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La torre antes de Mónica: la verdadera historia de la chimenea

La torre antes de Mónica: la verdadera historia de la chimenea
Artículo Completo 735 palabras
Diseñada por un alemán en 1920, la mole de 106 metros reunió en su entorno una colonia obrera autosuficiente que producía plata y plomo. Salvada del derribo por los vecinos, hoy es uno de los grandes faros de la Málaga industrial
(APIDMA)

Vuelve Mónica

La torre antes de Mónica: la verdadera historia de la chimenea

Diseñada por un alemán en 1920, la mole de 106 metros reunió en su entorno una colonia obrera autosuficiente que producía plata y plomo. Salvada del derribo por los vecinos, hoy es uno de los grandes faros de la Málaga industrial

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Ángel de los Ríos

Málaga

27/09/2026 a las 16:27h.

Mucho antes de que el litoral oeste de Málaga se convirtiera en un codiciado paseo marítimo salpicado de terrazas, chiringuitos y pisos de lujo, la ... playa de La Misericordia era un territorio dominado por el hollín, los raíles de tren y el humo denso de las fundiciones. En aquel paisaje en blanco y negro del siglo XIX y principios del XX, el cielo malagueño no se cubría de calima, sino de la nube tóxica expulsada por los gigantes de ladrillo que alimentaban a miles de familias. Hoy, de aquel motor económico que situó a Málaga como la segunda potencia industrial del país, solo quedan en pie sus chimeneas. Y entre todas ellas, la más imponente guardaba una historia previa a convertirse en la leyenda urbana de Mónica: la de la Fundición de Los Guindos.

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Para entender el nacimiento de este gigante hay que remontarse a 1920. La competencia de los Altos Hornos de Vizcaya, que contaban con carbón y hierro cercanos, había desplazado a Málaga de la siderurgia pesada. La ciudad tuvo que reinventarse y reorientarse hacia sectores como el químico y el metalúrgico, aprovechando un bien incalculable: la mano de obra cualificada de sus barrios obreros y un puerto con acceso ferroviario directo. Atraída por estas ventajas, la Compañía Minerometalúrgica Los Guindos, una firma madrileña con yacimientos en Linares y La Carolina (Jaén), decidió levantar en la orilla del mar su gran planta procesadora de plomo y plata.

Más de 250 operarios y sus familias se instalaron a vivir dentro del recinto de la Fundición de Los Guindos

El encargo del diseño cayó en manos del ingeniero y barón alemán Félix von Schlippenbach. El proyecto no contemplaba una simple fábrica, sino un complejo autosuficiente donde la vida y el trabajo eran indivisibles. Como los hornos de fusión no podían apagarse bajo ningún concepto, más de 250 operarios y sus familias se instalaron a vivir dentro del propio recinto industrial.

Allí se articuló una auténtica colonia urbana que contaba con su propia escuela, ambulatorio y economato. En sus calles de barro y ceniza crecieron generaciones de malagueños. El trabajo en Los Guindos era implacable. La constante manipulación del plomo y los vapores tóxicos hacían estragos en la salud de la plantilla. La mayoría de los operarios no lograba sobrepasar los 56 años en activo antes de jubilarse mermados por las enfermedades profesionales, lo que obligó a los propios trabajadores a crear redes comunitarias y sindicatos de socorro mutuo para proteger a las viudas y los enfermos.

Fue precisamente esa extrema toxicidad del proceso la que obligó a Schlippenbach a proyectar una estructura colosal: una chimenea de 106 metros de altura diseñada para proyectar los gases nocivos lo más alto y lejos posible de la ciudad.

La actividad de los hornos se mantuvo ininterrumpida durante casi seis décadas, hasta que en noviembre de 1979 la Fundición de Los Guindos echó el cierre definitivo. El recinto quedó abandonado entre ruinas, chatarra y hierba seca, convertida en zona de paso y en el campo de pruebas clandestino donde los jóvenes de la zona acudían a hacer escalada y rápel, el germen de Mónica.

La actividad de los hornos se mantuvo durante casi seis décadas, hasta que en 1979 echó el cierre definitivo

Con el cambio de siglo y la proyección del nuevo paseo marítimo, la icónica chimenea estuvo a punto de desaparecer. Los planes urbanísticos iniciales contemplaban su demolición, pero la firme oposición de los colectivos vecinales y la presión ciudadana lograron salvarla de la piqueta, convirtiéndola en Bien de Interés Cultural (BIC) y símbolo irrenunciable del patrimonio industrial malagueño.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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