Un hombre lleva un casco con la bandera venezolana mientras la gente busca los cuerpos de sus seres queridos bajo los escombros tras los terremotos. Leonardo Fernandez Viloria Reuters
América La 'zona cero' de los terremotos en Venezuela, un mes después: "De haber tenido ayuda, tal vez sacamos más gente viva"Se cuentan 5.398 fallecidos, 16.740 heridos y 6.462 personas rescatadas con vida de entre los escombros.
Más información:La cifra de muertos en el doble terremoto de Venezuela asciende a 5.346 personas
Génesis Carrero La Guaira (Venezuela) Publicada 24 julio 2026 02:48h Las clavesLas claves Generado con IA
Aunque han pasado 30 días exactos desde el doblete sísmico que sacudió siete regiones de Venezuela, el tiempo parece haberse detenido en La Guaira, la zona más golpeada por los efectos del desastre y donde los familiares, sobrevivientes y voluntarios se niegan a irse sin los cadáveres, pese a las múltiples complicaciones para recuperarlos.
"Ellos son nuestras familias, como los dejamos desamparados allá abajo, por capricho, por mal trabajo, por mala gerencia. Tenemos que seguir nosotros y hacerlo, encontrarlos".
La cifra de muertos en el doble terremoto de Venezuela asciende a 5.346 personasEl testimonio de Hildegar Mujica, un hombre que busca a la madre de sus hijos entre los escombros de las "Residencias Caribe", en el corazón de La Guaira, es la letanía que todos los sobrevivientes repiten mientras arañan el concreto con sus manos para encontrar a los suyos.
Salvo las vías despejadas y algunos pocos comercios abiertos al público, la estampa en La Guaira es la misma que aquel 24 de junio, cuando dos terremotos con 39 segundos de diferencia provocaron el desplome de más 856 los edificios afectados en todo el país, la mayoría de ellos en la llamada "zona 0".
Una polvareda densa y espesa acompaña el transitar de quienes recorren el litoral central venezolano. Al lado que miren se encuentran con montañas de escombros y edificios en ruinas que parecen atacados por algún monstruo que abrió sus fauces y mordió las paredes, dejando expuestos los hogares de miles de ciudadanos.
Camas, baños, closets, roperos, vidas enteras quedaron a la vista de propios y ajenos que recorren una y otra vez centros de acopio buscando comida, bebidas frías y atención médica para paliar los problemas respiratorios o las heridas que causa el trabajo entre el concreto y las vigas.
Los médicos de todas las especialidades, los voluntarios que buscan en los escombros, los ingenieros que apoyan en la evaluación de los daños, los que reparten comida, las organizaciones de ayuda desplegadas, las familias que viajan a diario desde Caracas para ofrecer al menos café a los que siguen trabajando, todos lidian con las moscas verdes y azuladas que se instalaron en esta región y que amenazan a los sobrevivientes con enfermarlos también.
En La Guaira, la 'zona cero' de los terremotos de Venezuela: cadáveres sin recoger, saqueos y gritos entre los escombrosLa cuenta oficial avanza tan lento como los rescates. Hasta este jueves se cuentan 5.398 fallecidos por los terremotos, 16.740 heridos y 6.462 personas rescatadas con vida de entre los escombros.
Y aunque no hay cifras oficiales de desaparecidos porque el Gobierno de Delcy Rodríguez insiste en que la prioridad es buscar personas con vida antes de declararlas perdidas, la plataforma ciudadana "Desaparecidos Terremoto Venezuela" registra más de 29.000 ciudadanos cuyo paradero es desconocido tras el desastre.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) ha situado el número de personas desaparecidas en 50.000, un dato que el Gobierno no ha dado como oficial.
Sin resignarse
Mercedes Carrillo viajó desde Táchira, una región fronteriza a más de 800 kilómetros de La Guaira para buscar a su hermano de 39 años, Daniel Enrique Roa Colmenarez, tapiado entre los pedazos de la OPPE 27, uno de los urbanismos del programa habitacional del chavismo creado para dar viviendas a personas sin casa que se cayó como consecuencia de los terremotos.
