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Política

La segunda semana del juicio de las mascarillas revela el poder omnímodo de Koldo y la influencia de Aldama

La segunda semana del juicio de las mascarillas revela el poder omnímodo de Koldo y la influencia de Aldama
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En pleno Covid, y aprovechando la posición privilegiada de Ábalos, los acusados planearon y ejecutaron el pelotazo Leer

La segunda semana del denominado juicio de las mascarillas en el Tribunal Supremo ha puesto de relieve tanto el poder omnímodo que llegó a tener el ex asesor y asistente de José Luis Ábalos, el investigado Koldo García, como la influencia desplegada por el empresario Víctor de Aldama.

Las sesiones cuarta, quinta y sexta de la vista oral han estado centradas en la compra de material sanitario en el peor momento de la pandemia del Covid, cuando el recuento oficial del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias indicaba que había más de 1.000 fallecidos y más de 10.000 hospitalizados en ese momento por el virus.

En ese contexto de incertidumbre y desazón nacional es cuando, aprovechando la posición privilegiada de Ábalos como ministro de Transportes, secretario de Organización del PSOE y mano derecha del presidente Pedro Sánchez, los tres acusados planearon y ejecutaron el pelotazo de las mascarillas de 36 millones de euros: 12 millones adjudicados a Puertos del Estado y 24 millones a Adif.

El poder casi absoluto que tenía el asesor del ex ministro Ábalos lo confirmó durante su declaración el entonces subsecretario de Estado de Transportes, Jesús Manuel Gómez: «El 19 de marzo no teníamos ninguna oferta, estábamos decidiendo qué calidad de mascarillas se iban a comprar. El día 20, hacia las 2 de la tarde, Koldo vino a mi despacho con la oferta de Soluciones de Gestión. Yo la escaneé y pedí a mi equipo que se la enviara a Puertos del Estado», recalcó.

Koldo, tras Sánchez, Cerdán y Ábalos, en la icónica imagen del 'clan del Peugeot'.E. M.

Esa oferta inicial era de cuatro millones de mascarillas hasta que recibe una orden de Koldo. «Ocho millones o nada», le dijo el asistente de Ábalos y, tan sólo 38 minutos después, el ministro firmó la orden por esa cuantía. Gómez, que se encuentra investigado en la Audiencia Nacional, manifestó que Koldo le dijo que «firmáramos una nueva orden por ocho millones». «Entendí que me transmitía la decisión final del ministro y por eso el ministro luego firma la orden», agregó.

Asimismo, sobre el perfil del ex asesor se pronunció la ex presidenta de Adif Isabel Pardo de Vera, también imputada en la Audiencia. Pardo de Vera dijo que Koldo García era «peculiar», lo que le llevó a pensar que era mejor despachar con él directamente en vez de que lo hiciese su equipo en Adif. «Manejaba la agenda del ministro. Agendaba las citas. Era el interlocutor natural para hablar con el ministro», indicó.

Aldama "entraba y salía del Ministerio sin que nadie le dijera nada"

Sobre el empresario Víctor de Aldama, sus respuestas reflejaron con igual intensidad dos cosas: aparente desconocimiento y gran sorpresa. «No lo conozco y no sé a qué se dedica», afirmó, rechazando que hubiera estado con ella en su propio despacho de Adif junto a un constructor. «En mi despacho no ha estado nunca. No sé qué tema podría tratar conmigo», abundó Pardo de Vera.

En cuanto a la sorpresa, reflejó la relevancia que Víctor de Aldama había cobrado en el ministerio. Estaba siempre «en la planta noble», donde parecía manejarse sin los controles que la propia presidenta de Adif -sonó algo a celos- tenía que pasar. Incluso llegó a ver a Aldama y Koldo «en el despacho del ministro cuando él no estaba allí».

Al final, se quejó a Ábalos, con quien tenía confianza. «Le conté que me preocupaba que muchas veces estuviera allí el señor Aldama, porque no entendía su papel allí. Eso chocaba a los funcionarios. Me respondió que por supuesto no era normal y que tomaba nota. A partir de esa fecha no lo volví a ver en el ministerio. No me dio explicación. Lo achacó a que era amigo de Koldo y que Koldo era de esa manera».

Para el ex secretario general de Puertos del Estado Álvaro Sánchez Manzanares, durante la negociación de la compra del material sanitario, el comisionista Víctor de Aldama «estaba en la parte del ministerio. Estaba en estrecha relación con el ministerio».

En idéntica línea declaró, con gran ímpetu, un subteniente de la Guardia Civil que en esa época estaba en Nuevos Ministerios. Fue propuesto por las defensas como testigo de descargo, pero acabó siendo de cargo. Allí había tres ministerios, y en el de Transportes Aldama era alguien muy especial. Cogía ascensores reservados y aparcaba en la zona vip. «Entraba y salía sin que nadie le dijera nada. Unas veces entraba por la mañana, otras por la tarde, otras por la mañana y por la tarde. Usaba el estacionamiento de autoridades. Es el único caso que conozco que, no perteneciendo al ministerio, tenía acceso. Subía y entraba sin pedir permiso a nadie», afirmó José Luis Rodríguez García.

El testigo habló también de Koldo, tanto para elogiarlo -«Muy cordial, muy respetuoso y amable»- como para dejar clara su ubicuidad: «Me pareció una persona absolutamente estresada, muy volcada en su trabajo».

Por otro lado, durante la segunda semana de juicio en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo, también testificó la ex pareja de Koldo, imputada por el juez Ismael Moreno por blanqueo de capitales. Patricia Úriz fue colocada como secretaria de Ábalos en el Ministerio. «Antes de las elecciones estaba nerviosa, porque si no salía el Partido Socialista perdía el trabajo y tenía que volver a Pamplona y nos teníamos que separar. Al final suponía que nos teníamos que volver a Madrid», confesó.

Aseguró que una de sus funciones era «adelantar» dinero para la compra de cuestiones diversas relacionadas con el ex titular de Transportes. Sin embargo, la memoria le falló, ya que, según declaró, «no recuerda» los mensajes de WhatsApp que le envió con los términos «chistorras», «soles» y «lechugas». Las «chistorras» eran los billetes de 500 euros, según las conversaciones intervenidas en sus dispositivos telefónicos por la UCO. Los «soles» eran los billetes de 200 euros, mientras que las «lechugas» eran los de 100 euros. «Porque los señores de la UCO han dicho que estaban en mi móvil. Si no, hubiera pensado que no», concluyó.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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