Que en 1945 un judío polaco llamado Raphael Lemkin haya tenido que inventar la palabra «genocidio» fue una derrota para la humanidad. Exterminios de poblaciones había habido desde el origen de nuestra violenta especie. Pero lo sucedido principalmente a los judíos durante la ... Segunda Guerra Mundial era algo más.
«En la acción genocida perpetrada por el Tercer Reich, Lemkin veía, por lo demás, la síntesis y la plenitud de todas las barbaries pasadas, tanto las que en la Antigüedad y la Edad Media pretendían destruir físicamente algunos pueblos, como las que, en la Edad Moderna, trataban más bien de aniquilarlos culturalmente», dice Bernard Bruneteau en 'El siglo de los genocidios'.
Más que designar un fenómeno nuevo, agrega Bruneteau, lo que buscaba Lemkin era darle estatus de crimen en el marco del derecho internacional.
El genocidio, un horror del siglo XX que causa controversia en el XXI
La tipificación de este crimen no impidió que se siguiera cometiendo. Camboya, Ruanda, Bosnia son palabras que comparten hoy su historia y su semántica con el término inventado por Lemkin. El libro de Bruneteau se publicó en 2004 y desde 2006 Alianza lo ha reeditado para el mercado español. La más reciente es de mayo de 2023, pocos meses antes de que se desatara la nueva guerra entre Israel y Palestina como consecuencia de la masacre del 7 de octubre perpetrada por el grupo terrorista Hamás.
La respuesta militar del gobierno de Netanyahu ha sido de una ferocidad implacable, dejando hasta ahora, según Naciones Unidas, un saldo de 73.000 muertos. En diciembre de 2023, Sudáfrica presentó ante la Corte Internacional de Justicia una demanda contra Israel por genocidio. El juicio no se dirimirá antes de 2029. Mientras tanto, organizaciones como Human Rights Watch y la Comisión Internacional Independiente de la ONU afirman que sí ha habido un genocidio en Gaza.
Por otro lado, el 9 de septiembre de 2026 la organización Creavity Community for Peace difundió una carta abierta firmada por más de 6.000 académicos e intelectuales de todo el mundo en la que rechazan la acusación de genocidio a Israel y advierten de que, además, está siendo usada para legitimar la persecución de los judíos.
Esa cifra marcará un límite sobre hasta dónde es lícito matar sin que se haga evidente la intención genocida
Visto así el panorama, podemos imaginar que en estos tres largos años que faltan para conocer el veredicto de la CIJ, se terminará de preparar el escenario global para que se desate, como diría Roberto Bolaño, «la tormenta de mierda». Y creo que esta especie de espera agrava el problema. Convertir este conflicto en un todo o nada con la moneda del genocidio/no genocidio en el aire, hará del resultado de ese juicio una doble derrota para cualquiera de las partes con consecuencias para todos.
Si no hubo genocidio, los 73.000 palestinos muertos serán menos vergonzosos. No habrán alcanzado el «prestigio» o el amparo del genocidio. Esa cifra marcará un límite sobre hasta dónde es lícito matar sin que se haga evidente la intención genocida, que es el meollo jurídico de este asunto. Y si se confirma el genocidio, los casi 1.400 muertos israelíes del 7-O quedarán en el olvido, Hamás habrá calculado bien la relación costo/ganancia de su atentado y dejará de ser un grupo terrorista. Y el antisemitismo, como en los tiempos de Raphael Lamkin, volverá a tener carta de ciudadanía.
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