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La sospecha se cierne sobre el doctor S.

La sospecha se cierne sobre el doctor S.
Artículo Completo 2,704 palabras
La Policía aguarda los resultados de las muestras biológicas halladas en su bata para arrojar luz sobre las acusaciones contra este cirujano, investigado ya por agredir sexualmente a tres pacientes sedadas en Murcia

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Crónica negra La sospecha se cierne sobre el doctor S.

La Policía aguarda los resultados de las muestras biológicas halladas en su bata para arrojar luz sobre las acusaciones contra este cirujano, investigado ya por agredir sexualmente a tres pacientes sedadas en Murcia

Raúl Hernández y Alicia Negre

Domingo, 1 de febrero 2026, 07:08

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Son las ocho de la mañana del 4 de diciembre. En el quirófano dos de un conocido hospital privado de Murcia el cirujano David S. se coloca la bata para iniciar una cirugía estética que realiza habitualmente. Una paciente de 52 años se somete esa mañana a una reconstrucción mamaria para la que se aprovechará la grasa que el profesional extraiga a través de una liposucción previa de los muslos. Una intervención que quedó grabada en vídeo y que está bajo la lupa de los investigadores de la Unidad de Familia y Mujer (Ufam) de la Policía Nacional de Murcia. Sospechan que el médico podría haber aprovechado la vulnerabilidad de la mujer, que estaba bajo sedación, para violarla. Una supuesta agresión sexual que ha desatado la polémica y que, barruntan los especialistas, podría no ser la única.

El quirófano en el que el cirujano David S. se desenvuelve esa mañana apenas mide unos metros cuadrados. El facultativo está acompañado de María -nombre ficticio-, una enfermera que se ha convertido en su mano derecha en los últimos meses después de que le ofreciese operar en tándem en ese hospital. La sanitaria asegura a la Policía que aceptó de buen grado la proposición porque consideraba al cirujano «un buen profesional» que trataba correctamente tanto a los profesionales como a los pacientes. El equipo lo completa esa jornada Sara -nombre ficticio-, una auxiliar de enfermería que también ha apoyado en múltiples ocasiones al doctor S. en sus intervenciones.

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El cirujano David S. R.C.

Sara ya prepara el quirófano para poder acometer una operación que el equipo repite habitualmente. La auxiliar sale a recabar el instrumental que le falta mientras observa cómo el médico se encarga personalmente de mover la camilla. Normalmente la cama se encuentra colocada verticalmente, de forma que se aprecia claramente desde la puerta de entrada, pero es habitual que el doctor S. la sitúe de manera horizontal, dificultando esa visión. Un detalle al que, hasta ahora, las trabajadoras no han dado importancia. «Cada cirujano tiene sus formas y manías», remarca la enfermera.

El doctor, como es habitual en su caso -no lo hacen otros especialistas, que optan por la posición decúbito supino-, coloca a la paciente en posición ginecológica, con las piernas elevadas, para comenzar a realizar la liposucción de los muslos. La auxiliar explica a la Policía que en este caso le extrañó sobre todo que el médico dejase al descubierto toda la zona vaginal de la paciente. La trabajadora se dispone a sondar a la mujer cuando el médico le indica que no, que lo hará al acabar la liposucción. El cirujano se introduce entonces entre las piernas de la paciente, como es normal, para poder empezar a retirar la grasa de los muslos con la cánula.

Recreación aproximada del mobiliario del quirófano

Monitor y respirador

Posición en la que debería estar la camilla

Máquina que entorpece la visión del cuerpo del doctor a quien entre por la puerta

Auxiliar

Cirujano investigado

Enfermera

Basura

Mesa grande instrumental

Entrada

Gráfico: L.A.

Recreación aproximada del mobiliario del quirófano

Monitor y respirador

Posición en la que debería estar la camilla

Máquina que entorpece la visión del cuerpo del doctor a quien entre por la puerta

Auxiliar

Cirujano investigado

Enfermera

Basura

Mesa grande instrumental

Entrada

Gráfico: L.A.

Recreación aproximada del mobiliario del quirófano

Posición en la que debería estar la camilla

Monitor y respirador

Máquina que entorpece la visión del cuerpo del doctor a quien entre por la puerta

Auxiliar

Cirujano investigado

Aquí se situaba la cabeza de la paciente

Basura

Enfermera

Mesa pequeña instrumental

Mesa grande instrumental

Entrada

Gráfico: L.A.

Recreación aproximada del mobiliario del quirófano

Posición en la que debería estar la camilla

Monitor y respirador

Máquina que entorpece la visión del cuerpo del doctor a quien entre por la puerta

Auxiliar

Cirujano investigado

Aquí se situaba la cabeza de la paciente

Basura

Mesa pequeña instrumental

Enfermera

Mesa grande instrumental

Entrada

Gráfico: L.A.

