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La vida de Liza Minnelli: gloria, drogas y desamor

La vida de Liza Minnelli: gloria, drogas y desamor
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Recién cumplidos los 80, la diva vuelve al primer plano con un documental, una canción y la publicación de sus memorias

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El regreso de la estrella rompe un silencio de más de trece años. R. C. La vida de Liza Minnelli: gloria, drogas y desamor

Recién cumplidos los 80, la diva vuelve al primer plano con un documental, una canción y la publicación de sus memorias

Gerardo Elorriaga

Sábado, 14 de marzo 2026, 00:19

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Liza Minnelli ha vuelto o, quizás, no. La Inteligencia Artificial ha diluido la frontera, antes recia, que separaba la realidad y el artificio, y alentado una peligrosa confusión entre certeza y simulacro. La actriz, que el jueves cumplió 80 años, asegura que es su voz la que se escucha en 'Kids, Wait Til You Hear This', pero hay quien asegura que se trata de una clonación y que no ha participado en la grabación de esta extraña canción de poderoso estilo deep house tan ajena a su estilo habitual. La propuesta ha sido producida por la compañía ElevenLabs, especializada en los nuevos medios, circunstancia que alienta las sospechas, aunque la protagonista ya ha afirmado que sólo se ha recurrido a la tecnología de vanguardia para añadir arreglos.

La mediocridad de la composición es la única certeza en este asunto. La artista, o su doble, se limita a introducir algunas frases en el ritmo dance. En cualquier caso, resulta evidente de que se trata de una estrategia meramente promocional. La canción tiene el mismo título que las memorias que se publicarán el próximo mes. Trece años después de su última melodía original, presentada en una serie televisiva, este regreso no anuncia un disco propio, sino la publicación de 'Eleven Album', obra colectiva con músicos de diversa condición entre los que se encuentra otra vieja gloria como es Art Garfunkel.

El regreso de la estrella al primer plano rompe un silencio de más de trece años y se desarrolla a través de varios hitos. El primero tuvo lugar en 2024 con 'Absolutamente real', un documental en el que se narraba su trayectoria personal y profesional con la participación de la propia protagonista. El relato hace hincapié en el proceso que condujo a una joven aspirante a actriz, hija de todo un icono como Judy Garland, hasta su conversión en una diva que, posiblemente, haya superado en fama a su progenitora. Este éxito resulta realmente excepcional porque la Dorothy de 'El mago de Oz' forma parte del universo cultural anglosajón.

El arrollador triunfo de Liza se produjo sólo tres años después de la muerte de su antecesora, en 1969. La joven asumió el rol principal de una película que adaptaba un musical, a su vez inspirado en el libro 'Adiós a Berlín' del escritor Christopher Isherwood. Ella encarnaba a la bailarina Sally Bowles y la historia se llamaba 'Cabaret'. La recepción crítica y de público fue clamorosa. La intérprete demostró su enorme talento como actriz y cantante, una característica voz de contralto, la capacidad para asumir complejas coreografías y, en suma, crear un personaje integrado en el imaginario común, más allá de identidades específicas. Fue el principio de toda una leyenda.

La resiliencia es una de las virtudes que se le atribuyen. Sus facultades escénicas no se discuten y, sobre todo, quedan de manifiesto con la condición de EGOT, es decir, de ser una de las escasas figuras del espectáculo que ha recibido el cinematográfico Óscar, el teatral Tony, el musical Grammy y el televisivo Emmy, los galardones del show business estadounidense.

Pero los paralelismos con las cualidades de su madre no se limitan a la excelencia profesional, también se establecen con su dramática trayectoria personal y ahí la hija quiere establecer diferencias. El tópico de que cuando las luces se apagan aparece el lado oscuro no resulta falso en el caso de Minnelli y Garland.

La madre fue una niña en el sistema de los grandes estudios y, como otras adolescentes encumbradas, sufrió fuertes presiones, incluida la instigación a consumir fármacos para adelgazar, dormir o rendir más en el plató. La adicción a las drogas y el alcohol fue provocada y contribuyó a su prematuro envejecimiento y desaparición, debida a una sobredosis de analgésicos.

Bajada a los infiernos

El discurso de Liza cambia completamente el foco. No niega su responsabilidad con problemas de la misma índole, pero no esconde la verdad, como sucedía en el Hollywood clásico y reconoce que ha pedido ayuda. La bajada a los infiernos fue diferente. La estrella comenzó consumiendo Valium tras la muerte de Judy y diversificó su drogadicción debido a la participación en la escena nocturna de Nueva York de los años setenta y principios de los ochenta, sobre todo en los círculos que frecuentaban la mítica discoteca Studio 54. Quienes la trataron entonces, caso de Andy Warhol y el diseñador Halston, aseguraban que demandaba todo el catálogo de sustancias disponibles.

Es una de las escasas figuras del espectáculo que ha recibido todos los galardones del show business estadounidense

No sólo supo huir de las drogas. También se recuperó de una encefalitis vírica y su última biografía abunda en la cualidad de 'ave fénix' en el plano creativo. La artista ha alternado el Broadway tradicional con proyectos con los Pet Shop Boys y cambiado las grandes producciones de la gran pantalla con intervenciones en series como 'Arrested Development', en las que sabía reírse de sí misma.

Las similitudes entre las dos divas no se limitan a una extraordinaria carrera y los malos hábitos. Hay otras semejanzas aún más perturbadoras y que sugieren cierta inestabilidad emocional. La primera se casó cinco veces y la primogénita, cuatro. A Judy se le atribuye el matrimonio con dos homosexuales, Vincente Minnelli, el padre de Liza, y Mike Herron, y a la hija, con el cantautor australiano Peter Allen. También ambas comparten la condición de iconos gay y su alineación dentro de la corriente hollywoodiana más liberal y comprometida, en el caso de la segunda a través de convertirse en altavoz de la lucha contra el VIH Sida.

La clave del éxito de Liza, según ella misma, radica en haberse sabido rodear de gente interesante y extravagante, con un sentido del espectáculo que se contagiaba y, a ese respecto, menciona a la cantante y compositora Kay Thompson o al genial coreógrafo Bob Fosse. «No vayas por ahí con gente que no te guste» fue uno lo consejos que recibió de aquellos maestros. ¿El resultado? Un estatus de tales dimensiones que se aprecia en el contundente hecho de que es reconocida, simplemente, por su nombre de pila. ¿Quién puede compartir tal privilegio? En Norteamérica, por ejemplo, una tal Judy.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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