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En 2027, Clase Azul cumplirá 30 años. Para celebrarlo, la marca ultrapremium ha presentado unas exclusivas experiencias inmersivas en un club privado en Ciudad de México y un espectacular complejo en Altos del Jalisco, Guadalajara, donde producen el tequila y sus emblemáticas licoreras.
Hace tres décadas, Arturo Lomelí ya se manejaba en el negocio de los destilados. Nacido en Guadalajara (estado mexicano de Jalisco, cuna del tequila y del mariachi) hace 54 años, había montado una empresa de ponche de granada con tequila, llamada La Pinta, que no funcionó y luego otra de tequila barato que tampoco cuajó. La idea brillante le llegó en 1997 cuando decide crear un tequila ultrapremium y embotellarlo en licoreras de cerámica hechas y pintadas a mano por artesanos mexicanos. "Quería hacer algo único, crear algo que se pudiera reutilizar una vez terminado el tequila", ha explicado Lomelí. La inspiración, según cuenta, le vino de la pata de una mesa gótica que vio en un bar.
Vista de la tienda de Clase Azul en Casa de Leones. Para entrar es necesario reservar previamente.Reposado, el best seller de la tequilera ultrapremium Clase Azul
La primera de estas botellas, concebidas como obras de arte coleccionables, que salió al mercado, ya en el año 2000, fue la de Reposado (tequila añejado ocho meses en barricas de whisky americano). Hoy es su best seller (unos 200 euros, 70 cl), y mantiene los colores originales, licorera blanca con trazos de esmalte cobalto y tapón con forma de campana. "El color azul es por el agave que da vida a nuestros tequilas", explica Luis Rivera, nuestro guía por la historia y la cata de los aguardientes de la casa.
Se refiere al agave azul, una de las 200 especies de esta planta suculenta que se pueden encontrar en México. Tras el exitoso Reposado, llegaron otros productos bajo el paraguas de Iconos (todos elaborados con 100% de agave azul), como Plata (desde 140 euros); Gold, una mezcla de tequila joven y extra añejo envejecido en barricas de bourbon y jerez; Añejo, con más de dos años en barricas de whisky americano (desde 820 euros); y Ultra, añejado cinco años (unos 3.000 euros), y cuya botella está decorada con platino, pintura de oro y etiqueta de plata.
Zona central de Casa de Leones donde se puede tomar un cóctel sentado en el sofá tejido a mano por una comunidad mexicana.Ediciones especiales
El porfolio de Clase Azul se completa con mezcales y ediciones limitadas de tequila, que lanzan desde 2015. Aquí se engloban productos como el del Día de los Muertos (unos 1.350 euros), que cambia cada año; igual que la Pink (2.300 euros), que recauda fondos para ayudar a mujeres con cáncer de pecho; la del 25 Aniversario (4.100 euros) o la que han presentado para el Mundial de Fútbol, de la que se han puesto a la venta 10.000 botellas (unos 1.090 euros). Pero hay muchas más.
Edición especial para el Mundial de Fútbol, de la que se han puesto a la venta 10.000 botellas (unos 1.090 euros).Estilo de vida mexicano
Aunque la palabra marketing parece proscrita en el vocabulario corporativo de la firma, a Lomelí hay que reconocerle su maestría en esta ciencia. Tras el nombre de Clase Azul surge un legado que apela a la cultura mexicana, botellas que son piezas de arte elaboradas y pintadas a mano por artesanos locales; ediciones limitadas, atención coleccionistas; sus icónicas licoreras salen en vídeos de artistas como Bad Bunny o Maluma... Con el 25 aniversario de la firma llegó el turno de los espacios inmersivos, que invitan a celebrar el estilo de vida mexicano, y sumergen al visitante en la herencia y el proceso de elaboración del tequila. Lomelí lo explica muy bien con esta frase: "Clase Azul nunca estuvo destinada a vivir solo en una licorera".
Arturo Lomelí, fundador y CEO de Clase Azul, en la sala de barricas de La Hacienda.Por eso, en 2022, abrieron un espacio en Los Cabos, donde asistir a catas multisensoriales y experiencias gastronómicas. Todo con idea de aumentar esa comunidad de fieles a la marca que cifran en unos 5.000 en todo el mundo, de los que 400 consideran coleccionistas, y 50, supercoleccionistas. Un año más tarde, 2023, le tocó a Nueva York (Estados Unidos es su principal mercado), donde abrieron Clase Azul Loft, un espacio en Brooklyn para eventos, catas y presentaciones.
La visita a Casa de Leones empieza aquí, con la cata guiada de cinco tequilas. Las vidrieras son las originales del edificio.Casa de los Leones, club privado en Ciudad de México
Pero el gran salto lo han dado ahora, con vistas a su 30 aniversario, que tendrá lugar en mayo de 2027. Por un lado está la inauguración de Casa de los Leones, una mansión histórica en el barrio de Polanco, en Ciudad de México, donde comparten su visión de la hospitalidad. La experiencia Taste of Time (90 minutos, 250 dólares) incluye una cata guiada de cinco tequilas, acompañados por bocados que redondean la vivencia sensorial, y un recorrido por la mansión que concluye con un sofisticado trago en el Cocktail Bar. Tanto aquí como a la tienda se puede entrar gratis, pero con reserva previa.
