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Carlos Díaz / Teatro Cervantes Crítica teatral 'La verbena de la Paloma' o El mundo de ayerEl sainete lírico de Bretón y de la Vega trae al Cervantes la nostalgia del mítico Apolo
Francisco Martínez
Sábado, 28 de febrero 2026, 11:40
... el seno de la XXXVII Temporada lírica. Se trata de una producción procedente del Teatro de la Zarzuela de Madrid, con dirección escénica y coreográfica de Nuria Castejón: un montaje estrenado en la capital en 2024, con escenografía de Nicolás Boni, que atesora ya un caudaloso rodaje por gran cantidad de teatros nacionales.Tratándose de zarzuela, donde lo hablado y lo cantado se alternan armónicamente, la valoración general del montaje podría distinguir entre una apreciación de lo puramente actoral y lo más netamente musical y lírico. Tanto en un plano como en otro el balance es altamente positivo, y la brillantez del logro final no fue opacada por los pequeños accidentes circunstanciales de la rendición ante el público (un soneto de escansión deslavazada al final del prólogo, alguna errática línea de texto…) La geometría proyectiva de la representación funciona resueltamente: la dinámica es fluida, el entreverarse de los diálogos preciso, la dicción clara, la curva lírica de romanzas y concertantes –de rara exigencia en el caso de Bretón, buen conocedor del más ambicioso teatro musical de su tiempo– alcanza alturas dignas de Rossini, Verdi y hasta el propio Wagner, todo ello en un marco escenográfico vívido que traslada al Madrid de finales del XIX.
El entrañable sainete de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega viene precedido en esta producción por un prólogo cómico-lírico titulado 'Adiós, Apolo', que muestra a una compañía ensayando en 1929 en el mítico Teatro Apolo madrileño
El gallego Borja Quiza estuvo espléndido en su rol de Julián: seguro, profundo, neto, con irisaciones verdianas de barítono dramático. Por su parte, la Susana de Carmen Romeu enamoró por su timbre hondo, gratamente oscuro, ágil en las tablas, lozana en los remates, castiza sin manierismos. Profesional y correcta estuvo Lara Sagastizábal en su papel de Casta. El cómico don Hilarión, que encarnó el barcelonés Antonio Comas, destacó por su atlética desenvoltura, tal vez algo impropia del pícaro boticario valetudinario, pero en todo caso grato y convincente también en lo musical, como sumando neto de la colorida ecuación conjunta. Milagros Martín (señá Rita) mostró con creces la calidad aquilatada por una experiencia de décadas en el terreno de la zarzuela: su construcción del personaje exhibió un rango de autenticidad difícilmente igualable. La tía Antonia protagonizada por Gurutze Beitia aportó el excedente de su innegable y fibrosa vis cómica. El malagueño Gerardo López urdió un magnífico don Sebastián (antes había sido el fotógrafo en el prólogo), con una integración muy lograda de lo actoral y lo lírico. En el apartado de la música diegética, la que los personajes del sainete escuchan al mismo tiempo que los espectadores, el aporte resultó muy sabroso: así la famosa soleá flamenca del segundo cuatro, que suena desde dentro del llamado Café de Melilla y que la cantaora Sara Salado desgranó con sumo arte y Cristina Arias bailó con ardiente desenvoltura (todo ello con el acompañamiento del malagueño Ángel Campos al piano). En el terreno más puramente teatral, Rafa Castejón hizo un tabernero solvente (antes director de escena en el prólogo), y el resto de actores, bailarines y figurantes coadyuvaron de manera espléndida a la eficacia global.
En una producción así, donde la interacción entre tablas y foso, entre escena y orquesta es doblemente necesaria –no sólo por la dinámica natural del acompañamiento de las voces, sino también por la componente lúdica que adquiere la orquesta durante el prólogo cómico-lírico, con continuos cortes y apelaciones a la intervención actoral del mismo director de orquesta–, la labor de José María Moreno al frente de la OFM fue muy meritoria, con el grado de precisión exigible de tan delicioso juguete lírico. Del Coro titular del Teatro Cervantes de Málaga – Intermezzo, dirigido por Pablo Moras, cabe decir que su entusiasmo y su entrega siguen transfigurándose, como viene siendo habitual, en acabados de magnífica profesionalidad.
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