María, la enfermera, se afana en ir proporcionando al médico los instrumentos necesarios para la operación. La mayor parte del tiempo está de espaldas al doctor, girándose para ir pasándole los viales. En mitad de su tarea se percata de que Sara, la auxiliar, está mirándola fijamente y haciéndole gestos con los ojos. La advierte de los «movimientos contínuos con la pelvis» que el doctor realiza durante la operación y que interrumpe cuando entra al quirófano el anestesista u otro personal médico. La enfermera explicó que el cirujano le ofreció incluso marcharse a almorzar, algo que le sorprendió dado que había realizado intervenciones más largas con él y nunca le había hecho una oferta similar. La duda comienza a asentar en la cabeza de las dos trabajadoras. La auxiliar saca su móvil y graba un vídeo de 1.54 minutos de duración que se convertirá en una pieza fundamental del caso.

«Movimientos pélvicos inusuales»

La enfermera desenchufa entonces las mangueras de la liposucción pero el doctor sigue alrededor de media hora más entre las piernas de la paciente en un supuesto retoque de la intervención. «A través de la pantalla de la televisión, que estaba apagada, veía reflejado todo. El doctor no paraba de mover la pelvis con la paciente», explicó la enfermera a los agentes de la Ufam. «Estaba incómoda e incrédula. Me pareció surrealista».

La enfermera destacó en su declaración el hecho de que el doctor solicitase lubricante para llevar a cabo la liposucción y que gastase casi todo el vial de este producto que, apuntó la sanitaria, «no es normal ni necesario». Una vez concluida la intervención en los muslos, relató la testigo, el cirujano cogió una gasa grande e hizo el gesto de limpiarle los genitales a la paciente, un detalle que, reconoció la sanitaria, la dejó «paralizada».

«A través de la pantalla del televisor, que estaba apagada, veía reflejado todo. El doctor no paraba de mover la pelvis con la paciente»

María -nombre ficticio-

Enfermera que acompañaba al cirujano durante la intervención

La auxiliar de enfermería explicó, además, a la Policía que cuando acabó la liposucción el médico se ocultó tras una columna, apreciando la enfermera como hacía el gesto de subirse los pantalones del pijama, pudiendo alcanzar incluso a apreciar que llevaba los calzoncillos rojos. La mujer señaló, además, que vio cómo al doctor se le marcaban los genitales más de lo normal.

Los especialistas de la UFAM concretaron, en su informe, tras escudriñar el vídeo grabado por las enfermeras que el cirujano «tiene movimientos desacompasados y descoordinados entre el movimiento del brazo con la cánula y el movimiento de la pelvis hacia las partes genitales de la paciente». Los agentes precisaron que en algún momento el profesional llega incluso a cesar el movimiento del brazo y seguir con el movimiento pélvico, parando estos movimientos pélvicos cuando el sospechoso levanta la cabeza y mira hacia la puerta de entrada al quirófano.

Él defiende su inocencia

Una vez que concluyó la operación, y con la sospecha ganando cada vez más peso, las dos sanitarias se dirigieron, acompañadas por la supervisora de quirófano, al despacho de la directora de enfermería del hospital. «Me dijeron que habían visto algo que no les había gustado», explicó esta testigo. Las sanitarias mostraron a esta profesional el vídeo que habían grabado poco antes en el quirófano. «En un primer visionado, no pude o no quise interpretar lo que estaba viendo, posiblemente por incredulidad», relató la directiva. «En un segundo, fue consciente de que algo ahí estaba pasando y no era lo habitual».

La directora médica y el gerente del centro acudieron a la comisaría de Policía para explicar lo ocurrido y se inició una investigación que derivó poco después en la detención en Alicante del cirujano. En su declaración ante el juez, este profesional, defendido por el abogado Pablo Martínez, descartó que hubiese agredido sexualmente a la víctima y remarcó que esos movimientos pélvicos eran habituales en él.

«Los hago en todas las liposucciones (...) A veces hay que coger posiciones extrañas», remarca. «La gente que me conoce sabe que los hago». El sospechoso vincula esos movimientos con los problemas circulatorios que, asegura, sufre como consecuencia de trabajar muchas horas de pie. Esa prevención de las varices está detrás, asimismo, de las prendas especiales que llevaba puestas en el quirófano y que, según la versión que esgrimió ante el juez, le habrían impedido violar a la paciente.

«Esos movimientos los hago en todas las liposucciones (...) A veces hay que coger posiciones extrañas. La gente que me conoce sabe que los hago»

David S.

Cirujano investigado por la presunta agresión sexual

El cirujano explicó que ese mediodía del 4 de diciembre llevaba puesto un pijama quirúrgico, que se compone de pantalón y camiseta, y debajo su ropa interior y las medias de compresión que, asegura, usa habitualmente. Una prenda que le cubre hasta el vientre -sin bragueta-, y que llegó a mostrar durante su declaración judicial para apuntalar su explicación.

