Este vídeo es exclusivo para suscriptores.
Disfruta de acceso ilimitado
¿Ya tienes una suscripción? Inicia sesión
Maylin y José, en el balcón de su piso en Matanzas con un placa solar. Z. Aldama La revolución obligada de CubaAnte el bloqueo de combustible impuesto por Trump, tanto la población como el gobierno buscan en las placas fotovoltaicas su independencia energética
Matanzas (Cuba)
Domingo, 5 de abril 2026, 00:16
... eléctrico por cada veinticuatro privado de él. Es la realidad de un creciente número de habitantes en toda la isla, sobre todo fuera de La Habana. «Antes había apagones, ahora hay alumbrones», ironizan en un país acostumbrado a afrontar con humor la adversidad. No obstante, la escasez de combustible y el decadente estado de la red eléctrica están provocando una situación crítica que se aprecia desde el espacio. Las fotografías por satélite muestran con claridad cómo el Estado caribeño se va apagando. Lo que se enciende es un enfado cada vez más evidente.Rusia envía un petrolero a Cuba pese al bloqueo de Estados Unidos
Cuba se prepara para un ataque de Estados Unidos
Cuba comienza a levantarse contra el castrismo
«La situación ahora es peor que nunca, sí, pero no podemos olvidar que ya hace más de sesenta años que vivimos con el embargo que nos impuso Kennedy», recuerda José, residente en uno de los '13 plantas' –como se conoce a los edificios de corte soviético con ese número de pisos– de la localidad de Matanzas, a unos cien kilómetros de la capital. Él tiene suerte, porque vive en una zona 'priorizada' –donde los cortes del suministro son más breves– y sufre solo un 'tres por seis'. «En teoría, claro, porque, por ejemplo, ayer tocaba luz de 9 a 12 y en realidad nos la dieron de 9 a 10 y media», cuenta su mujer, Maylin, señalando que cada vez los apagones son más imprevisibles.
Desde su edificio, la pareja pudo ver con esperanza cómo atracaba en el puerto el petrolero ruso Anatoly Kolodkin, que consiguió llegar poco después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegurase que no impediría que los países abasteciesen de combustible a Cuba. Sin embargo, sus 730.000 barriles de petróleo son solo una gota de luz en la inmensidad de la oscuridad, y no parece que haya cola para seguir sus pasos. Por eso, hace un mes José y Maylin decidieron buscar una solución en otro de los aliados tradicionales del régimen comunista: China.
Un ciudadano cubano, junto a una placa fotovoltaica. Z.Aldama Un panel solar instalado frente a un edificio de Matanzas con una enorme bandera de Cuba. Z.Aldama Un triciclo abarrotado cruza junto a una vieja instalación energética. Z.Aldama Taller de reparación de instalac'ones solares en Matanzas. Z.Aldama1 /
«Compramos una placa solar que conectamos a una batería y que nos proporciona unas seis horas y media de energía para la nevera y dos congeladores», cuenta ella. «No le podemos dar la orientación óptima porque este es un edificio alto y solo podemos ubicarla en la fachada, pero nos ha cambiado la vida», añade él. Eso sí, el matrimonio ha tenido que hacer un desembolso considerable, porque solo el panel fotovoltaico cuesta el equivalente a unos 140 euros, a los que se deben sumar varios cientos más del sistema de almacenamiento y el inversor. En un país en el que la nómina de la mayoría de los ciudadanos no supera los 20 euros al mes, este dispendio es más que sustancial.
Tejados con paneles
Pero cada vez son más quienes, con ayuda de familiares en el extranjero o trabajos informales, se rascan el bolsillo. Los tejados van llenándose de paneles, y los menos pudientes se conforman con lámparas solares o incluso con paneles desplegables que apenas sirven para alumbrar un puñado de bombillas LED. En esta coyuntura, José y Maylin son doblemente afortunados, porque ellos viven en un segundo piso y apenas notan la falta de ascensor. «Con los cambios de tensión se han averiado y las personas mayores tienen muy difícil salir de casa. Intentan concentrar todas sus necesidades en un solo viaje cada cierto tiempo y los vecinos nos ayudamos, pero es una situación dura», comenta José, que también señala el corte del servicio telefónico –tanto fijo como móvil– cuando se producen los apagones. Cualquier emergencia en esta situación puede acabar en tragedia.
