- BARBARA MOENS
Dos años después, el bloque sólo ha implementado el 15,7% de las recomendaciones del ex primer ministro italiano.
Dos años después de que Mario Draghi advirtiera que la UE se enfrentaba a una "lenta agonía" si no abordaba su crisis de competitividad, pocas de sus recomendaciones se han hecho realidad.
Según un registro elaborado por el Consejo Europeo de Innovación Política, un centro de estudios, sólo el 15,7% de las 383 recomendaciones del informe de Draghi se habían implementado por completo en julio. Este escaso progreso se produce a pesar de las reiteradas promesas de los líderes de la UE y de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de situar la reactivación económica en el centro de la agenda del bloque.
"Estamos mejorando, pero no lo suficiente", afirma Martin Lidegaard, ministro danés de Empresa y Competitividad.
Respaldadas por von der Leyen como el plan estratégico para su segundo mandato, las propuestas de Draghi se han visto eclipsadas por la guerra en Ucrania, la migración y la disputa sobre el próximo presupuesto común de la UE.
Las reformas más trascendentales —la integración de los mercados de capitales, la eliminación de barreras dentro del mercado único y la reducción de las dependencias estratégicas— siguen atrapadas en la política nacional que su informe pretendía superar.
Otras medidas, desde la integración de unos mercados energéticos fragmentados hasta la armonización de las normas sobre adquisiciones de defensa y telecomunicaciones, han avanzado de forma irregular.
Este retraso se produce mientras Estados Unidos y China amplían su ventaja en la carrera mundial por la IA. El crecimiento estadounidense se ha visto impulsado por la inversión en IA, centros de datos y semiconductores avanzados, y el país ha superado sistemáticamente a la UE en crecimiento del PIB desde julio de 2024.
El indicador "Draghi watch" constató que el 41,3% de las propuestas del ex primer ministro italiano se habían implementado parcialmente, lo que subraya la brecha entre las ambiciones declaradas de Bruselas y la disposición de los Estados miembros a ceder el control.
Un estudio independiente del Instituto Montaigne, que emplea una metodología diferente, ofrece una perspectiva más optimista, concluyendo que alrededor del 30% de las recomendaciones de Draghi ya se han implementado.
Sin embargo, ambos indicadores señalan el mismo problema: las reformas más difíciles desde el punto de vista político siguen pendientes. Muchas de ellas afectarían a competencias de los gobiernos nacionales, lo que dificulta su aprobación.
Para superar las disputas interinstitucionales, la Comisión, el Parlamento Europeo y los Estados miembros acordaron a principios de este año plazos específicos para la implementación de la agenda de competitividad.
Enrico Letta, otro ex primer ministro italiano que redactó un informe aparte sobre la integración del mercado único, afirmó recientemente ser "más optimista" respecto a la capacidad de Europa para coordinar sus acciones, dado que ahora existen planes y plazos claros.
Sin embargo, los avances logrados hasta el momento se han producido principalmente en ámbitos donde la Comisión podía actuar por su cuenta: la reducción de la carga regulatoria, la mejora del acceso a la financiación para las empresas que buscan expandirse y la agilización de los permisos para tecnologías limpias.
La brecha entre la ambición y la implementación apenas se ha reducido.
El sistema de declaración digital para trabajadores desplazados recientemente acordado por la UE tenía como objetivo crear un formulario único en línea para las empresas de todo el bloque. En cambio, las negociaciones se ralentizaron debido a que algunos Estados miembros, incluida Alemania, añadieron requisitos nacionales de información a lo que se suponía que era un sistema voluntario.
La iniciativa se acordó antes de la fecha límite fijada por los líderes de la UE, lo que permitió a Bruselas presentarla como un avance en materia de competitividad. No obstante, algunos funcionarios se preguntan en privado si tendrá un impacto significativo para las empresas.
"Ahora es un recuadro que podemos marcar en la tabla de indicadores de competitividad. Pero aún está por ver si realmente marcará una gran diferencia", sostiene un funcionario de la UE.
Si bien los líderes, incluido el canciller alemán Friedrich Merz, abogan habitualmente por un mercado único más integrado y menos burocracia, sus ministerios nacionales suelen mostrarse reacios a ceder competencias o abandonar las normas internas.
Mario Monti, ex primer ministro italiano cuyo propio informe sobre el mercado único se publicó en 2010, sostiene que las propuestas de Draghi corren el riesgo de sufrir el mismo destino.
"El único informe que debería elaborarse en el futuro es uno que explique por qué normalmente no se siguen las recomendaciones de los informes", declaró Monti recientemente.
Estos informes suelen recibirse con "un aplauso que dura aproximadamente un día", añadió, antes de que los gobiernos, los líderes empresariales y las administraciones nacionales "comiencen al día siguiente a hacer lo que sea necesario para desbaratar las propuestas".
Muchas de las recomendaciones más importantes de Draghi exigen que los gobiernos cedan competencias o acepten una mayor integración económica, medidas que siguen siendo políticamente delicadas.
"El obstáculo para la implementación proviene de la resistencia nacional... y de la falta de valentía política para afrontar las concesiones necesarias", afirma Oscar Guinea, del Centro Europeo de Economía Política Internacional, añadiendo que "algunas políticas cruciales están paralizadas a nivel de los Estados miembros".
Lidegaard, el ministro danés de Competitividad, explica que "existe un consenso relativamente alto sobre hacia dónde debemos ir, pero sobre cómo llegar, todavía se mantienen intensos debates". Estas divisiones se hacen más evidentes en lo que respecta a los planes para un mercado de capitales unificado de la UE, considerado por muchos como una pieza clave que falta en el rompecabezas de la competitividad europea. Los mercados fragmentados siguen privando a las empresas de la financiación necesaria para crecer.
Irlanda, que asumió la presidencia rotatoria de la UE en julio, ha prometido alcanzar un acuerdo político antes de fin de año.
En cuanto a la agenda de competitividad del bloque, Irlanda va a "abordarla con la mayor energía y determinación posible", asegura el primer ministro irlandés, Micheál Martin, a Financial Times.
"Europa tiene que dar un salto adelante porque la competitividad es un tema clave frente a Estados Unidos y China", afirma.
Los grupos empresariales acogen con satisfacción lo que describen como un cambio de enfoque filosófico en comparación con los primeros cinco años de von der Leyen al frente de la Comisión.
"Ahora se entiende claramente que todos los cambios que necesitamos, desde la defensa del planeta hasta la defensa de la paz social en Europa, requieren crecimiento, es decir, ingresos fiscales para financiarlos", señala Maciej Witucki, presidente de BusinessEurope, el principal grupo de presión empresarial del continente.
Sin embargo, advierte que la traducción de esa filosofía en acciones avanza con demasiada lentitud, una advertencia que comparten otros.
Per Franzén, responsable de EQT, el mayor inversor de capital riesgo de Europa, afirma sentirse "alentado por lo que oigo de los políticos y los responsables de la toma de decisiones, pero es necesario avanzar con rapidez".
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