Prendas que llevaba el cirujano según su declaración

Camiseta

Ropa interior

Pantalón

Medias de compresión que cubren hasta el vientre

Prendas que llevaba el cirujano según su declaración

Camiseta

Ropa interior

Pantalón

Medias de compresión que cubren hasta el vientre

Prendas que llevaba el cirujano según su declaración

Camiseta

Ropa interior

Medias de compresión que cubren hasta el vientre

Pantalón

Prendas que llevaba el cirujano según su declaración

Camiseta

Ropa interior

Pantalón

Medias de compresión que cubren hasta el vientre

Su versión no convenció a la jueza que ordenó su ingreso en prisión provisional acusado de un presunto delito de agresión sexual. El temor a que reincidiese fue uno de los argumentos que la magistrada del tribunal de instancia número 4 de Molina de Segura puso encima de la mesa para enviar a la cárcel al facultativo. La existencia de un «riesgo de reiteración delictiva» y la amenaza de una posible fuga –dado que el sospechoso es natural de México– justificaron que la instructora adoptara en este caso una medida cautelar tan gravosa.

Las reticencias de la jueza no eran en vano. Los investigadores de la UFAM ya habían plasmado en su informe la posibilidad de que exista un «potencial número de víctimas» del doctor S. que no hayan interpuesto denuncia al no haber sido conscientes de esos presuntos ataques al encontrarse sedadas. El atestado hace hincapié en que el facultativo «llevó a cabo la presunta agresión sexual, con total impunidad, descaro y delante de otras personas en el quirófano», unos detalles que, entienden los investigadores, podrían ser un indicativo de que no era su primera vez.

Indagan en otra operación el pasado verano

Apenas unos días después de que el doctor S. ingresase en prisión provisional el teléfono de la UFAM volvió a sonar. Otra enfermera que trabajaba habitualmente con este profesional, natural de México y con muchos años de andadura a sus espaldas, había empezado a atar cabos. La sanitaria aseguró a los agentes que durante mucho tiempo había permanecido «en shock» y que la lectura de la noticia en los medios de comunicación la había hecho ser consciente de una supuesta realidad que hasta ahora no se había atrevido a plantearse.

La sanitaria puso sobre la mesa otras dos operaciones, similares a la investigada, en las que ella estuvo presente y en las que, a su entender, podrían haberse producido también presuntas agresiones. La testigo reconoció que el pasado julio ya observó en el médico una actitud durante una operación de liposucción del tren inferior que no había visto con anterioridad. Refirió aspectos muy similares a los que dos sanitarias pusieron sobre la mesa ya en el primer caso, como el hecho de que el doctor cambiase la posición de la camilla y que ésta llevase los genitales al descubierto. «El doctor jadeaba de una manera muy desagradable», rememoró.

El testimonio de esta sanitaria llevó a la Policía a contactar con las dos pacientes protagonistas de esas intervenciones que, lógicamente, refirieron no haber sido conscientes de si eran o no agredidas al estar bajo sedación. Ambas refieren, sin embargo, haber sentido graves molestias vaginales tras la intervención. Los policías interrogaron, además, a familiares de estas dos mujeres, que corroboraron esas molestias. «Cuando mi hija despertó lo primero que dijo fue que le dolían mucho sus partes», refirió la madre de una de las perjudicadas. «Tuvo molestias durante al menos una semana».

Estas dos mujeres se han unido como perjudicadas a un procedimiento que ha dado pie, tras la inhibición del órgano de Molina, a la apertura de dos procedimientos en los tribunales de instancia de Murcia y Orihuela -de acuerdo a la localidad de residencia de las víctimas-. La Policía aguarda ahora el resultado de las pruebas que se están realizando sobre los fluidos corporales que se hallaron en la bata que el médico utilizó durante la primera intervención que está bajo sospecha. Los investigadores hicieron un cribado del material desechable médico que el equipo del hospital había dispuesto en el interior de bolsas de basuras. Usaron luz ultravioleta, que reacciona a los fluidos corporales, y esta dio positivo al iluminar la bata azul del doctor. Del tejido se tomaron muestras que están siendo analizadas. El resultado puede ser clave a la hora de arrojar luz sobre las sospechas que se ciernen sobre el doctor S.

«Si se demuestra la acusación buscaré la máxima pena»

El abogado Raúl Pardo Geijo, que ha asumido la representación de la primera presunta víctima de este caso, ha optado por la cautela. «En este estadio procesal, me resulta imposible pronunciarme acerca de mi tesis acusatoria por encontrarse el cuadro indiciario todavía incompleto», explicó. «Faltan diligencias esenciales por practicar y el vídeo, aunque sugerente, no resulta concluyente, pues no visualiza lo que se ha dado a entender a la opinión pública». El letrado remarca que «existen actuaciones más trascendentes», como la declaración de otra enfermera que trabajó con el investigado y que refiere también sospechas sobre su actuación.

En Derecho Penal es imprescindible actuar con rigor técnico, ajeno a pasiones populistas y así procederé: con firmeza procesal pero respetando los derechos fundamentales del investigado, como desea expresamente mi representada», remarcó Pardo-Geijo. Incidió, no obstante, en que, en caso de existir «una base sólida» para la acusación, buscará « la máxima pena imponible por la extrema gravedad de los hechos y la absoluta frialdad en su perpetración».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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