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La vida en Málaga de un joven universitario con leucemia: «Me gusta pensar que tiene sentido seguir estudiando»

La vida en Málaga de un joven universitario con leucemia: «Me gusta pensar que tiene sentido seguir estudiando»
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A Kaloyán Ilkov Dimitrov le diagnosticaron la enfermedad mientras estudiaba Bachillerato: «En los exámenes finales me empecé a encontrar mal. Pensaba que era por el estrés»

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Antonio Castro La vida en Málaga de un joven universitario con leucemia: «Me gusta pensar que tiene sentido seguir estudiando»

A Kaloyán Ilkov Dimitrov le diagnosticaron la enfermedad mientras estudiaba Bachillerato: «En los exámenes finales me empecé a encontrar mal. Pensaba que era por el estrés»

Antonio Castro

Lunes, 26 de enero 2026, 00:09

«Fui a urgencias en Marbella, estuve ocho horas ahí y cuando me dijeron por fin que tenía algo, fue una buena noticia, significaba que por fin se me iba a quitar este malestar»,explica. Pero al descubrir que era cáncer todo cambió. «Era duro porque me dijeron que iba a tener que estar ingresado un mes. Ese mes se convirtió en cinco meses en los que no salí del hospital. Tras muchísima quimio y un trasplante de médula, me puse mejor y estuve un año perfecto. Conseguí entrar a la universidad, conocí a mis compañeros, pero en enero de 2025 recaí».

Segundo año en Ingeniería del Software

Kaloyán cursa el segundo año Ingeniería del Software en la ETSI Informática, pero esa no fue siempre su primera opción. De pequeño le interesaban las finanzas y las matemáticas. Mientras estudiaba en la ESO y bachillerato, decidió que quería ser piloto, pero ese sueño se frustró con el diagnóstico, cuando los médicos le dijeron que tenía que estar cerca del hospital y que no podía hacer ejercicio. «Mi otra opción era informática, me parecía bastante interesante, soy bastante creativo y me parece algo que es técnico pero también tiene bastantes partes de creatividad».

La enfermedad impide que Kaloyán pueda acudir a clases con normalidad, pero eso no le hace dejar de seguir mirando hacia delante. «Voy todos los días a la biblioteca y estudio tres horas, vuelvo a casa a comer y estudio otra hora más. Intento estudiar siempre cuatro horas al día. Los exámenes los hago por videollamada. Eso me ayuda a mí y creo que también a los profesores. A lo mejor un estudiante de educación infantil necesita hacer prácticas con niños, yo lo puedo hacer todo por el ordenador».

Pero el diagnóstico no solo cambió la forma de estudiar de Kaloyán, también afectó a su forma de relacionarse. «Yo era una persona súper activa, me levantaba, estudiaba, iba a clases y no volvía a casa. Estaba en academias, boxeo, bicicleta, pero ya no puedo hacer ningún tipo de deporte físico y no puedo juntarme con la gente, a mí eso me destruye, me gusta mucho socializar».

«Voy todos los días a la biblioteca y estudio tres horas, vuelvo a casa a comer y estudio otra hora más. Los exámenes los hago por videollamada»

«Solo fui a clases el primer semestre del año pasado y es difícil que alguien se preocupe por ti con tan poco tiempo, pero al final me pasan los apuntes y las fechas de trabajos y exámenes», explica. «Mis padres son un apoyo fundamental, siempre me han intentado mantener súper optimista», añade Ilkov.

Pero el apoyo que recibe Kaloyán no se queda exclusivamente entre las paredes de su casa. «La universidad ha sido un gran apoyo. Contactamos con la oficina de atención a la discapacidad para presentar mi caso y que nos dieran un informe para presentar a los profesores, para que sepan que no estamos mintiendo y que nos hagan todo el proceso online», afirma Ilkov.

«Entré en un grupo con más chicos y chicas de la UMA que están pasando por un proceso similar, eso te hace ver que no estás solo y te motiva a ver que la gente como tú sigue estudiando», añade. «Nos juntamos para cualquier cosa».

Un futuro claro: IA orientada a la salud

Kaloyán lo tiene más que claro. En el futuro le gustaría dedicarse a la inteligencia artificial para encontrar soluciones a problemas relacionados con la salud. «Cada vez hay menos mano de obra en los hospitales y más demanda, se necesita algo que al menos ayude al proceso».

Pero pese a todo, Kaloyán encuentra pequeños huecos para hacer lo que más le gusta y evadirse de la realidad. «Andar me limpia la cabeza, puedo andar kilómetros y cuando vuelvo a casa, ya estoy ansioso. Salgo a andar y vuelvo como nuevo, eso me ayuda muchísimo», afirma. «A mí me influye mucho pensar que voy a estar bien y que tiene sentido seguir estudiando porque todo va a seguir adelante y voy a volver. Pero cuando me dan una mala noticia en el hospital, caigo bastante».

Pero donde el futuro ingeniero encuentra su lugar de paz es en el arte. «Dibujar también ha sido muy importante para mí porque me gusta hacer cosas con las manos y mientras dibujo no pienso en lo duro de la enfermedad. Me siento feliz y orgulloso del resultado de mi dibujo», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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