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La segunda vida de la cocina rural

La segunda vida de la cocina rural
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SR. GARCÍA UN COMINO La segunda vida de la cocina rural

Benjamín Lana

Sábado, 14 de marzo 2026, 01:00

... singularidad y utilidad social me ratifico en esta idea. En menos de una década han logrado garantizar su propia existencia, encontrarse, hacerse visibles y extenderse por toda la geografía, no pocas veces con ayuda del contagio mutuo.

El movimiento celebra la semana próxima en Gran Canaria Terrae, su cuarto encuentro con una agenda de trabajo y de vocación de reforzar lazos más que interesante. Por primera vez con la necesidad de dar otro paso adelante, tal y como yo lo veo. Han ganado la batalla de la visibilidad, pero de alguna manera se enfrentan a la de la responsabilidad. ¿Qué deben hacer con el poder simbólico y hasta de influencia que han logrado? Que nadie dude que lo tienen. Hasta el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación les ha otorgado el premio extraordinario Alimentos de España. «Los cocineros rurales representan un modelo ejemplar de colaboración entre cocina y territorio, ya que trabajan estrechamente con productores locales y ponen en valor los alimentos de proximidad. Su actividad impulsa la sostenibilidad del sistema alimentario, preserva el patrimonio gastronómico y fortalece el tejido económico rural. Además, la labor de este colectivo contribuye al arraigo poblacional y a la generación de empleo en zonas despobladas», dice el jurado. No es moco de pavo.

Incógnitas

¿Y ahora? ¿Ahora que algunos de los pioneros de este grupo aparecen nombrados en las guías y listas de mejores restaurantes de España? ¿Cómo sigue la película después de ganar la estrella Michelin y o la estrella verde? ¿Deben continuar por la misma senda o corren el riesgo de tener una bonita carrocería y quedarse sin motor? No hay duda que el movimiento organizado en torno a Terrae les permitió conocerse, compartir problemas y vivencias, construir un relato común y hasta fortalecer ideológicamente su propio discurso. Se dotaron de símbolos, aprobaron manifiestos y hasta eligieron a su alcalde.

Su mera existencia y resistencia es ya una gran noticia. Que hayan sido capaces de consolidarse, de progresar y de ofrecer empleo en sus comunidades y visibilidad a sus realidades es mucho más de lo que la mayoría de las personas logramos aportar de vuelta a nuestros vecinos. Sin embargo, a lo mejor porque aparecieron desde lo pequeño como una ilusionante realidad alternativa, algunos pensamos que todavía podrían ir un poco más allá. Los necesitamos. Deseamos que sus problemas cotidianos no terminen diluyendo toda esa energía que se genera cuando se juntan y que se afloja en cuanto cada uno vuelve a su restaurante, a su falta de tiempo -los días también son demasiado cortos en el rural-, a sus problemas, a enfrentarse con el aumento de costes, las dificultades para conseguir personal y evitar el desgaste.

Quizás es pedirles demasiado y es muy fácil escribir estas líneas, pero a lo mejor no. Ellos son emprendedores y resilientes y están acostumbrados a no cejar. Ya decía su paisana Santa Teresa que «la paciencia todo lo alcanza» y quizás sea tiempo de perseverar... pero cambiando el cartucho para que la posta se abra.

Los cocineros rurales tienen hoy un gran activo. Tienen legitimidad para hablar de despoblación, de paisaje, de biodiversidad, de agricultura local y de cultura popular. En su conjunto, mucho más que cualquier otro colectivo. ¿Puede acaso ser el momento de abrir una segunda fase donde el movimiento acoja algo más allá que los restaurantes, en su propia esencia una estructura pequeña, frágil y absorbente? ¿Deberían conducirse hacia un espacio que sobrepase los límites de sus casas y convertirse en una plataforma cultural del territorio? Bajando a lo concreto, ¿sería posible y beneficioso fortalecer el corpus e incluir en todo o en parte a artesanos, científicos rurales, antropólogos, panaderos, queseros, agricultores jóvenes? Yo creo que ellos podrían ser la punta de lanza en una alianza del mundo rural contemporáneo, dado que la cocina, los alimentos y su producción son el sustento nuclear actual de ese mundo y los cocineros su más rama más escuchada por el resto de la sociedad.

Quizás se deban estudiar otros caminos diferentes a este que ahora planteo a modo de provocación... o ninguno. Quizás sea mejor seguir siendo una hermosa comunidad de afinidades que se retroalimentan, que bastante han hecho ya por todos nosotros.

Que nadie lea este artículo como una crítica. Lo que yo observo no es una falta de compromiso ni de voluntad, sino de tiempo y estructura. Los cocineros de los pueblos han sido el altavoz de nueva generación que nació del rural. Quizás ahora se pueda caminar otro paso hacia una alianza rural civil más amplia, siempre y cuando consigan evitar, como lo han logrado hasta ahora, la infiltración de la política partidista.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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