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Laura García Lorca, posa en un espacio de la Feria de ARCO en Madrid. José Ramón LadraLaura García Lorca de los Ríos
Presidenta de la Fundación Federico García Lorca «La sepultura de Lorca es el campo donde lo fusilaron»Este año se cumple el 90 aniversario del fusilamiento de Federico y el lugar donde reposa su cuerpo continúa siendo el gran enigma de la Guerra Civil. Su sobrina sale al paso de bulos. «Si tuviéramos sus restos lo diríamos»
Madrid
Sábado, 21 de marzo 2026, 18:24
... obra de su tío, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, fusilado en Granada en 1936 (en agosto se cumplirá el 90 aniversario). Nacida en Estados Unidos en el seno de una familia marcada por el exilio tras la Guerra Civil, Laura estudió arte dramático en Nueva York y Literatura española e italiana en la Universidad de Cambridge, y durante un tiempo exploró caminos profesionales muy distintos: fue actriz, productora teatral y trabajó en la edición española de Vogue. En 1995 se instaló definitivamente en Granada para asumir la dirección de la Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia Lorca y uno de los lugares más íntimamente ligados a la vida del poeta. Desde entonces se ha convertido en una de las principales guardianas de su legado. Hoy es presidenta de la Fundación Federico García Lorca y directora de programación del Centro Lorca de Granada, instituciones desde las que impulsa proyectos culturales, investigaciones y actividades destinadas a mantener viva la figura de su tío, al que siempre se refiere como Lorca.–Hace unos meses apareció una imagen de Lorca sonriendo y saludando desde la ventana trasera de una camioneta de La Barraca. ¿Le emocionó?
–La vi, pero prefiero no comentarla demasiado porque no la tengo muy clara. Para mí la imagen más impresionante de Lorca en movimiento sigue siendo la que ya conocíamos de la película que rodó Gonzalo Menéndez-Pidal en 1932 sobre La Barraca. En esa escena aparece interpretando el papel de Sombra en 'La vida es sueño', debajo de un velo, y se le distingue la cara. Ahora se ha restaurado y se ve aún mejor.
–Noventa años después de su fusilamiento, Lorca es admirado en todo el mundo. ¿Ese es su gran triunfo?
–Sí, cada vez se le conoce más y percibo un interés creciente. En los últimos años veo una presencia muy fuerte de la figura de Lorca entre lectores, espectadores y artistas. Hay un diálogo muy vivo con su obra: el teatro, la poesía, la música, las cartas e incluso los dibujos, que ahora se estudian más. Estamos en un momento en el que Lorca está especialmente vivo en el arte y en la sociedad.
–¿Cree que él imaginó en vida la dimensión que tendría su figura?
–De alguna manera sí. Era muy consciente de su talento y de la fuerza de su obra, que también se manifestaba en su personalidad. Mi tía Isabel (la hermana pequeña de Lorca) me contaba que cuando vivían en la Huerta de San Vicente él salía mucho por las noches con amigos, luego se quedaba escribiendo y se levantaba tarde, a la hora de comer. Mi abuela lo regañaba porque decía que estaba siempre en la calle y en boca de todos. Y un día él le respondió: «¿Crees que hablan mucho de mí? Vas a ver lo que van a hablar. Voy a salir hasta en los papeles de los caramelos». Lo decía porque entonces había unos caramelos muy famosos que se llamaban Espronceda. Así que él ya lo intuía. Pero además vivió el éxito en vida: a partir de 1927 ya era muy reconocido, y el viaje a Argentina y Uruguay fue apoteósico. Decía que lo saludaban por la calle como si fuera un torero.
La voz, un tesoro por encontrar
–Le confesaré una cosa, el año pasado estuve en Islandia a la caza de auroras boreales. Hizo mal tiempo y no vi ninguna, pero en el Teatro Nacional, en Reikiavik, representaban 'Yerma'. Entré y estaba lleno. Lorca en islandés tiene su aquel...
–Eso es exactamente la universalidad de Lorca. Me emociona mucho pensar que su obra puede conmover tanto en Granada como en Islandia. Esa capacidad de llegar a públicos tan distintos es algo extraordinario.
–En agosto se cumplirán 90 años de su fusilamiento. En la España actual hay discursos que relativizan la dictadura o cuestionan la memoria histórica. ¿Qué cree que diría Lorca ante eso?
–Prefiero no especular sobre lo que pensaría. No tengo derecho a hacerlo. Pero sí creo que vería un país que tiene mucho que ver con la España de libertad y democracia que él soñaba.
–¿Queda por descubrir algún texto inédito de Lorca: cartas, conferencias, quizá alguna obra?
–Alguna carta aparece de vez en cuando, pero no creo que quede nada gordo que no conozcamos.
–Hay algo que nunca hemos escuchado: su voz.
–Sería maravilloso encontrarla. En Argentina le hicieron varias entrevistas radiofónicas y hay archivos con montañas de cintas antiguas. El problema es que en aquella época las cintas se reutilizaban constantemente. Para encontrar su voz haría falta casi un ejército de investigadores y un golpe de suerte. A mí me haría muchísima ilusión porque la voz es algo muy vivo de una persona.