Y si los ciudadanos de a pie sufren, los negocios aún más. Noel Fajardo lo sabe bien. Es el propietario del Hostal Sueños de Matanzas. «Aunque la gente es comprensiva, nosotros tenemos que proporcionar unos servicios básicos que incluyen electricidad», explica bajo la sombra que dan las cinco placas fotovoltaicas que ha instalado en la azotea para poder ofrecer ese mínimo. «En un primer momento instalamos un generador de combustible, pero con los precios a los que está ahora el diésel –más de 4 euros el litro– era imposible mantenerlo. Así que me documenté a fondo para instalar este sistema. Porque si queríamos mantener el negocio, era evidente que teníamos que invertir».
«Antes había apagones, ahora hay alumbrones», ironizan los ciudadanos ante la falta de luz
Sus cinco paneles son suficiente para cubrir una fase de 110 que alimenta la iluminación, el wifi o los ventiladores, pero no el calentador de agua o el aire acondicionado. «Para eso necesitaríamos las dos fases y esa es una inversión que no nos podemos permitir», sentencia, apuntando que todavía hay mucho desconocimiento entre la población cubana «porque la energía solar es algo nuevo».
Yosel Medina da fe de ello. Es el cofundador de Dytec, uno de los primeros talleres de reparación de equipos fotovoltaicos y de almacenamiento de energía. Y buen reflejo de cómo la necesidad también se convierte en oportunidad para algunos: «Soy la tercera generación de ingenieros electrónicos y me dedicaba a equipos de sonido. Pero en agosto del año pasado, debido al agravamiento de los problemas en el suministro eléctrico, vimos que había gente que nos pedía que le arreglásemos estos sistemas. Así que dimos forma a la empresa de manera informal con una mesa en casa».
Es la versión cubana del mito del emprendedor yanqui que tiene una idea genial en el garaje. Pero pronto la demanda hizo que se mudasen a un local más amplio, y ya son siete trabajadores. La última incorporación ha sido nada menos que una 'community manager' que gestiona las redes sociales, y el taller está a rebosar de baterías y equipos.
Ante la falta de componentes, reutilizan los de otros aparatos. Que Cuba sabe dar mil vidas a las máquinas queda en evidencia en las carreteras, donde gran parte de los vehículos que logran arrancar el motor en esa difícil coyuntura salieron de la fábrica hace más de medio siglo.
«La crisis durará años»
«La mayor parte de los problemas con las placas y las baterías vienen dados por su mal uso, porque se adquieren algunos recreativos para ahorrar y luego se les enchufa la nevera. O se instalan incorrectamente. Es el desconocimiento», indica. Además, ante la falta de importadores oficiales y alentados por la exención de impuestos de aduanas, muchos de los equipos llegan en las maletas de viajeros. «Por eso estamos haciendo vídeos formativos». Medina está convencido de que es solo cuestión de tiempo, y que esta revolución energética obligada resultará positiva a largo plazo porque permitirá a Cuba reducir su dependencia del exterior. «La crisis va a durar años porque la infraestructura eléctrica está obsoleta y muy deteriorada. Pero las placas fotovoltaicas se quedarán. No son el futuro, son el presente», sentencia.
El gobierno es de la misma opinión. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) no da más de sí, y por eso los apagones ya son un mal sistémico. Al fin y al cabo, la demanda energética siempre está en torno a un tercio por encima de la oferta. Además, las vetustas centrales termoeléctricas tienen difícil abastecimiento con la crisis actual de los combustibles. Por eso, el Partido Comunista está apostando por explotar uno de los grandes recursos del país: el sol. Se están construyendo granjas solares por toda la geografía, y China, principal fabricante de placas solares, es clave en esta transición: solo en 2025 facilitó que el país triplicase su potencia fotovoltaica instalada. No es suficiente, ni mucho menos. Pero, como señala Medina, «por algo se empieza».
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión