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La toxina que confunde el frío con el calor y trae de cabeza a los pescadores canarios

La toxina que confunde el frío con el calor y trae de cabeza a los pescadores canarios
Artículo Completo 665 palabras
La investigadora Ana Gago presenta en el VIII Encuentro de los Mares los avances en el control de la ciguatera, una intoxicación emergente en Canarias
La toxina que confunde el frío con el calor y trae de cabeza a los pescadores canarios

La investigadora Ana Gago presenta en el VIII Encuentro de los Mares los avances en el control de la ciguatera, una intoxicación emergente en Canarias

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Guillermo Elejabeitia

06/05/2026 a las 18:03h.

El pescado puede parecer perfecto —brillante, firme, sin olores extraños— pero provocar una de las intoxicaciones más desconcertantes que existen: que el frío queme y ... el calor enfríe. Eso es la ciguatera, una toxina natural, sin sabor ni rastro aparente, que ha pasado en pocos años de ser un problema lejano, propio del Caribe o del Pacífico, a traer de cabeza a los pescadores de Canarias.

Las ciguatoxinas son compuestos naturales producidos por microalgas marinas. ¿Cómo llegan a nuestro cuerpo? Primero las consumen pequeños peces herbívoros, luego sus depredadores y, finalmente, el ser humano. A diferencia del anisakis —que es un parásito vivo, no un compuesto químico— no hay forma de detectarla a simple vista, y ni congelar ni cocinar elimina la toxina. La mayoría de los casos se han dado tras comer ejemplares de medregal, mero, pejerey o abade.

Los síntomas suelen aparecer pocas horas después de comer el pescado: náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal. También pueden aparecer picores —que aumentan con el consumo de alcohol—, sudoraciones intensas, temblores o un sabor metálico persistente. Pero el síntoma más característico y más desconcertante es que la percepción del frío y el calor se invierte. Aunque rara vez es mortal, en casos severos puede requerir hospitalización.

A escala global se estiman entre 20.000 afectados al año en el mundo, aunque algunos expertos elevan la cifra hasta el medio millón por el fuerte infradiagnóstico. La mayoría se presenta en áreas del Pacífico y el Caribe, donde las concentraciones de la toxina son notablemente mayores, pero pueden aparecer en cualquier lugar del mundo a través de pescados importados. Además, su área de influencia está extendiéndose por el aumento de la temperatura del agua, que favorece el crecimiento de microalgas.

En Canarias, el primer brote se documentó en 2004, desatando cierta alarma social. Se trataba de los cinco miembros de una misma familia que se habían comido un animal pescado por ellos mismos. En los últimos diez años se han examinado unos 150 casos, aunque las autoridades sanitarias califican a la ciguatera como un problema emergente que tiene muchas papeletas para ir a más.

Desde entonces, la ciencia se ha empeñado en aislar la toxina para estudiar remedios específicos, mientras las autoridades canarias han sido las primeras en instaurar una vigilancia activa. Los ejemplares que superan determinado peso tienen que someterse a un control. El corte empezó estando en los 18 kilos, pero se ha rebajado recientemente a los 12. Algunos pescadores reclaman pruebas más rápidas y concluyentes —en eso está el equipo de investigadores que lidera Gago—, porque la obligación de congelar el pescado a la espera de resultados devalúa su precio en el mercado.

En cualquier caso, el foco de riesgo no está en las pescaderías ni en el circuito de la pesca profesional, sino en los márgenes: capturas recreativas, piezas de pesca furtiva que llegan a la mesa sin control sanitario o especies importadas sin una trazabilidad clara. Además, la legislación europea no fija todavía límites concretos de concentración, y eso obliga a trabajar con un criterio binario —presencia o ausencia de toxina— que complica la gestión y obliga a descartar piezas que probablemente resultarían inocuas.

Como explicaba Gago, la ciguatera no es una crisis, pero tampoco una anécdota. Es un recordatorio de que alterar los equilibrios del mar puede acabar afectándonos más de lo que creemos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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