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La UE se pliega ante Trump

La UE se pliega ante Trump
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Borrell y Hollande critican la «mansedumbre» de las instituciones europeas frente a la política imperialista que ejerce Estados Unidos, a quien ya no consideran «un socio fiable»

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Donald Trump, presidente de EE UU. Efe La UE se pliega ante Trump

Borrell y Hollande critican la «mansedumbre» de las instituciones europeas frente a la política imperialista que ejerce Estados Unidos, a quien ya no consideran «un socio fiable»

Olatz Hernández

Bruselas

Domingo, 11 de enero 2026, 00:12

... Donald Trump, sobre Groenlandia. En una declaración conjunta, recuerdan que tan sólo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir lo que ocurre» en estos dos territorios. Un texto tibio, que evita condenar las amenazas anexionistas estadounidenses –que tampoco cuenta con el peso que tendría un texto respaldado por los 27 Estados miembros– y que muestra la parálisis europea ante las acciones de la Casa Blanca. Es una tibieza que ya mostró Europa en su declaración sobre la operación estadounidense contra Nicolás Maduro en Venezuela y que deja al bloque comunitario en una posición frágil ante la deriva imperialista de Trump.

«No hay muchas diferencias entre lo que ha hecho Trump en Venezuela y lo que hizo Putin en Crimea»

Y es que la reacción europea sobre Venezuela llegó tarde, casi dos días después de la operación, respaldada por 26 países europeos –Hungría no firmó el documento–, exigiendo respeto del derecho internacional. Sin mencionar a Washington, se limitaban a pedir «evitar una escalada y asegurar una salida pacífica» a la situación en el país. Importantes figuras de la política europea criticaron este discurso excesivamente suave sobre EE UU. Uno de los más críticos ha sido el ex alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores Josep Borrell, que ha censurado la «mansedumbre» europea ante Washington, que, en su opinión, ya no es el gran aliado de Europa. «Estados Unidos está dispuesto a instaurar un orden dirigido por él en áreas de influencia y seguir confiando en que es nuestro gran aliado es negar la realidad», defiende.

El diplomático español señala que la operación militar estadounidense desarrollada en Venezuela para capturar a Maduro «es una llamada poderosa a Europa que muchos líderes, sobre todo en Bruselas, no quieren oír», ya que temen que la Casa Blanca deje de respaldar a Kiev en el proceso de paz negociado con Rusia. «Trump abandonará Ucrania o no según le convenga», sentencia Borrell.

Cálculo político

Para el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Lovaina Michel Liégeoise, la declaración europea es «un cálculo político» entre los Estados miembros, que piensan que la mejor estrategia a largo plazo es no confrontar directamente a Trump. Apunta, además, que las diferentes opiniones entre los Estados miembros –desde la postura española, hasta Italia, que ha defendido las acciones estadounidenses– hacen que «no hubiera posibilidad de cerrar una posición más fuerte».

Carlota García Encina, investigadora de EE UU y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, asegura que la respuesta del bloque comunitario carece de mayor fuerza por «el momento crítico para la seguridad europea» que supone la situación en Ucrania. Algo que corrobora el investigador del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad Libre de Bruselas (ULB) Álvaro Oleart. «La declaración europea sobre Venezuela muestra la incapacidad comunitaria para tener un mínimo denominador común» y «el miedo de Europa a que Washington desaparezca de Ucrania, ya que por sí misma no tiene medios para mantenerla», señala el experto. Considera que el papel de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y de la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, ha sido «muy decepcionante», ya que siguen pensando que Washington es un aliado confiable.

Tal y como destaca el subdirector del CER, no hay muchas diferencias «entre lo que Trump ha hecho en Venezuela y lo que el presidente ruso, Vladímir Putin, hizo en Crimea», punto en el que coincide Oleart. Sin embargo, la respuesta europea ante Trump ha quedado suavizada por el miedo a posibles reacciones de la Casa Blanca. «Hay miedo de enfadar a Trump, conocido por vengarse y tomar represalias. La UE también tiene cosas más importantes de las que preocuparse que Maduro, al que consideraban un presidente ilegítimo. Dadas las circunstancias se trata de equilibrar una respuesta», incide Bond.

