Viernes, 27 de febrero de 2026 Vie 27/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Cultura

La sala de espera

La sala de espera
Artículo Completo 609 palabras
Hay un lugar en el que el tiempo anda más despacio. En el que el clima exterior no tiene ninguna repercusión sobre la temperatura interior, porque siempre hace frío . Donde los sucesos «de fuera» no penetran, porque no tienen ni trascendencia ni interés. Donde lo único que importa es lo que hay al otro lado de la puerta.Este lugar es la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital. Un punto del universo en el que se masca el regusto metálico de la vida atravesada por el miedo. En el que se palpa, físicamente, psicológicamente, espiritualmente, la inminencia de una tragedia hasta ese momento inconcebible. Donde uno se asoma sin arnés al precipicio.El primer día que se pasa entre sus cuatro paredes queda en la memoria como un baile de sombras, como unos esbozos sin definición. De brazos que rodean cuerpos, de manos que alcanzan pañuelos. De hombros que se sacuden en sollozos y piernas que ceden sobre asientos de poliuretano.Con el paso de los días y las semanas, aquella sala empieza a adquirir más definición. Caras particulares, sonrisas, confidencias. Pero igual que aquel primer día, sigue conteniendo silencios. Y preguntas sin hacer por miedo a no poder soportar la respuesta. Y miradas a medio enfocar, por temor a la imagen que devolverá la realidad. Y plegarias por atender, que se repiten una y otra vez como una letanía sin aparente fin.Noticia relacionada No No EN MODO AVIÓN Sostener la oscuridad Helena FarréSin embargo, la sala de espera de una UCI es un lugar en el que la vida se concreta.  Donde, a pesar de todo, del miedo y del enfado, casi de forma involuntaria, se impone eso que Emily Dickinson describió como una cosa con plumas «que se posa en el alma, / y entona melodías sin palabras, / y no se detiene para nada». Donde, a pesar de todo, del cansancio y de la impotencia, surge eso que Julio Cortázar definió como el único sentimiento que no es nuestro, sino que le pertenece a la vida porque es la vida misma defendiéndose.Donde, a pesar de todo, a pesar del desconsuelo, emerge la esperanza como un hilo brillante que resplandece en medio de la noche. Que no ilumina un destino, pero sí alumbra un punto en el que descansar un corazón que aguarda y que susurra una y otra vez la secreta convicción de que todo irá a mejor. O de que todo, al menos, acabará teniendo algún sentido.

Hay un lugar en el que el tiempo anda más despacio. En el que el clima exterior no tiene ninguna repercusión sobre la temperatura interior, porque siempre hace frío. Donde los sucesos «de fuera» no penetran, porque no tienen ni trascendencia ni interés. Donde ... lo único que importa es lo que hay al otro lado de la puerta.

Este lugar es la sala de espera de la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital. Un punto del universo en el que se masca el regusto metálico de la vida atravesada por el miedo. En el que se palpa, físicamente, psicológicamente, espiritualmente, la inminencia de una tragedia hasta ese momento inconcebible. Donde uno se asoma sin arnés al precipicio.

El primer día que se pasa entre sus cuatro paredes queda en la memoria como un baile de sombras, como unos esbozos sin definición. De brazos que rodean cuerpos, de manos que alcanzan pañuelos. De hombros que se sacuden en sollozos y piernas que ceden sobre asientos de poliuretano.

Con el paso de los días y las semanas, aquella sala empieza a adquirir más definición. Caras particulares, sonrisas, confidencias. Pero igual que aquel primer día, sigue conteniendo silencios. Y preguntas sin hacer por miedo a no poder soportar la respuesta. Y miradas a medio enfocar, por temor a la imagen que devolverá la realidad. Y plegarias por atender, que se repiten una y otra vez como una letanía sin aparente fin.

Sin embargo, la sala de espera de una UCI es un lugar en el que la vida se concreta. 

Donde, a pesar de todo, del miedo y del enfado, casi de forma involuntaria, se impone eso que Emily Dickinson describió como una cosa con plumas «que se posa en el alma, / y entona melodías sin palabras, / y no se detiene para nada».

Donde, a pesar de todo, del cansancio y de la impotencia, surge eso que Julio Cortázar definió como el único sentimiento que no es nuestro, sino que le pertenece a la vida porque es la vida misma defendiéndose.

Donde, a pesar de todo, a pesar del desconsuelo, emerge la esperanza como un hilo brillante que resplandece en medio de la noche. Que no ilumina un destino, pero sí alumbra un punto en el que descansar un corazón que aguarda y que susurra una y otra vez la secreta convicción de que todo irá a mejor. O de que todo, al menos, acabará teniendo algún sentido.

Hacienda permitirá desgravar el seguro de vida en la declaración de la Renta en cuatro situaciones

Seis policías reducen a un hombre bajo los posibles efectos de la droga caníbal

Alerta por el 'reto del paracetamol' en menores: el daño hepático puede ser muy grave

El error más frecuente que cometes al lavarte los dientes: puede subirte la tensión

La crema de Mercadona elegida la mejor por la OCU que se ha hecho viral

Jorge Bustos: «Dos escritores famosos leyeron su propia muerte»

Entradas Emociones: Espectáculo Flamenco en Madrid

Entrada doble ARCOmadrid 2026 + 2 agendas

Los grandes títulos de la zarzuela y óperas imprescindibles

Entradas Anuga la pequeña tortuga en el Teatro Teseo

Entradas Puta Cómica: En busca de público

Las 15 mejores ofertas de hoy (27 de febrero) en Amazon: hasta un 43% en Samsung, Levi's y más

Vicente Vallés deja en evidencia a Javier Ruiz y RTVE por una falsa exclusiva sobre los audios del 23F: «Se emitieron hace casi 30 años»

Sorteo de la Champions en directo: peligro para Madrid, Barça y Atlético

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Fuente original: Leer en ABC - Cultura
Compartir