Lunes, 23 de febrero de 2026 Lun 23/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Ciencia

La revolución de los órganos que se reparan solos ya comenzó

La revolución de los órganos que se reparan solos ya comenzó
Artículo Completo 868 palabras
La sustitución de órganos dejará de ser la única alternativa. La investigación científica avanza hacia su regeneración, con el potencial de transformar la medicina de los trasplantes y optimizar la cadena de suministro que la sustenta.
Marta AbbàBiotecnología23 de febrero de 2026el trasplante de islotes pancreáticos, y Sergio Vesconi, director científico de la Fondazione Trapianti Onlus y exdirector del servicio de urgencias del Hospital de Niguarda.

Lo que relatan es un campo donde la logística se convierte en biología, la conservación en terapia, y la frontera entre trasplante y medicina regenerativa se difumina cada año más.

De la bolsa de hielo a la máquina viviente

Durante décadas, el protocolo se ha mantenido prácticamente inalterado. Piemonti explica que el órgano se perfunde primero con una solución fría que ralentiza el metabolismo celular y, a continuación, se coloca en una caja de tres niveles: un contenedor interno con la solución de conservación, uno intermedio que lo sella todo y un contenedor isotérmico externo con hielo, a una temperatura de entre 2 y 8 °C.

"Este es el estándar mundial", añade, subrayando que se trata de "un sistema bien probado, pero con una limitación fundamental: es pasivo". Por ello, el órgano corre el riesgo de deteriorarse, y el cirujano debe apresurarse para evitar perderlo.

Sin embargo, hace unos veinte años se produjo un gran avance: las máquinas de perfusión ex situ. Estos dispositivos mantienen el órgano conectado a una bomba que hace circular fluidos en su interior, como si aún estuviera dentro del cuerpo del donante. "Estos sistemas mantienen el líquido circulando por el órgano, eliminan los residuos metabólicos y evitan que los capilares más pequeños se colapsen", explica Vesconi. Los tiempos de almacenamiento se prolongan drásticamente: días en lugar de horas. Pero la ventaja más sutil es que esta tecnología abre una ventana que antes no existía. Piemonti explica: "Permite tratar el órgano: administrar antiinflamatorios, infundir células terapéuticas o intervenir quirúrgicamente en las partes dañadas. Son cosas que eran imposibles cuando el órgano estaba simplemente en una bolsa de hielo".

cerebrovasculares, con un perfil clínico más complejo", argumenta Vesconi, quien los describe como "donantes marginales".

Antes se descartaban casi automáticamente, pero actualmente, gracias a las nuevas tecnologías, pueden recuperarse. "Al ponerlos en una máquina de perfusión y estudiar cómo funciona el órgano fuera del cuerpo, se puede decidir si es trasplantable o no. Se hace una prueba de cómo se comporta el propio órgano", expone Vesconi.

La perfusión normotérmica, es decir, a temperatura corporal, es la que permite una evaluación funcional más refinada: un riñón en estas condiciones puede producir orina, un hígado bilis. El órgano vuelve a funcionar y los médicos pueden observarlo en tiempo real antes de decidir si implantarlo. Un pulmón con un lóbulo dañado por una contusión torácica, por ejemplo, se operaba durante la perfusión: se extirpaba el lóbulo, se suturaba y luego se trasplantaba la parte que funcionaba, un procedimiento imposible en la antigua logística.

trasplantando un órgano entero, sino solo un tejido, células, o regenerando las que se han perdido", refiere el experto de San Raffaele.

El caso más avanzado e ilustrativo es el del páncreas. Piemonti recuerda que el trasplante de este órgano es una operación quirúrgica compleja, pero con el tiempo se ha visto que lo que se necesita es su capacidad de producir insulina, que solo afecta a los islotes de Langerhans, unas pequeñas células que representan el 1% de su masa.

El trasplante de islotes pancreáticos es ahora el tratamiento de referencia para algunas formas graves de diabetes en Europa, e Italia fue uno de los pioneros. La compleja operación quirúrgica se reduce a una inyección bajo anestesia local en la vena porta: las células se infunden en el hígado, que se convierte así en un órgano híbrido, una estructura que no existe en la naturaleza, capaz de producir insulina como si fuera un páncreas. Pero ni siquiera esto es suficiente, porque sigue dependiendo de la donación. Y aquí es donde entra en juego la medicina regenerativa en su sentido más literal: "Podemos tomar una célula sanguínea o un fibroblasto de la piel, reprogramarlo, hacerlo volver a un estado embrionario y rediferenciarlo en lo que queramos, en las células que producen insulina ya estamos muy avanzados: ya hay los primeros pacientes trasplantados con células obtenidas de esta manera, y funcionan", continúa Piemonti.

En un frente más especulativo pero científicamente avanzado, Piemonti describe la posibilidad de crear órganos humanos dentro de animales quiméricos, cerdos con un páncreas construido a partir de las mismas células que el futuro receptor. En teoría, ese órgano podría implantarse sin inmunosupresión". Y añade: "Pero hay que tener en cuenta la viabilidad económica y también hay aspectos éticos que no son en absoluto irrelevantes, desde los que por razones religiosas no aceptarían un órgano de cerdo, hasta los que tienen objeciones éticas al uso de animales".

WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
Compartir