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Los Estados comparten el diagnóstico de que se deben redefinir las relaciones, pero hay dudas sobre si optar por el diálogo o por aranceles.
La Unión Europea vuelve a conjurarse para tratar de ofrecer un frente unificado ante una amenaza común. En la nueva cumbre del Consejo Europeo que cita en Bruselas a los presidentes y los jefes de Estado, los veintisiete Estados miembros aprovecharon el debate durante la cena para conversar sobre los desequilibrios comerciales que mantienen con China.
El gigante asiático se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para el bloque comunitario con la sobrecapacidad de su economía que amenaza la continuidad de diferentes industrias europeas. El déficit comercial de bienes con China asciende ya a alrededor de 1.000 millones de euros cada día y, por primera vez en la historia, todos los países registraron déficit comercial con Pekín a lo largo de todo el pasado ejercicio.
"Existe consenso en la Unión Europea respecto a que esta situación es insostenible y hay que trabajar para encontrar una solución y revertirla", indican fuentes diplomáticas .
Pero en el diagnóstico del problema es donde se acaba la posición común. Los diferentes países de la Unión Europea, afectados por su mayor o menor dependencia a China y otras cuestiones geopolíticas y de seguridad económica, plantean soluciones distintas para abordar estos desequilibrios y redefinir las relaciones con China.
Un grupo más agresivo, liderado por Francia y apoyado recientemente por Alemania, valora la posibilidad de responder a los desequilibrios con China a través de medidas de choque como aranceles y cuotas. El gran efecto secundario del uso de estas herramientas es que, si se quiere aplicar en el marco de las reglas de la Organización Mundial de Comercio para lidiar con sobrecapacidades, puede terminar afectando a otros socios comerciales.
Es lo que ha ocurrido con las medidas europeas sobre el acero, que han visto cómo socios del bloque como Reino Unido se han visto igualmente afectados por el varapalo.
Frente a esto, países como España llaman al diálogo para reconducir la situación. Fuentes diplomáticas nacionales sostienen que la vía para abordar los desequilibrios con China está en el diálogo reforzado con el gigante asiático que personifica el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha visitado el país en los últimos cuatro años.
"Necesitamos amigos, necesitamos relaciones equilibradas, necesitamos ser pragmáticos y necesitamos tender puentes tanto con grandes economías, potenciales aliados como es China, o con tradicionales aliados como es el caso de Estados Unidos", defendía el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a su llegada al Consejo Europeo.
"Es una visión más prágmatica", señalan fuentes comunitarias al analizar esta postura.
Represalias
El principal miedo de las capitales respecto a China es que las medidas que tomen para subsanar los desequilibrios lleven al gigante asiático a iniciar una oleada de represalias al considerar que el bloque comunitario está tomando medidas proteccionistas. China, señala un alto diplomático de la Unión Europea, está dispuesta a explotar las dependencias comunitarias y a convertirlas en vulnerabilidades. Ya lo hizo en el pasado cuando decidió cerrar el grifo de las llamadas tierras raras, materiales críticos para la industria europea y acabó por paralizar al sector automovilístico.
Algunos diplomáticos presentes en la cumbre entienden que, en un contexto tan volátil como el actual, ir a un enfrentamiento total con China sería pegarse un tiro en el pie. Consideran que la Unión Europea no tiene la capacidad para enfrentarse al gigante asiático mientras sufre un shock energético por la guerra de Irán, refuerza su inversión en Defensa ante la amenaza de Rusia y no acaba de tener claro si puede contar con EEUU como aliado.
La fortaleza de China y el deseo de evitar un enfrentamiento total -al menos de momento- se traslada incluso al propio programa de la cumbre. Aunque los líderes centraron la discusión en el gigante asiático, el epígrafe compartido del debate enunciaba un genérico "desequilibrios económicos globales".
Pese al eufemismo, la charla fue una continuación del debate orientativo que ya mantuvieron a finales de mayo los comisarios europeos y que busca encontrar un mandato político claro de los líderes europeos para diseñar vías con las que enderezar las relaciones con China.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha explicado a los líderes de los Veintisiete la caja de herramientas que el club tiene a su disposición. El objetivo es diagnosticar la situación para saber si es necesario crear nuevos instrumentos para la amenaza actual o hace falta diseñar nuevos.
Europa ya dispone de varias medidas de defensa comercial que podría utilizar. Entre ellos, el instrumento anticoerción que todavía no ha estrenado y que llegó a ponerse sobre la mesa durante la guerra comercial con Estados Unidos. Para activarlo, sin embargo, hace falta un gran consenso entre los líderes.
Tras el debate sobre china, la cumbre europea continúa hoy con las duras negociaciones sobre el Marco Financiero Plurianual (MFF, por sus siglas en inglés) que no es otra cosa que el presupuesto europeo para 2028 a 2034 y una conversación en la que se espera una especial tensión.
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