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La vizcaína a la que no le dejan viajar por tener más de 78 años

La vizcaína a la que no le dejan viajar por tener más de 78 años
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Los mayores se revelan contra los prejuicios que conducen a la lástima y a la imposición unilateral. Luchan para erradicar esta fobia excluyente

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Miren, que cada mes de octubre emprendía un viaje a un lugar exótico, ya no podrá hacerlo con su agencia de siempre. R. C. La vizcaína a la que no le dejan viajar por tener más de 78 años

Edadismo ·

Los mayores se revelan contra los prejuicios que conducen a la lástima y a la imposición unilateral. Luchan para erradicar esta fobia excluyente

Gerardo Elorriaga

Sábado, 14 de marzo 2026, 00:29

... mujer jubilada, cada mes de octubre emprende un viaje a un lejano lugar exótico y soleado que le permite alargar el verano, siempre imprevisible del País Vasco. Pero este año ha sido distinto. Su habitual agencia de viajes no le hizo llegar el acostumbrado programa y cuando acudió a la oficina le explicaron que esta vez no podía acceder a la oferta al haber superado los 78 años. La empresa, por su parte, asegura que no es así, que sus propuestas no son excluyentes; que a partir de cierta edad se estudia caso por caso porque sus itinerarios son activos y «se debe aplicar el sentido común». No obstante, admite que esos cambios que asegura no haber implementado han generado «frustración y ansiedad» entre su clientela más fiel.

Cuando esgrimimos que las personas mayores son frágiles y están enfermas, que no se adaptan y resultan anticuadas, que carecen de vida sexual o la que practican se antoja inapropiada, evidenciamos prejuicios que suelen conducir a la lástima y a la imposición unilateral. «Los prejuicios se convierten en sentimientos y se traducen en comportamientos», señala. «Se les trata como si fueran niños, se decide en cuestiones que les afectan sin pedir su opinión, o se les sobreprotege según tics paternalistas, se asumen sus tareas para privarles de esfuerzos y se entiende, en última instancia, que carecen de proyectos vitales».

1973 año

en el que se acuña por primera vez el término edadismo, que saltó a la esfera pública gracias a su empleo por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El edadismo, en su opinión, suele ser muy sutil, y sus expresiones se han normalizado en la vida cotidiana. «Las hay muy tópicas como nuestros mayores o abuela, elogios trampa del tipo 'a pesar de su edad', o apelativos, caso de cariño o cielo, que denotan esa falta de respeto». Los medios de comunicación, sostiene, también contribuyen a una percepción sesgada «reduciendo su presencia a la condición de héroes o víctimas de situaciones de vulnerabilidad».

El imaginario difundido por las redes sociales en torno al colectivo incide asimismo en una visión peyorativa. «Se viralizan los aspectos más ridiculizantes ya sea haciendo cosas impropias o memes que mofan de su torpeza tecnológica o sexual». Incluso la señalética promueve una visión tópica. «A menudo, en transportes y servicios, aparecen con cuerpos encorvados, él con boina y ella con moño». El daño autoinfligido es una de la consecuencias más perjudiciales. «Conduce a que el sujeto deje de opinar, pierda su participación en la sociedad y se limite a cuidarse, algo que hacemos todos, aunque nosotros transversalmente», denuncia.

«Si no generas, no sirves»

El riesgo es asumir mochilas que el portador no quiere llevar, tal y como indica Guillermo Fouce, doctor en Psicología y profesor de Ecología Social en la Universidad Complutense. «Estas presiones fuerzan a asumir una discapacidad que no tienen», lamenta y relata que el individuo se comporta en función de lo que se espera de él y, de esta manera, se opta por reducir drásticamente una realidad mucho más compleja. «No hay una tercera edad, sino una tercera, cuarta y quinta, pero el estereotipo cultural, construido a lo largo de la historia, lo simplifica».

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Miren es una aventurera empedernida. R. C.