En el piso superior, sólo abierto a coleccionistas, están las estancias exclusivas como la Sala Privada de Cata, donde probar ediciones raras que reposan en una bóveda con reminiscencias a altar. Aquí se cuentan curiosidades como que "no se pueden comprar todas las licoreras que se quieran, tampoco ofrecemos a todo el mundo las mismas. Buscamos crear una relación de amistad con el cliente, construir algo a largo plazo, darle la oportunidad de acceder antes que nadie a ediciones limitadas, invitarle a nuestros espacios privados", dice Jocelyn Alfaro, client experience manager, mientras nos sirve generosos chupitos de una edición de Master Artisans.
Cocktail Bar de Casa de los Leones. Está abierto al público pero es necesario reservar previamente.El centro de experiencias en Altos de Jalisco
El pasado mayo se celebró la otra gran inauguración, a la que ya definen como "el Disneyland del tequila": La Hacienda, un centro de experiencias situado en Altos de Jalisco, a hora y media en coche desde la ciudad de Guadalajara. En esta zona del país (donde también se encuentran otras tequileras célebres como Don Julio, Don Ramón o Patrón), Clase Azul tiene 738 hectáreas dedicadas a la plantación de agave azul, y es aquí donde han construido, con un diseño de mínimo impacto visual en el paisaje volcánico que lo rodea, un complejo dividido en dos áreas.
Licoreras esperando a ser pintadas en La Hacienda, Alto de Jalisco (Guadalajara).Por un lado está todo lo relacionado con la elaboración del tequila y los valores de la marca, área de la que es responsable la maestra destiladora Viridiana Tinoco. Aunque ésta no es la única fábrica de Clase Azul, aquí se concentran todos los oficios: el horno de pozo tradicional, la molienda, los depósitos de filtrado, de fermentación y doble destilado, las salas de añejamiento en barricas...
Por otro lado, está el área creativa, todo lo que tiene que ver con los decantadores cerámicos, bajo la supervisión de Sofía Ortiz [Sofía Solamente de nombre artístico]. Aquí vemos las cajas con yeso y pigmentos, el óxido de zinc, los moldes, los hornos, el equipo de artesanos que decoran las licoreras, las botellas que se presentarán en 2027...
Pintado manual de las licoreras de Clase Azul.Visitas privadas a la Hacienda
Existen dos opciones para visitar La Hacienda, ambas pensadas para grupos de 10 personas como máximo. La experiencia Descubrir (4,5 horas, 240 euros) es un recorrido por la sala de inspiración, las fábricas de tequila y cerámica y termina con la cata guiada de cinco iconos de Clase Azul. La experiencia Vivir (7 horas, 500 euros) incluye además una cata guiada por las selecciones excepcionales de barrica curadas por la maestra Tinoco y un almuerzo en el espectacular restaurante Oya con vistas a la finca y cuya carta combina recetas ancestrales de la gastronomía mexicana con creaciones contemporáneas, todas maridadas con tequilas y cócteles de Clase Azul. De aquí solo queda visitar la boutique, donde están a la venta ediciones limitadas y piezas exclusivas que no se pueden encontrar en otros lugares. Espóiler: en un momento del recorrido al visitante se le ofrece una copa de La Pinta, aquella mezcla de granadina y tequila con la que Lomelí se inició en el mundo de los destilados.
Nuestra visita la dirige Eduardo Martín del Campo, brand ambassador de Clase Azul. Él lo tiene claro. "Cuando la gente visita La Hacienda Clase Azul México no vive un simple recorrido a una tequilera, vive una experiencia que refleja y transforma diferentes elementos de la riqueza mexicana exhibidos de diferente forma que los enaltezca. Se hace presente la pasión y entrega del toque humano por un mismo propósito, seguir cautivando al mundo y a uno mismo como colega y como visitantes". Para resumirlo echa mano de las frases de dos grandes. Una del escritor Simón Sinek: "La gente no compra lo que uno hace, compra el por qué uno lo hace. Y lo que uno hace simplemente demuestra lo que uno cree." La otra, de Ghandi: "Creer en algo y no vivirlo es deshonesto".
Piñas de agave en el horno de la Hacienda.Presente en 100 países
Tres décadas después de que empezara a embotellar tequila en un recipiente de cerámica, Clase Azul se exporta a un centenar de países. Desde entonces algunas cosas han cambiado (Lomelí sigue siendo el accionista mayoritario aunque ya no bebe alcohol porque quiere llegar a los 100 años), pero otras siguen más presentes que nunca, como el espíritu de maestría artesanal, el dominio del tequila y su visión del futuro del lujo. Se calcula que la empresa factura 150 millones de dólares al año. Los mismos que ha costado poner en marcha Casa de los Leones y La Hacienda. Y esto es sólo el 30 aniversario. Larga vida a Clase Azul.
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