Una bacteria 'comecarne' le necrosó los tejidos de la cara y la expulsó del mundo. Pero Carmen quería volver a vivir, aunque fuese con el rostro de otra mujer. Su experiencia es extraordinaria en todos los sentidos. Es la primera vez que se realiza un trasplante así de una donante a la que se practicó una eutanasia.
Carmen Gil, primera mujer en recibir un trasplante de cara de una donante a la que se le practicó una eutanasia. Regala esta noticia Añádenos en GoogleIsabel Navarro | Fotografías de Vicens Giménez
24/07/2026 a las 10:23h.Todo empezó con una araña. Pequeña, intrascendente. Una araña de piscina. Carmen se la quitó de la pierna de un manotazo. Era el 15 de ... julio de 2024 y ella y su marido estaban de vacaciones en Las Palmas. El tiempo canario era perfecto, suave, la bebida estaba fría, disfrutaban del dolce far niente y de los amigos. «Yo es que siempre he sido muy disfrutona –recuerda dos años después con un nuevo rostro y un cuerpo sellado por las cicatrices–. Quiero vivir, siempre he querido vivir. Me gusta salir, divertirme. Por eso estoy aquí y por eso no estoy muerta».
Después
Antes
Carmen en Canarias, en julio de 2024, justo antes de sufrir la picadura de araña que le desencadenó un proceso de fascitis necrosante. A la derecha, en su casa hace unos días, con su perro Coco..La araña que le picó no era venenosa, pero le transmitió una bacteria llamada Vibrio vulnificus, conocida por sus consecuencias más funestas como la bacteria 'comecarne'. «En ese momento no sentí nada especial. Solo era una picadura. Tardé varios días en empezar a notar los síntomas». Carmen tenía el sistema inmunitario hundido y esa fue la razón de que una bacteria que en otras personas podría haber sido inocua, en ella tuviera un efecto devastador que desencadenó un proceso de fascitis necrosante. De repente su propio cuerpo empezó a atacarla. Fiebre alta, debilidad. Confusión. Los órganos fallaron en cadena. Tensión baja. Corazón taquicárdico. Angustia. Desconcierto. ¿Qué estaba pasando?
Hasta dos veces la mandaron a casa del hospital diciéndole que no tenía nada. Pero cuando el doctor Marcos Granados –jefe del Servicio de Urgencias y Cuidados Intensivos del Hospital San Roque– la vio entrar, se dio cuenta de que estaba en situación de shock séptico y la llevó a la UCI sobre la marcha. Las últimas palabras que recuerda antes de caer en el sopor de la inconsciencia fueron las del médico cubano diciéndole: «Carmen, para salvarte la vida te tengo que dormir». Pero en aquel instante el doctor, con décadas de experiencia a sus espaldas, no estaba seguro de que aquella mujer de 59 años tuviera realmente alguna oportunidad de salvarse.
Carmen Gil, antes del trasplante, junto con su hija Brenda.Mientras ella dormía, su marido iba recibiendo malas noticias y amenazas de amputaciones. De carácter fuerte y voluntad hiperactiva, Carlos movía cielo y tierra por lograr que su mujer fuese trasladada a un hospital de la península con más medios, y el 5 de septiembre, por fin, un avión medicalizado llevaba a Carmen a Barcelona.
Pese a la sedación, la paciente recuerda algunas imágenes de aquel viaje, y solo seis días después, el 11 de septiembre, salía oficialmente del coma.
Cuando despertó, pesaba 41 kilos. Había perdido toda su musculatura y no podía mantenerse de pie. En la UCI del Hospital Clínic le hicieron lo que técnicamente se llama 'el desbridamiento', que es la eliminación de tejido muerto, dañado o infectado de las heridas.
Carlos, su marido –se dedican juntos al negocio de las clínicas dentales–, ha estado en cada paso. «A él le llegaban todas las malas noticias», dice Carmen. «Yo pensaba que me iba a volver loco», replica Carlos.En la visita, donde la acompañaban su hija Brenda y su marido, Carlos, el doctor Barret fue claro y didáctico con respecto a sus opciones: la primera es no hacer nada; la segunda, la reconstrucción a través de cirugía plástica reparadora con injertos del propio cuerpo, que conllevaría varias operaciones, años y la no recuperación completa de la funcionalidad; y la tercera, el trasplante de cara, para lo que tendría que aparecer una donante, y cuyo proceso conlleva ciertos peligros, incluida la muerte, como ilustra el caso de la francesa Isabelle Dinoire.
El primer trasplante de cara parcial de la historia se realizó en noviembre de 2005 en el Hospital Universitario de Amiens (Francia). La paciente, Isabelle Dinoire, había sufrido lesiones tras una mordedura de su perro y su nuevo rostro ocupó las portadas de medio mundo. Desde entonces se han realizado 54 trasplantes de cara, pero Isabelle Dinoire sobrevivió apenas once años a su trasplante. ¿Por qué?
«No quería injertos, sino un trasplante. Yo quería vivir como antes. Comer, salir, achisparme, tomar un café, pasear por la playa. Prefiero 10 años vividos plenamente que 20 malos. Lo tuve muy claro»
«Una de las causas de su muerte fue un cáncer de útero por la inmunosupresión (la medicación para evitar el rechazo) –explica Barret–. Pero el motivo final fue que al dejar esa medicación se produjo una necrosis del tejido trasplantado».