Sin una respuesta unida

Tras la operación en Venezuela, Trump tiene la vista puesta en su próximo objetivo: Groenlandia. El dirigente ya ha mostrado su intención de recurrir a la fuerza para hacerse con la isla, justificando esta acción desde el punto de vista de la defensa de la seguridad nacional, afirmando que este territorio está «rodeado de barcos chinos y rusos».

Entre las voces europeas que han tratado de hacer frente a Trump, la más fuerte ha sido la de la primera ministra danesa, la socialista Mette Frederiksen, que ha exigido a EE UU que «ponga fin a las amenazas contra un aliado históricamente cercano» y que ha subrayado que Groenlandia «no está en venta». Pero no ha habido una declaración conjunta, de los Veintisiete, más allá de los siete países que han mostrado su solidaridad con Dinamarca. «No es ninguna sorpresa, Trump lleva tiempo amenazando la isla, pero es dramático que Europa no tenga una postura fuerte ni siquiera para defender a un país europeo», destaca el investigador del Instituto de Estudios Europeos.

Los expertos consultados coinciden en que las amenazas Trump son «bastante reales». Al contrario que en su primer mandato, ahora el presidente estadounidense está rodeado de gente de su misma ideología, lo que ha hecho que vuelva a la idea de que EE UU debe dominar su hemisferio, que defiende la Doctrina Monroe. «Si tratan de tomar Groenlandia por la fuerza, sería muy difícil que Europa o Dinamarca los detenga», apunta el subdirector del CER, que añade que «Europa está teniendo problemas para responder a las locas afirmaciones o acciones de Trump». Ante esta situación, incide en que la UE debe encontrar «una respuesta mejor», ya que nos encontramos «en un momento extremadamente peligroso para la seguridad europea».

Para el profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la UOC Milton Meza Rivas, el futuro de Groenlandia puede estar ligado a la postura del bloque respecto a Venezuela. «El enfoque prioritario para la UE es asumir un rol de liderazgo, que ha perdido en la transición venezolana con tutelaje estadounidense», señala. En su opinión, Europa puede convertirse en «socio favorito» del país caribeño, lo que serviría para desplazar a China, Rusia e Irán del territorio. «Si eso ocurre, los avances o intenciones de Washington respecto a Groenlandia quedarán en segundo plano», reflexiona.

Tampoco ve posible «de momento» una intervención militar estadounidense en la isla, ya que primero el inquilino de la Casa Blanca debería construir un relato bélico –como ya hizo con Venezuela– para legitimar esa acción, algo que lleva un tiempo. La investigadora de Elcano Carlota García Encina, por su parte, subraya que Europa «tiene que empezar a ofrecer alternativas de seguridad en Groenlandia» y mostrar su apoyo a Dinamarca. Recuerda, igualmente, que EE UU cuenta con mecanismos internos con los que «se está poniendo freno» a Trump, como es el caso de la resolución del Senado que impide al presidente autorizar en solitario acciones militares.

Táctica diplomática

Independientemente de que Trump cumpla o no su amenaza, está claro que Europa está teniendo problemas para encontrar una voz única, lo que ha hecho que varios Estados miembros hagan uso de la diplomacia a dos niveles y firmen declaraciones con otros países dispuestos a ello. El investigador de la ULB Álvaro Oleart destaca que «Europa sigue siendo un actor importante a nivel internacional y que también debería serlo para defender el derecho internacional».

El subdirector del CER, en cambio, opina que esta «reacción cauta» del bloque comunitario responde a «una táctica diplomática» que consiste en no dar al presidente estadounidense una razón para sobrerreaccionar. «La parte mala es que sostienes una posición muy débil y que es difícil de mantener a largo plazo, sobre todo cuando Trump no está haciendo ningún esfuerzo por su parte», destaca.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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