más allá de los circuitos habituales. No se trata de vender obras sin más, sino de generar comunidad: pequeños tirajes, precios contenidos, artistas de primer nivel y un cuidado artesanal en cada lanzamiento. El arte como objeto, sí, pero también como vínculo. Por eso rechazó ofertas de galerías y artistas: «Quería pensarlo bien, hacer algo con lo que estuviera agusto. Y con la gente que elija». La familia, de nuevo, pero aquí con un matiz: «Yo trabajaría con mis 'Cristinas' aunque no fueran de mi familia. Están conmigo no por eso sino porque son las mejores en lo suyo».
«Dejé de pensar en mí, en lo que me gusta, en lo que quiero. Dejé de escucharme»
Conocida la trastienda institucional, esa dinámica de galerías y ferias, la estrategia pasa ahora por poner su experiencia al servicio de una firma propia que cuida tanto a los artistas como a los coleccionistas. Sin urgencias impostadas y con una programación que ya se extiende hasta el año que viene. El horizonte próximo incluye además una exposición del estadounidense Ryan Schneider en La Térmica, de la que será comisaria en colaboración con la Galería Almine Rech.
Y algo más permanente: un espacio propio para su estudio, a pocos metros de casa, que se llamará Fa41 y abrirá en unos meses… O no. Porque ahí está la clave de esta nueva etapa: hornear ideas, retomar contactos, rodearse de talento y construir proyectos sin perder el anclaje, el carácter familiar de su propuesta. Demostrar que se puede crecer sin correr. Porque, más allá de las ediciones y las exposiciones, de las entrevistas y las inauguraciones, está en juego una forma de entender el mundo del arte. No para competir en cifras sino en detalles, no para sumar dígitos sino para afinar procesos. Porque el éxito puede esperar pero la ilusión, y eso es algo que ya ha aprendido, no.
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