Carmen no quería injertos y era consciente de los peligros, pero no dudó en elegir el trasplante, pese al caso de Dinoire. Lo cuenta con su habitual sentido del humor: «Yo no quería 'chorizos' en la boca. Con los injertos puedes entrar más de doce veces en el quirófano y no quedar bien. Yo quería vivir como antes. Comer, achisparme, tomar un café, salir a pasear por la playa. Prefiero 10 años vividos plenamente que 20 malos. Lo tuve muy claro. Desde que conocí a Barret, me sentí en buenas manos. Nunca tuve miedo. De hecho, cada vez que entro en el hospital y pregunto por él, digo: '¿Ha venido ya Dios?'».
Carmen y Carlos, su marido, revisan álbumes familiares con fotos anteriores a la operación.Uno de los logros de los que más satisfecha se siente es de poder beber: un café, una Coca-Cola… Antes se le caían, pero con la rehabilitación ha logrado controlar esos movimientos. «Mi próximo reto es comerme un bocadillo de jamón con el pan calentito y tomate, porque aún no abro del todo la boca, y con el pan me haría daño».
¿Y los besos? ¿Puede besar Carmen con esa boca perfecta? «Aunque no lo parezca –interviene Barret–, debajo de ese labio, todo el músculo orbicular, que es el que frunce y proyecta los labios hacia delante, es suyo. Aunque todo lo de fuera, el envoltorio, es trasplantado».
«Estoy practicando para dar besos hacia fuera, porque de momento solo me salen hacia dentro, pero aun así yo beso como puedo. A mi hija la hincho a besos. A mi marido le da un poco de miedo hacerme daño, pero nos besamos. Y a los amigos… también. Lo que pasa es que como estoy con mucha medicación, a veces les digo: 'Bueno, vale ya por hoy: ya tengo el cupo de besos, que sois muchos y con los virus nunca se sabe'».
DR. JOAN-PERE BARRET
Jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Universitario Vall d'Hebron y responsable de tres trasplantes de rostro
«Una cara es lo que somos, no guapos o feos, sino lo que transmitimos: afecto, miedo, cariño...»
De niño, el doctor Barret fabricaba sus propios juguetes. Quería ser carpintero, como su padre, hasta que empezó a fascinarse por el cuerpo humano y encontró su otra vocación. «A mí me gusta creer que a todos nos dan una especie de destino, y a mí me llevó a ser médico». Aprendió a hacer injertos, todavía lo recuerda, el 2 de enero de 1992, cuando en su primer día de residencia le pusieron en el quirófano ante un quemado y le dijeron: «Hazlo». Desarrolló su carrera en Estados Unidos («donde en un par de años avanzas profesionalmente lo que en otros países en una década»); a principios de los 2000 en Londres estuvo inmerso en una investigación para llevar a cabo el trasplante de cara. «Entonces estaba todo muy efervescente, no se había hecho todavía el primero, pero ya estábamos buscando la manera». Y en su etapa holandesa tuvo como maestros a pioneros de la microcirugía.
Cuando al fin volvió al Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, lo hizo como jefe de servicio: en 2010 lideró el primer trasplante total de rostro del mundo; en 2015 realizó el segundo trasplante en el centro, el primero a nivel mundial en asistolia controlada; y en septiembre de 2025 operó a Carmen Gil, el primer trasplante de cara del mundo utilizando a una donante que recibió la eutanasia.
«Los avances e innovaciones en cirugía siempre se acaban dando como respuesta a las necesidades de los enfermos. Te llega un caso y empiezas a buscar. Primero todo es teoría, luego todo está preparado y poco a poco la cosa se pone más seria. En el momento de la verdad, el primer sorprendido es uno mismo cuando de repente miras hacia atrás y ves que todo el mundo te sigue. El equipo no sabe si va al barranco o a la gloria, pero te sigue...». El trasplante de Carmen, por ser parcial y por todas las facilidades que había dado la donante, se resolvió en 16 horas, pero el que hizo en 2010, el primero, duró 27 horas.
Entre Carmen y él se ha establecido una relación muy cercana, y una de las cosas que más agradece de Barret, al que a veces llama «Leonardo da Vinci» y otras «dios», es su cercanía. «Los médicos tenemos que ser profesionales, que no fríos —acota Joan-Pere—, pero luego volver a ser emocionales cuando estás ante el paciente dándole explicaciones. A veces dar un abrazo es importante. Yo recuerdo a pacientes por los que no he podido hacer nada, pero me han dado las gracias por haberles escuchado o me han dicho: 'He visto a 20 médicos en cuatro años y usted es el primero que me da la razón'».
Por su forma de ver el mundo y la medicina entiende muy bien que una cara no 'solo' sirve para proteger el ojo o poder comer, también «para reconocernos, para expresar afecto, miedo, cariño. Realmente una cara es lo que somos, no guapos o feos, sino lo que transmitimos».
Con respecto al sentido del humor y el carácter de Carmen para tomarse su desgracia, Barret es un científico y, sin embargo, no se arredra a la hora de hablar de intangibles: «Creo que a veces es el destino que te busca. Hay personas a las que les pasan cosas para que luego puedan hacer otras, como forma de devolverlo a la sociedad. Seguro que conocer la historia de Carmen les da esperanza a otros que en este momento están sufriendo».
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