ESPAÑA 2 - 1 BÉLGICA
La selección saca España a la calleLa afición vibró como nunca con el gol de Merino ante Bélgica, que da el pase a unas semifinales de un Mundial 16 años después
Regala esta noticia Añádenos en Google Aficionados españoles en la madrileña Plaza de Colón. (EFE)Ángel Bueno
Madrid
10/07/2026 Actualizado a las 23:41h.La selección juega en Los Ángeles, pero este viernes también lo hace en toda la geografía española, como en el corazón de Madrid. Miles de ... personas comenzaron a reunirse desde horas antes en la Plaza de Colón, convertida durante el Mundial en Plaza Selección, para vivir juntos los cuartos de final ante Bélgica. Familias enteras, grupos de amigos, turistas y aficionados llegados de distintos puntos de la capital fueron ocupando poco a poco el recinto hasta teñirlo de rojo.
Poco antes del inicio apareció en las pantallas un mensaje grabado de Luis de la Fuente para los aficionados congregados en Colón. «Queremos hacer algo grande. Muchas gracias por vuestro apoyo. ¡Vamos España!», lanzó el seleccionador. Después llegaron los himnos y los primeros cánticos de una afición que convirtió el centro de Madrid en una pequeña grada al aire libre.
El encuentro, sin embargo, tardó en encender a la plaza. España dominaba, pero las ocasiones apenas aparecían y el público seguía el partido con más expectación que pasión. Todo cambió pasada la media hora. El gol de Fabián Ruiz desató la locura. Miles de personas saltaron, gritaron y se abrazaron sin importar si se conocían o no. Volaron gorras y vasos mientras el ya clásico «lo, lo, lo» de Seven Nation Army recorría el recinto. Durante unos minutos, cada ataque español levantó a la multitud.
El golpe llegó poco después. El empate de Bélgica silenció de golpe una plaza que apenas unos minutos antes celebraba. La sorpresa se apoderó del ambiente y muchos se quedaron inmóviles mirando la pantalla. «No pasa nada, estamos bien», intentaba convencer un aficionado a quienes tenía alrededor. Con el descanso, la gente aprovechó para acercarse a las barras, buscar algo de comida o sentarse unos minutos mientras la música volvía a sonar. Colón había pasado de la euforia al silencio en apenas diez minutos, pero todavía quedaba toda una segunda parte por delante.
La reanudación llegó acompañada de un contratiempo inesperado. Antes de que comenzara la segunda parte, la organización anunció por megafonía que un problema técnico impedía ofrecer la señal del encuentro. Las caras de incredulidad se extendieron por el recinto y durante varios minutos miles de personas esperaron pendientes de la pantalla. La imagen regresó con el partido ya avanzado y la recuperación de la señal fue recibida con una ovación.
Newsletter
Aficionados belgas en Bruselas. (Ricard López)Decepción en Bruselas
Era una tarde histórica para Bélgica. Un país que tan solo ha llegado tres veces a cuartos de final de esta competición buscaba evocar aquel partido en Rusia 2018 que llevó a los Diablos Rojos a semifinales. Según informa Ricard López , la impresionante multitud que se acercó a la pantalla gigante en el Parque Wonvendael, en el adinerado municipio de Uccle (sur de Bruselas), compartía consignas: «Tenemos algunas armas para ganar a España, pero ya no somos los de hace ocho años», «esta vez nos veremos obligados a ceder el balón» y «hay que confiar en Courtois y ser eficaces» fueron las declaraciones de tres belgas que hacían cola para pedir cerveza. Una cultura, la de la birra belga, declarada en 2016 patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO.
En Bruselas viven en torno a 85.000 españoles, según datos del Ministerio de Exteriores, pero apenas se veían camisetas de España en la previa, y eso que la camiseta pasaría desapercibida con facilidad, pues comparte colores. ¿Sería por miedo? Uno de los pocos atrevidos, comentó: «De momento no me han dicho nada, pero ya veremos cuando marquemos…».
Se respetó el himno español, con alguna rojigualda asomando a lo lejos, queriendo hacerse notar entre la muchedumbre arenosa, y también el minuto se silencio por las víctimas del incendio en Almería.
Tampoco fue una marea demasiado animada, casi durmiente hasta el primer regate de Doku, que despertó los primeros «allez, allez». De Lamine Yamal es común oír que es temido en todo el mundo -términos futbolísticos- pero rara vez se para uno a pensar lo que abarca esta oración abarca. Es bastante literal. La primera falta recibida por la estrella culé se respondió con un compenetrado -y tan universal- gesto de «levanta, levanta». Y con cada uno de sus intentos lejanos de trallazo se soltaban onomatopeyas que, aunque diversas, compartían significado: el temor a un jugador cuya virtud es ya conocida en todos los continentes.
Anotó Fabián, pero el empate de De Ketelaere desató la locura y el vuelo de latas de patrimonios inmateriales de la humanidad. Nadie hasta las 21 horas y 45 minutos de la noche había podido marcar un gol a España en este Mundial americano. Tridente al aire, el descanso adquirió, entonces, ambiente de fiesta de música electrónica. Debe de ser algo natural en este país habituado a acoger Tomorrowland, uno de los festivales de 'tecno' más importantes del mundo.
Tras el furor del descanso volvió un silencio murmurante que solo conseguían cortar las carreras de Doku y la aparición en pantalla de Witsel, uno de los pilares de la próspera Bélgica de 2018. El cambio de Courtois por molestias apenó pero no derrumbó. Fue una reacción más fría de lo esperado, pues todo el mundo estaba hipnotizado por el hecho de que quedara un cuarto de hora y un gol les pudiera catapultar a unas semifinales con su vecino por el sur, Francia.
El asedio de España en la segunda parte llevó a celebrar cada saque de banda, cada despeje y hasta la amarilla vista por De Bruyne por una dura entrada a Ferran Torres. Pero el tanto de Merino llegó para matar todos los sueños. El anuncio de siete minutos de alargue y la heroicidad de Laporte sobre línea de gol no fueron más que los últimos momentos de esperanza antes de la caída. «Qué cruel», le decía inmediatamente un hombre a su pareja. Un niño lloraba pero se esforzaba en taparse la cara con las manos. Para que nadie le viera. Como si nadie lo hubiera vivido antes. Y la pregunta que a partir de hoy y al menos por unos meses centrará tertulias en estas tierras será: ¿hubiera evitado Courtois ese balón muerto?