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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado martes en París junto al mandatario francés, Emmanuel Macron. EFE La tabla de salvaciónEntre líneas ·
Pedro Sánchez recurre a la crisis de Venezuela y a la situación internacional para reforzar su posición en un momento crítico de la legislaturaSan Sebastián
Domingo, 11 de enero 2026, 00:06
... Trump en Venezuela —un movimiento que ha reordenado de forma crítica el tablero geopolítico en América Latina y ha generado desconcierto en el mundo— ofrece al presidente del Gobierno una oportunidad imprevista: proyectarse como actor internacional en un momento de extrema fragilidad interna.El movimiento no es en absoluto aislado. Algo parecido le ocurrió al presidente colombiano Gustavo Petro, que pasó de una retórica bolivariana de resistencia frente a Trump a una conversación telefónica con el propio presidente estadounidense y a una rebaja notoria de la tensión. La secuencia ilustra una constante: la épica ideológica suele durar poco cuando entran en juego intereses estratégicos, comerciales y de seguridad. Sánchez parece haber tomado nota, buscando contrapesos entre principios y pragmatismo.
El presidente encuentra en esta crisis una ventaja política adicional. La decisión de Trump ha dejado descolocada a la derecha, en particular por el arrinconamiento de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, convertidos hasta ahora en eje casi exclusivo del relato opositor sobre Venezuela. El nuevo escenario ha debilitado esa narrativa y ha privado al Partido Popular de una bandera sencilla con la que desgastar al Gobierno.
Interlocutor
Sánchez, en cambio, puede aspirar a un papel de interlocutor fiable entre Bruselas, América Latina y una Washington cada vez más imprevisible. Un papel que encaja con la imagen que lleva años cultivando: la de dirigente europeísta, resistente, resiliente y capaz de convertir crisis externas en oxígeno político interno.
El contraste con Alberto Núñez Feijóo acentúa esta ventaja. El líder del PP no atraviesa su mejor momento tras reconocer ante un juez que no habló con Carlos Mazón, una afirmación que ha abierto grietas en su discurso de control y liderazgo. La escena ha dejado a Feijóo muy expuesto, con un flanco de desgaste vulnerable.
El contexto internacional va a seguir ejerciendo su influencia. Frente a Trump, si la Unión Europea y otros actores internacionales optan por una lógica de apaciguamiento, el problema va a rebasar a Venezuela. Normalizar la intervención unilateral como hecho consumado supone aceptar un precedente muy peligroso que hace saltar por los aires el orden internacional. Sánchez lo sabe, y su margen de maniobra se juega precisamente en ese terreno: evitar que la prudencia desemboque en resignación.
La política exterior vuelve así a funcionar como refugio y como prueba. Sánchez se aferra a la coyuntura internacional como tabla de salvación de un superviviente nato. Pero esta vez no solo está en juego su resistencia política, sino la capacidad de Europa para reaccionar con algo más que cautela ante un mundo cada vez menos previsible.
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