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La senadora de Idaho que pidió mano dura migratoria y hundió su negocio familiar: el 90% de los trabajadores son migrantes

La senadora de Idaho que pidió mano dura migratoria y hundió su negocio familiar: el 90% de los trabajadores son migrantes
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La granja familiar que también financia su carrera política ha sido boicoteada en un estado que necesita la mano de obra migrante para sobrevivir. Más información: Las teorías de la conspiración se vuelven contra Trump: 1 de cada 4 estadounidenses cree que el último atentado fue un montaje

La senadora Glenneda Zuiderveld. Gage Skidmore/Flickr

EEUU La senadora de Idaho que pidió mano dura migratoria y hundió su negocio familiar: el 90% de los trabajadores son migrantes

La granja familiar que también financia su carrera política ha sido boicoteada en un estado que necesita la mano de obra migrante para sobrevivir.

Más información: Las teorías de la conspiración se vuelven contra Trump: 1 de cada 4 estadounidenses cree que el último atentado fue un montaje

Denver Publicada 1 junio 2026 01:43h Las claves

Las claves Generado con IA

En el sur de Idaho, en el oeste americano, la frontera con México queda a más de mil kilómetros de carreteras, desierto y montañas. Pero la guerra migratoria ha llegado igual. No como patrulla, redada ni muro, sino como una llamada a un proveedor de granjas lecheras.

En Magic Valley, una de las regiones agrícolas más conservadoras de Estados Unidos, muchos votantes quieren mano dura contra la inmigración ilegal. Pero las vacas, mientras tanto, necesitan seguir ordeñándose todos los días, con frío, barro y turnos que casi ningún trabajador local quiere hacer.

Tom Zuiderveld lleva años vendiendo aceite sintético a explotaciones lecheras de la zona. Cuando tres de ellas rompieron con él, no fue por el producto ni por el servicio. Fue por la política de su mujer, Glenneda Zuiderveld, senadora republicana estatal y defensora de endurecer las leyes contra la inmigración ilegal.

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Aquellas cuentas suponían el 80% de los ingresos familiares, aproximadamente 125.000 dólares anuales.

La factura llega a casa

Glenneda creció en Magic Valley y nunca pensó que la gente de su propio valle pudiera darle la espalda. Llegó de niña, hija de agricultores de la patata. Se casó con Tom, criado en una familia vinculada al sector lechero, y construyó su vida en esa red de granjas, iglesias y negocios familiares que sostiene buena parte de la América rural.

La industria lechera, para ellos, no era un decorado de campaña. Era su modo de vida. Tom trabajó durante años recortando pezuñas de vacas antes de vender lubricantes a explotaciones de la zona. Ella pasó por oficinas del sector, donde, según cuenta, nunca ocultó lo que pensaba de los trabajadores sin papeles. También dice que allí hizo amistad con empleados latinos, a los que describe como gente "muy familiar".

Tom Zuiderveld lo califica de “emboscada”. Según su versión, nadie le avisó antes ni le dio oportunidad de explicarse. Los ganaderos que rompieron con él lo ven de otra manera. Arie Roeloffs, dueño de Riverbend Dairy, defiende que en un país libre cada empresario puede decidir con quién trabaja.

Y añade un matiz importante: Tom no es un marido ajeno a la carrera política de Glenneda. Es el tesorero de su campaña y la respalda públicamente.

Idaho State Senator Glenneda Zuiderveld campaigned on "enforcement first" and pushed legislation to crack down on the very immigrant workers that power Idaho’s dairy industry.
She didn't think the consequences would ever reach her own dinner table. She was wrong .In a massive… pic.twitter.com/xLinwr4ZvF

— James Tate (@JamesTate121) May 7, 2026

La senadora no se presenta como una enemiga del campo. Al contrario, se pregunta por qué querría destruir la industria que sostiene su propio modo de vida. Pero sostiene que muchos vecinos están cansados de la inmigración ilegal y de que se pida compasión para trabajadores sin permiso legal de trabajo o para empleadores que, en su opinión, se benefician de ese sistema.

Ella cree que la han castigado por decirlo en alto. Una de las familias que hasta hace poco compartía iglesia con los Zuiderveld ha dejado ahora de comprar al negocio de Tom. La pérdida de clientes es también una expulsión simbólica de un mundo que ellos consideraban suyo.

La derecha rural contra sí misma

El caso Zuiderveld ha estallado en un momento especialmente delicado para el Partido Republicano de Idaho. No enfrenta a conservadores contra progresistas, sino a dos derechas que hasta hace poco convivían en el mismo paisaje: la derecha ideológica que exige aplicar la mano dura migratoria hasta el final y la derecha agrícola que sabe que, si esa doctrina se cumple sin matices, muchas granjas se quedan sin trabajadores.

En Magic Valley, la industria lechera no es un lobby lejano ni una estadística estatal. Es el trabajo, la tierra, las plantas de procesamiento, los proveedores, los camiones que entran y salen de las explotaciones y los turnos que empiezan antes de que amanezca.

La asociación de ganaderos lecheros de Idaho calcula que sus miembros emplean a unas 4.500 personas; el 90% son inmigrantes y muchos no tienen permiso legal de trabajo. No porque las granjas lo vendan como una virtud, sino porque llevan años diciendo que no encuentran suficientes trabajadores locales o con autorización dispuestos a hacer ese trabajo.

Por eso las propuestas migratorias que en otros lugares suenan a orden y control allí se leen como una amenaza directa al negocio. Los ganaderos se han opuesto a medidas como obligar a las empresas a usar E-Verify, el sistema federal para comprobar la documentación de los nuevos empleados.

Su argumento es práctico: si Washington no crea una vía legal para contratar trabajadores durante todo el año, Idaho no puede resolver el problema convirtiendo a sus empresarios en policías migratorios.

Rick Naerebout, director de la Asociación de Ganaderos Lecheros de Idaho, cree que el estado está ante un punto de inflexión. Le inquieta ver a republicanos abiertamente enfrentados con los agricultores, algo que hasta hace poco habría resultado casi impensable en una zona así.

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La pregunta que se hacen en el sector ya no es solo qué hacer con los trabajadores sin papeles, sino qué tipo de Partido Republicano va a gobernar Idaho: uno dispuesto a moderar la doctrina cuando choca con la economía local o uno que prefiere tensarla, aunque el golpe llegue a sus propios votantes.

Mientras tanto, Glenneda Zuiderveld se mantiene firme. Dice que sabía que sus posiciones podían terminar afectando a los ingresos familiares. Defiende algún tipo de programa de patrocinio para trabajadores extranjeros, pero con una sanción, con "alguna forma de justicia". Tom piensa igual. Si las granjas necesitan empleados sin papeles, sostiene, eso no cambia lo esencial: están rompiendo la ley.

Mientras ella recorre el distrito en campaña, en casa viven en parte de sus ahorros. Tom ha perdido otro cliente más. Glenneda confía en conservar su escaño. La pregunta es a qué precio. “Puede que gane las elecciones, pero habremos perdido nuestra casa”, concluye.

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    Fuente original: Leer en El Español
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