–¿Cómo se la imagina?
–Dicen que tenía una voz bastante grave. Supongo que se parecería a la de mi padre (Francisco, cuatro años menor que Federico). Y estoy convencida de que si la escuchara, la reconocería.
–¿Hay algo que le quite el sueño sobre su asesinato?
–Pensar en lo ocurrido y en cómo tuvo que vivirlo es algo terrible.
–¿Le ha dado vueltas a cómo pudo ser su última noche?
–No. Es un sitio al que no quiero ir mentalmente.
–Jorge Guillén decía que cuando estaba Federico «no hacía ni frío ni calor, hacía Federico». ¿Cuándo «hace Federico»?
–Cuando estás a gusto, cuando te sientes vivo. Quienes lo conocieron coincidían en que te hacía sentir mejor, más interesante, incluso más guapo. Tenías ganas de estar con él porque sacaba lo mejor de cada uno.
–Se dice que sus cartas eran maravillosas...
–Totalmente. En ellas se ve la cercanía con sus amigos y su familia. Era una persona muy cariñosa y muy pendiente de los demás, de sus inquietudes. Recuerdo una al pintor Benjamín Palencia, que hizo las primeras escenografías de La Barraca. Le decía algo así como: «Estoy pasando por unos paisajes que me hacen pensar en ti, en tus grises y en tus verdes». Esas palabras muestran cómo tenía presentes a sus amigos incluso cuando viajaba.
«Dejar una flor entre Víznar y Alfacar es dejar una flor en la tumba de Lorca»
–En confianza, ¿existe algún secreto sobre Lorca que la familia prefiera guardar?
–No lo hay. Pero si lo hubiera, tampoco te lo contaría, jajaja.
–Vale, vale, pero ya sabe que todo el mundo parece tener una teoría sobre el paradero de sus restos. Incluso hay quien sostiene que los tiene la familia.
–Eso es un disparate absoluto. No tiene ninguna lógica.
–Y que su abuelo, el padre de Federico, pudo sacar el cuerpo de la fosa al poco tiempo de su muerte.
–Es algo completamente impensable. Estamos hablando del comienzo de la guerra, con fusilamientos diarios. ¿Cómo iba a poder mi abuelo ir a una fosa común y sacar a su hijo en esas circunstancias? ¡Es una locura!
–Perdone por insistir, pero otra teoría dice que, a su regreso del exilio en los años 50, su tía Concha pactó con el franquismo recuperar los restos a cambio de permitir la edición de la obra de Lorca en España.
–Eso es aún más disparatado. ¿Pactar con Franco? ¡Solo faltaba! ¡Es un insulto!
–Entonces, si la familia tuviera los restos lo diría.
–Por supuesto, ¿qué íbamos a hacer escondiendo unos restos? Es que todo es tan absurdo...
–¿Le cansa que le pregunten por este tema?
–Sí.
–Pero sabe que el paradero de los restos de Lorca es uno de los grandes enigmas pendientes de la Guerra Civil...
–Sí, y me parece normalísimo preguntar. Pero para nosotros en términos de memoria histórica pesa más el hecho de que los restos de Federico estén mezclados con otras víctimas de la Guerra Civil. Eso tiene un significado profundo. En esa fosa todos son iguales. Lorca ya está reconocido y celebrado en todo el mundo. Allí es una víctima más y mientras sus restos estén mezclados con los de los demás, él protegerá ese lugar como un cementerio y como una fosa común, y todos permanecerán igualados.
–¿Cómo convive usted con la ausencia de una tumba concreta sobre la que dejar unas flores?
–El campo donde lo fusilaron es su sepultura. Una sepultura más grande. Yo llevo flores a la tumba de mis padres y de mis abuelos, así que entiendo la pregunta. Pero dejar una flor entre Víznar y Alfacar es dejar una flor en la tumba de Lorca.
–Tras décadas de excavaciones que han generado investigaciones, hipótesis y controversias, ¿cree que se debería seguir buscando la fosa de Lorca?
–En absoluto, pero entiendo perfectamente que las familias de otras víctimas quieran encontrar a los suyos. Es un derecho que hay que respetar.
–A su tío lo fusilaron junto al maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Juan Arcollas, si un día apareciera la fosa con los cuatro cuerpos, ¿preferiría dejar allí a Federico?
–Creo que sí. Esa es su sepultura y, además, me parece algo poético.
«Los Rosales lo acogieron en su casa, pasó lo que pasó. No voy a juzgar a nadie y menos al hijo de Luis Rosales, que es mi amigo»
–¿Se han superado definitivamente las tensiones entre la familia García Lorca y la familia Rosales?
–El hijo de Luis Rosales es una persona a la que yo tengo cariño y respeto y mi sentimiento es de amistad. No le echo nada en cara.
–Siempre se ha dicho que Luis Rosales se desvivió por salvar a su amigo Federico...
–Bueno, no sé... lo acogieron en su casa. No quiero especular. Pasó lo que pasó y no voy a juzgar a nadie (se emociona). Y muchísimo menos a su hijo, del que soy amiga.