Esa visión tan nefasta se sustenta, en su opinión, en el principio de la utilidad social. «Se basa en la productividad, es decir, que si no generas, no sirves», alega y habla de la existencia de una fobia tan preocupante como la que afecta a las mujeres o los inmigrantes, y que nos remite a unos ideales, socialmente admitidos, que premian la juventud y la belleza física como virtudes aspiracionales.

«El maltrato más duro es interpersonal y con frecuencia tiene lugar en el ámbito familiar»

Jesús Norberto Fernández

Plataforma de Mayores Pensionistas (PMP)

Jesús Norberto Fernández, presidente de la Plataforma de Mayores Pensionistas (PMP), asegura que no hay datos cuantitativos alrededor del edadismo, pero que supone un comportamiento cotidiano. «Nos discriminan continuamente en todo tipo de interacciones, tanto en el acceso a los bienes y servicios, como ante las administraciones públicas y privadas». Su organización dispone de un teléfono (900-222222) para denunciar estas prácticas, si bien los afectados pueden dirigirse a las oficinas ex profeso dispuestas por las comunidades autónomas, las diputaciones y los ayuntamientos. «No hay un repositorio global que permita calcular sus dimensiones», critica.

50 por ciento

de los ciudadanos mayores han tenido malas experiencias en las relaciones con las instituciones, según los datos que maneja la PMP. Las principales quejas se refieren a la negación del derecho, el maltrato verbal o la reclamación de una atención personal y no robotizada.

Reclamar a la agencia de viajes discriminadora con un informe médico del usuario que avale su estado de salud es la primera medida que sugiere a Miren. Si no se produce una respuesta satisfactoria, aconseja dirigirse a la oficina de información al consumidor (OMIC). Fernández también recomienda contactar con asociaciones especializadas que pueden aportar ayuda jurídica. «No hay que pasar ninguna porque, al final, son iniciativas que nos ayudan a todos», sostiene, y recuerda que la ley 15/2022 de igualdad de trato y no discriminación establece una autoridad independiente para gestionar las quejas, promover actuaciones y que varias sentencias del Tribunal Supremo han condenado esa desigualdad.

Sin ningún papel

Las relaciones con las instituciones concitan muchas quejas en las que se alude a la negación del derecho, el maltrato verbal o la reclamación de una atención personal y no robotizada. «Entre el 40 y el 50% de los ciudadanos mayores ha sufrido en este escenario», revela. Pero el edadismo más sangrante, posiblemente, se produce de puertas adentro. «El más duro es interpersonal y con frecuencia tiene lugar en el ámbito familiar», señala. Nada menos que el 60% se siente discriminado en el trato. «No se le da su papel y sufren una infantilización en el lenguaje o hay faltas de respeto, algo que mina psicológicamente».

900 22 22 22 número de teléfono

que la Plataforma de Mayores Pensionistas (PMP) pone a disposición de los usuarios para denunciar posibles casos de discrimación por razones de edad.

La marginación autoinfligida es el resultado final. «Una tercera parte se siente orillado y acaba cayendo en una autopercepción negativa, en el pensamiento de que no valen, con graves consecuencias en la salud mental y la calidad de vida». A veces, el contexto se confabula para que los individuos se sientan socialmente inferiores y es que algunas prácticas económicas se antojan abusivas. «Hay seguros privados sanitarios que no aceptan clientes mayores de 65 años, suben las cuotas o revisan la póliza y sólo admiten maniobras de bajo coste después de cotizar veinte años».

El cambio social es demasiado lento. «Ya dijo Einstein que es más fácil destruir un átomo que un estereotipo», aduce, y señala que ha habido iniciativas tan relevantes como la promovida por Carlos San Juan bajo el nombre 'Soy mayor, pero no idiota' en la que reclamaba atención personal a los individuos desconectados del entorno digital y que recolectó 600.000 firmas. El resultado fue la creación de una comisión de diálogo entre las entidades financieras y organismos de representación de los mayores. «Tenemos que luchar», advierte Fernández. «Nos hemos jubilado de nuestro trabajo, no de nuestros derechos».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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