Desde octubre los dos hombres, uno con pensión y el otro con trabajo, alternan noches durmiendo al raso en el Casco Histórico y en hostales cuando pueden pagarlo
Regala esta noticia Arturo, de 86 años, junto a su nieto Juan José, en la entrada de una oficina bancaria en la que han pernoctado. (García)Marbella
07/05/2026 a las 00:01h.Camina a un paso más o menos ligero, pero tiene que pararse cada poco tiempo. Se sienta, toma aire y lo justifica: «Tengo aplastada una ... vértebra, la L1», cuenta Arturo Hurtado de Mendoza. El camino, a petición del periodista, lleva al mismo lugar donde ha estado posada esa L1 y el resto de la columna vertebral: la oficina de una entidad bancaria en el Casco Histórico de Marbella. No lo hizo solo porque en este viaje Arturo está acompañado por uno de sus nietos, Juan José Urda. Y estos días tampoco lo está haciendo. Es principios de mes, Arturo ha cobrado su pensión, y Juan José, que trabaja en las cocinas de un hospital privado de la ciudad, ha percibido su salario, por lo que estos días sus espaldas descansan sobre el colchón de la habitación de un hostal. Y en esa combinación de suelo y hostal llevan desde el pasado octubre, el mismo mes en el que Arturo cumplió 86 años. «Pero te cobran más de 100 euros por un día, así que es imposible poder pagarlo un mes entero».
Arturo fue también empleado municipal, el puesto de trabajo con el que se jubiló, y entre medias montó una copistería que se llevó por delante todos sus ahorros —cuando cayó con la crisis y el estallido de la burbuja inmobiliaria— y fue agente de una conocida agencia de seguros. ¿Y no le dio todo eso para comprarse una vivienda? «Sí, pero la vendí para operar a mi mujer en un hospital privado. Eso en la Seguridad Social no se lo podían hacer, no necesitó ni rehabilitación, pero murió de un virus hospitalario; me dijeron que denunciara, pero no lo hice, la incineré», relata.
«Mi padre decía 'el mundo da muchas vueltas y ayer se cayó una torre', y yo he sido esa torre»
Arturo llega sin necesidad de hacer más pausas hasta el rellano que da entrada a la oficina bancaria. Se sienta y se quita la chaqueta. El resto de su ropa y sus objetos personales se reparten entre el hostal, la casa de un amigo y un trastero. ¿Se imaginó alguna vez que acabaría durmiendo en la calle? «Mi padre decía 'el mundo da muchas vueltas y ayer se cayó una torre', y yo he sido esa torre». Estos días no tendrá que hacerlo. Y esta vez no es una habitación cualquiera: tiene cocina, lo que garantiza poder comer caliente. Porque cuando no la hay, ya sea en un hostal o cuando está en la calle, y el dinero se acaba, el menú se reduce a «pan de molde con fiambre o chorizo».
Dignidad
Desde que su caso salió en una cuenta en redes sociales dedicada a Marbella, Arturo y Juan José han recibido ayuda de «gente que nos han pagado una o varias noches en el hostal, yo lo agradezco de corazón, pero no quiero vivir de la caridad». En realidad, lo que quiere es dignidad. O dicho de otro modo: «Queremos pagar un alquiler, porque con mi pensión y el sueldo de mi nieto tenemos 2.400 euros y podemos hacerlo», explica. Y lo reitera una y otra vez: «Ponlo, ponlo, es lo que pido», le dice al periodista. En realidad, su problema no está en poder asumir un alquiler, aun en estos tiempos de precios desbocados, sino en las condiciones: «Te piden una fianza de tres meses, yo lo entiendo, pero eso no podemos pagarlo», apunta. «O de diez o una nómina de más de 1.700 euros», agrega su nieto.
El inmueble a su alcance lo encontraron en Málaga: 450 euros, con gastos y comida incluidos, residiendo en la casa de una familia, pero tuvieron que dejarla el pasado mes de junio. Lo paradójico es que cuando eso ocurrió Arturo volvió a la que hoy sigue siendo su casa: una vivienda protegida de la que afirma que es adjudicatario junto a una de sus hijas, la madre de Juan José. Asegura que sigue teniendo las puertas abiertas, aunque la última vez fue cobrándole alquiler, pero no su nieto, y no quiere dejarlo. Y más allá de eso, afirma que le resulta imposible seguir residiendo ahí «por una muy mala convivencia» con la pareja de su hija. Arturo prefiere seguir como está a la espera de encontrar una casa. De momento, asegura, «tenemos pagado el hostal hasta el sábado».
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