La IAU sigue un proceso formal y bastante estricto: cualquier nombre propuesto, como los cráteres Integrity y Carroll sugeridos por Artemis II, debe enviarse con coordenadas, imágenes y una justificación clara. Luego pasa a revisión del Grupo de Trabajo de Nomenclatura Planetaria, que evalúa si cumple las reglas, tiene relevancia cultural, científica o coherencia. Tras una discusión interna y votación, el nombre puede aprobarse y entrar al Gazetteer of Planetary Nomenclature. Hasta entonces, todo nombre sugerido es solo provisional.
Aunque la Luna está completamente mapeada desde hace décadas y hay modelos topográficos con resolución de metros por pixel, no todos los elementos tienen nombre. La IAU decide si el cráter tiene nombre con base en su importancia histórica. Considera que el satélite tiene, literalmente, millones de cráteres, de entre 10 metros a 20 kilómetros y actualmente solo hay 9,137 accidentes topográficos con nombre oficial.
El gesto de la tripulación Artemis II recuerda una tradición de los exploradores: conectar lugares nunca vistos con historias humanas. Es posible que dentro de unos años, alguien llegue a visitar el cráter Caroll, o el Integrity, y recuerde la primera misión tripulada a la Luna del programa Artemis.