Se apaga el liderazgo de Yolanda Díaz. La líder de Sumar sucumbe a la fuerte presión interna y no repetirá como candidata en las elecciones generales de 2027. El anuncio de su paso atrás, comunicado ayer a través de una carta, alivia de carga el lanzamiento de la nueva alianza de las izquierdas y facilita que pueda darse una renovación pacífica y ordenada en un espacio que vivía maniatado a la espera de que la vicepresidenta segunda del Gobierno pusiera fin al culebrón sobre su futuro.
Bastantes sectores en el universo de partidos de Sumar la querían fuera de esta nueva etapa y eso ha sido definitivo para propiciar que Díaz haya tomado esta decisión y que lo haya hecho pronto. De hecho, hace meses que la vicepresidenta segunda era «consciente» de que tenía que resolver este asunto en el corto plazo y que no podía jugar con los tiempos igual que hizo en el periodo 2021-2023, cuando dilató dos años el anuncio oficial de que encabezaría un proyecto en las elecciones.
Dejando a un lado la derivada que tiene que ver con el futuro liderazgo de la alianza, que se podría resumir en que no hay un aspirante natural para la sucesión, una de las consecuencias más relevantes del paso atrás es que queda eliminado uno de los principales obstáculos para la entrada de Podemos en el frente de izquierdas. Esto significa que sin Díaz en la ecuación será mucho más sencillo que con el paso de los meses pueda abrirse una negociación entre la nueva alianza y los morados para buscar la unidad electoral.
Esto es un elemento crucial para las aspiraciones del bloque, porque ahora mismo la izquierda alternativa al PSOE se encuentra fracturada en dos sectores. Un enfrentamiento de candidaturas por toda España acarrearía por la división del voto una sangría de escaños para ambos, arruinaría las opciones de reeditar el Gobierno de coalición con el PSOE y favorecería que PP y Vox tuvieran una mayoría más amplia. Ésta es la lectura que hace en las filas del PSOE y de Sumar desde hace mucho tiempo.
La salida de Díaz contenta a Podemos y elimina obstáculos, pero aún está por ver que sea suficiente para que éste cambie de estrategia y se avenga a negociar con la nueva alianza. El partido morado viene argumentado su negativa a pactar en que el proyecto Sumar implica una izquierda subordinada y sumisa con el PSOE, que acepta todos sus límites y que renuncia a las transformaciones y la pelea. Además, en los documentos oficiales del partido se acusa a la vicepresidenta de haber encabezado una «operación» política ideada para matar a Podemos y a sus dirigentes.
Bajo esta condición de Díaz como enemiga número uno de Ione Belarra, Irene Montero y Pablo Iglesias, Podemos ha estado vetando cualquier acuerdo electoral donde estuviera Sumar, como se está viendo en las elecciones autonómicas y como pasa ahora que empieza a configurarse la coalición de las generales.
Podemos no quiso ayer responder si la renuncia allana el camino para un pacto y deja para hoy hacer una valoración. En cualquier caso, más que su primera reacción, marcada por el arranque de una competición electoral en Castilla y León entre los dos sectores, el foco hay que ponerlo en los meses siguientes. Hay unas elecciones en Andalucía que son muy importantes para la izquierda y ahí se está a tiempo de evitar un enfrentamiento entre dos candidaturas. Las presiones son muy fuertes dentro de Podemos Andalucía, con su coordinadora y otras figuras del partido empujando para llegar a un acuerdo con IU y Sumar (Por Andalucía). Ahí está el verdadero primer test que determinará si la izquierda puede reunificarse y si la salida de Díaz ayuda.
La nueva alianza de las izquierdas, que sigue esperando nombre, se presentó el pasado sábado en Madrid haciendo llamamientos a Podemos para pactar y proclamando que tiene abiertas las puertas de «par en par» para su entrada en «la casa común de la izquierda». Hay fuentes que confían en ese reencuentro, mientras que otras fuentes consideran que Podemos siempre pondrá excusas para ir por su cuenta y, por tanto, son pesimistas con que pueda ser posible.