–¿Y un acto público de reconciliación entre ambas familias?
–No. Convertir esas cosas en un espectáculo me horripila. Hay asuntos que pertenecen a la esfera privada. Para Luis Rosales debió de ser un peso espantoso durante toda su vida, no quiero ni imaginarlo.
–¿Hubo otras personas que intentaron salvar a Lorca?
–Sí. Manuel de Falla fue al Gobierno Civil a pedir que lo salvaran, apelando incluso a su condición de católico y creyente. Pero no sirvió de nada (se emociona).
«Su relación con Rafael Rodríguez Rapún fue intensa y la ruptura, difícil. Dalí y él se quisieron mucho, pero nunca terminó de funcionar»
–¿Por qué cree que mataron a Federico? ¿Por su éxito, por envidia, por su condición sexual?
–Por una mezcla de todas esas cosas. Para los fascistas era insoportable que una persona tan libre tuviera tanta vida, tanta presencia. También obviamente que fuera homosexual y su clara postura a favor de una España progresista, que representaba la República. Se ve que les resultaba insufrible una persona así.
–Su homosexualidad ya no se utiliza para atacarlo. Es una victoria sobre sus asesinos...
–Sí, ha ganado. Y es un alivio.
–¿Cómo fueron sus relaciones sentimentales?
–La más importante fue con Rafael Rodríguez Rapún. Fue una relación intensa y la ruptura fue difícil. Con Salvador Dalí tuvo una relación artística muy fecunda. Se quisieron mucho y se estimularon mutuamente, pero como relación sentimental nunca terminó de funcionar.
–¿Y Juan Ramírez de Lucas, ¿fue su último gran amor?
–Gran amor no sabemos, es un chico con el que tuvo una relación, pero ahí solamente hay una o dos cartas que ya se publicaron en algún momento.
–¿Se conocerán más cartas?
–No tengo ni idea, están en manos de su familia.
–¿Cree que habrá documentos del Estado que, al igual de los del 23-F, se podrían desclasificar para arrojar luz sobre lo que aún se desconoce de Lorca?
–Hicimos una exposición que recoge la historia del Archivo y los comisarios Christopher Maurer, Andrew Anderson y Melissa Dinverno encontraron documentos que hasta entonces no se habían conocido. Ahora en abril se va a inaugurar en la Residencia de Estudiantes, una versión reducida de esa exposición que hicimos en el Centro Lorca.
«Se habría merecido el Nobel»
–El 90 aniversario pone en bandeja acercar a Lorca a los jóvenes, pero su poesía no siempre es fácil. ¿Qué hacer cuando uno la lee y no la entiende?
–Nada, dejarlo que se instale. Seguir y volverlo a leer. Hay cosas que no se entienden, pero se quedan y siempre tienen un eco. Hay como una lengua que estás a punto de entender, pero que todavía no conoces.
–¿Cree que si Lorca hubiera vivido más tiempo habría ganado el Nobel?
–Desde luego se lo habría merecido.
– ¿Hay alguna obra o algún verso de Lorca que le sostienen en la adversidad?
–'El diván del Tamarit' es uno de mis libros favoritos y hay un poema en 'Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín' que lo aprendí con 6 o 7 años cuando ensayaban la obra en la Universidad de Columbia. Al llegar a a casa le dije a mi padre yo quiero leer esas cosas tan bonitas y mi padre cogió las obras completas de Aguilar, lo abrió por una página y dijo, mira aquí lo tienes, lo escribió tu tío Federico.
–¿Se acuerda de esos versos?
–Sí. (y los recita de memoria) 'Amor, amor, que está herido, herido de amor huido, herido muerto de amor. Decid a todos que ha sido el ruiseñor. Bisturí de cuatro filos, garganta rota y olvido. Cógeme la mano, amor, que vengo muy malherido, herido de amor huido. Herido, muerto de amor'. Es una maravilla.
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Laura García Lorca. José Ramón Ladra«El Centro Lorca necesita un apoyo más fuerte»
Laura García Lorca también dirige la programación del Centro Federico García Lorca de Granada, inaugurado en 2015 y que se sostiene mediante un consorcio en el que están el Gobierno, la Junta de Andalucía, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Granada. Cada uno aporta 100.000 euros anuales y el Ministerio de Cultura y la Secretaría de Estado de Memoria Democrática completan el presupuesto. «Necesitamos un apoyo mucho más fuerte por parte de las instituciones, especialmente de la Junta de Andalucía. Para la programación tenemos un presupuesto anual que no llega al millón de euros, es insuficiente, cuando además tiene que haber una actividad permanente de teatro, música, performance, exposiciones, investigación… Con ese presupuesto estamos haciendo mucho, pero necesitamos más. El Centro Picasso de Málaga tiene siete millones. Eso ya dice mucho… muchísimo», ilustra la presidenta de la Fundación, que ya prepara una serie de conciertos, con el Réquiem de Mozart como telón de fondo, para recordar el 90 aniversario de la muerte de Federico.
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