- JORGE SICILIA BBVA Research
A las perturbaciones de oferta se las combate con políticas de oferta en sentido contrario.
Si hace un año las reuniones del Fondo Monetario Internacional en Washington giraban en torno a los aranceles, este año el conflicto en Irán ha eclipsado ese debate. El foco económico está en el bloqueo del estrecho de Ormuz, en la reducción del suministro de crudo y otros productos, y en sus efectos sobre la inflación y el crecimiento.
No regresé de Washington con más capacidad de distinguir la señal del ruido. ¿Es la señal la interrupción de suministros y su impacto sobre precios y actividad? ¿O lo es la tregua, el coste fiscal de la guerra y las elecciones intermedias de EEUU? Con una guerra en curso, el ruido gana peso; más aún dada la estrategia de comunicación de Trump.
El riesgo geopolítico ha aumentado, pero los mercados financieros no parecen incorporar toda la tensión. Para cerrar esa brecha han ganado peso narrativas como la de que existen incentivos para un rápido acuerdo entre Irán y Estados Unidos, o la de que la inteligencia artificial impulsará la productividad. Con ambas se preserva la coherencia entre un entorno de más riesgo y la resistencia de los mercados. Y se resuelve la disonancia cognitiva.
Este comportamiento recuerda que los mercados no solo procesan información, sino también expectativas y narrativas. Es tentador pensar que, como advertía Keynes, pueden permanecer irracionales más tiempo del que un inversor puede permanecer solvente.
Pero esta desconexión puede no ser complaciente. Tal vez no sean el FOMO, el miedo a quedarse fuera, y la enorme liquidez lo que explica esta conducta. Episodios como la invasión rusa de Ucrania o la imposición de aranceles por parte de EEUU tuvieron menos impacto económico global de lo previsto. Esa experiencia pesa. Más que debatir si habrá corrección, en las reuniones en Washington se valoró si sería deseable. La estabilidad de los mercados limita el impacto negativo del conflicto; pero es posible que con Trump una corrección severa sea un incentivo para acelerar la salida del conflicto.
Se habló bastante del dilema de los bancos centrales. La economía encadena shocks de oferta desde hace años. La respuesta tradicional ha sido ignorar las perturbaciones energéticas temporales, aunque esa estrategia pierde eficacia cuando los episodios se repiten y la inflación está por encima del objetivo, especialmente en EEUU, donde los ojos están en la Reserva Federal. Muchos argumentan que no cambiar el paso puede elevar las expectativas de inflación y forzar después subidas de tipos más intensas, lo que encarecería el servicio de una deuda pública ya elevada, cuando el margen fiscal es limitado.
Expectativas
La primera gran prueba de fuego la va a tener el BCE, que no da señales de querer sobrerreaccionar, pese a las expectativas que tiene el mercado de dos o más subidas de tipos este año. La economía global ha mostrado resiliencia frente a las crisis, con un crecimiento sostenido en la diversificación geográfica, un comercio que se reorganiza por regiones, la inversión en tecnología, y una mayor capacidad de ajuste de familias y empresas apoyadas por la política económica.
Por ahora, el BCE puede esperar a ver cómo evoluciona el conflicto con un ojo y cómo van las expectativas de inflación con el otro.
Europa también puede ser resiliente con balances saneados de familias y empresas, un sistema energético diversificado, más gasto en defensa y el impulso de la inmigración al crecimiento.
Su principal desafío es estratégico. La transición energética y tecnológica requiere acceso a minerales críticos y cadenas de suministro en las que Europa tiene mayor dependencia y escasa autonomía. No controla los principales puntos de presión del comercio global ni de la energía, ni convierte las ideas en negocios. A las perturbaciones de oferta se les debe combatir, sobre todo, con políticas de oferta en sentido contrario.
La respuesta europea requiere avanzar en acuerdos comerciales más profundos, completar el mercado único y la unión de mercados de capitales, aumentar la coordinación y el gasto en defensa, reducir barreras regulatorias, y premiar la innovación con beneficios empresariales. Debe convertir, de una vez, el consenso en acción.
Nada de lo que importa de verdad para enfrentar esta crisis le toca hacerlo al BCE. Eso es lo fácil.
Jorge Sicilia, BBVA Research
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