Uno de los dos menores que sufrió abusos continuados con acceso carnal recuerda el agujero de un clavo que su agresor tenía en el pene
Regala esta noticia Añádenos en Google El presunto pederasta durante la primera sesión del juicio por agresiones sexuales a dos menores. (I. Cabanes)Ignacio Cabanes
Valencia
03/06/2026 a las 11:49h.«Era como un padre para mí», asegura uno de los menores víctimas del presunto depredador sexual de la Canal de Navarrés (Valencia), un ciudadano ... alemán de extrema derecha que pese a sus antecedentes por pornografía infantil en su país había organizado en tierras valencianas un programa de «ayuda y rescate» a niños para sacarlos de las redes de la pedofilia. «No parecía ser una mala persona», añade el otro adolescente –aún tiene solo catorce años– que también presentó denuncia. Ese disfraz de lobo con piel de cordero era con el que se presentaba y presuntamente se ganaba la confianza de sus víctimas Jessie Marsson.
En la segunda sesión de la vista celebrada en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Valencia fue el turno de las declaraciones de los dos menores, de sus padres y de testigos propuestos por la defensa. Los dos niños, que apenas tenían catorce y doce años respectivamente cuando sufrieron presuntamente los abusos sexuales –el primero de forma continuada y con acceso carnal– han detallado a través de videoconferencia la pesadilla que vivieron durante su estancia en la Canal de Navarrés.
Para uno se trató de un hecho aislado, que al marcharse de allí ya no se volvió a repetir, pero lo recuerda sin problemas. «Me llevaba a comprar golosinas», relata, en una de esas ocasiones, cuando le dijo que no quería, «me metió una golosina en la boca y me tocó mis partes». Según detalla, el acusado le bajó los pantalones y los calzoncillos y le hizo tocamientos. En la estancia del domicilio donde se produjo la presunta agresión, de un municipio de la Canal, había un cuchillo y la víctima asegura que el procesado le dijo que «si le cuento a mi mamá le iba a hacer daño». Por eso guardo silencio hasta que supo del otro caso –los denunciantes no se conocían previamente–.
La trampa del proyecto educativo
El relato del otro menor, que durante casi un año fue víctima de abusos presuntamente del acusado es todavía más desgarrador. En su caso los hechos se remontan a febrero de 2022, cuando vino a España porque tenía muchos problemas en el colegio y le dijeron que aquí «había un proyecto para los jóvenes». Primero estuvo en una casa de vacaciones con una mujer, con formación específica para el aprendizaje de jóvenes con problemas, quien le había presentado al acusado antes de que viniera al país.
Los dos o tres primeros meses estuvo viviendo en una autocaravana en la parcela de Jessie, y luego en una que le regaló el propio acusado. La víctima reconoce que el acusado le hacía regalos, como ropa, un móvil, una guitarra y hasta un perro que le compró en septiembre de 2022. «Sabía que me hacía mucha ilusión tener un perro».
A los pocos meses de llegar a España comenzaron las agresiones sexuales, aunque la víctima no puede concretar una fecha exacta porque fue algo progresivo. «Empezó con caricias, abrazos, luego empezó a tocarme más», explica el menor. Se iba a dormir a su caravana y se acostaban juntos, al principio con ropa. «A veces se me acercaba mucho pero lo veía normal, par mí era como un padre». No obstante, estos tocamientos dieron paso a masturbaciones mutuas, sexo oral y la penetración del menor, que dada su edad no podía dar consentimiento alguno a tales actos sexuales cometidos por un varón que le triplicaba la edad.
El testigo también ha identificado una característica peculiar del pene del acusado y una cicatriz en la zona de la ingle que dotan de credibilidad su relato. Según asegura, su agresor tenía un agujero en la zona del glande, que según le contó, era la marca de un clavo.
Los mensajes
Una de las pruebas que constan en la causa, y han sido abordadas en el juicio, son los mensajes que el acusado y el menor que denuncia agresiones continuadas se intercambiaron a través de la aplicación Telegram en la primavera de 2024. En ellos el propio procesado reconocería de alguna forma el acceso carnal ante las manifestaciones del adolescente: «¿Quieres negar que tu pene, varios centímetros, estuvo varias veces en mi culo?», dice textualmente tras ser leído el contenido de estas comunicaciones con la ayuda de una intérprete de alemán.
«He hecho todo para protegerte de ellos y de ti mismo, he hecho todo para ayudarte», le dice el acusado, quien admite acto seguido: «Hice fallos, muy importantes y graves, y tú sabes que he aprendido las consecuencias».
La defensa del presunto pederasta trata de esgrimir que como la víctima tenía plena libertad de movimiento, llaves de la caravana y de la finca, una bicicleta y teléfono móvil, en cualquier momento podía haberse marchado de allí o haber pedido ayuda tras los primeros abusos o las posteriores agresiones sexuales. No obstante, no hay que olvidar que estamos hablando de un menor de catorce años que había encontrado en el acusado la figura de esa persona que iba a ayudarlo a superar los problemas que atravesaba en el colegio en su Alemania natal. «Lo veía como a un padre», ha explicado el adolescente, cuya relación con su padre real no era del todo buena.
De hecho, el denunciante argumenta que a su progenitor no le dijo nada antes «por vergüenza y porque no se sentía cómodo», ya que el acusado le decía que sus padres no lo querían.
La Fiscalía solicita una pena de quince años de cárcel para Frank H. M. B., concretamente nueve años por el delito continuado de agresión sexual con penetración a la víctima de catorce años, y otros seis años por el delito cometido sobre el segundo menor, de doce años, sin acceso carnal.
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