Para ella no hay resignación posible. Asegura que buscará hasta poder encontrar a su hermano aunque tenga que pasar un mes más viviendo en una carpa, cerca de lo que quedó de la edificación donde vivía Daniel y que quedó reducido a escombros, basura y moscas.
EEUU suspende las sanciones a Venezuela y envía 150 M de ayuda: Trump respalda a Delcy en la peor hora del régimen"Su esposa murió, estaba embarazada de gemelas, con siete meses y nos falta encontrarlo a él. Lo que queremos es buscarlo, conseguir su cuerpo para poderme ir a casa junto con él (...) Lo que quiero es llevarlo a casa con mi mamá, es lo que yo quiero", dijo.
Ni ella ni ninguno de los "buscadores", como se hacen llamar los familiares y sus amigos que siguen excavando en los escombros, piensan en retirarse.
Óscar Escalona viene desde Zulia, ubicado en el noroeste de Venezuela, describe como "duro y doloroso" el trabajo que hace desde el pasado 26 de junio en La Guaira, donde perdió a 12 familiares y aún busca los cuerpos de cuatro de ellos que no han podido recuperar.
"Lo más difícil ha sido la ayuda, la maquinaria que no tuvimos desde el principio y que si la hubiésemos tenido tal vez sacábamos más gente viva, pero aquí estamos y aquí seguiremos", dijo.
En la OPPE 25, otro de los urbanismos del Gobierno que colapsó, Escalona trabaja junto a otros familiares para encontrar los cuerpos. Según los cálculos de este grupo en el complejo de viviendas deben haber unas 1.400 personas tapiadas, de las cuales se han recuperado menos de 400.
Venezuela comienza el diseño de un plan para restaurar las condiciones ambientales de La Guaira tras los terremotosAunque se trata de datos imprecisos, son las cuentas de quienes han estado allí día y noche durante el último mes, ayudándose unos a otros y asumiendo el rol de rescatistas que nunca debieron tomar, pero que adquirieron ante la falta de apoyo profesional que llegó hasta tres días después de los terremotos y que de nuevo es escaso en la zona del desastre.
"Nos hemos enfermado, nos hemos curado, hemos peleado pero seguimos todos aquí porque nadie más los va a buscar por nosotros", dijo Freddy Campos, otro miembro de la familia de Escalona que ayuda en la recuperación de cadáveres.
El sentimiento de pertenencia y la necesidad de permanecer es compartida por voluntarios que insisten en estar presentes en La Guaira. Es el caso del doctor Fernando Jaimes, quien llegó a la localidad el 24 de junio y desde entonces está a cargo de un "hospital de guerra" instalado en la sede de un McDonald's.
Jaimes admite que aún faltan muchas cosas para lograr brindar la atención óptima que esperan a todos los afectados de los terremotos y servir para atender cualquier requerimiento, pero insistió en la voluntad de todos los voluntarios de quedarse.
Manuel, 25 años, rescatista en Venezuela: "El eco de los ladridos de los perros era sinónimo de vida""Todos estamos de acuerdo en que esto tiene que llegar a donde tenga que llegar. Es decir, queremos seguir viniendo, queremos seguir ayudando, queremos seguir gestionando, pero la problemática principal es el transporte", apunta.
"Si nos brindaran el transporte, si nos apoyaran la parte del transporte, pudiéramos seguir viniendo indefinidamente hasta que de verdad se vea que la problemática se soluciona o que dejamos un lugar estructurado que pueda ser tomado ya por personas de la localidad", remarca.
El médico resalta que aún hay necesidades, pese al nivel de organización que han alcanzado, y que ahora mismo necesitan transporte para ir a comunidades y brindar atención directa, así como apoyo para los voluntarios y personal destacado en el sitio.
"La necesidad de la comunidad como tal ha mutado tanto que ya ahora es netamente indispensable ir directo a la persona. Porque ya tenemos el centro que está bastante bien establecido, pero no tenemos la ayuda en los lugares donde no llega nadie, que son las comunidades más alejadas", detalló.
Sin rumbo
El Gobierno encargado computa que 17.907 personas perdieron sus viviendas, pero 23.335 personas continúan alojadas en 107 refugios temporales, muchas de ellas a la espera de que se determine si sus casas, aún en pie, están o no en riesgo.
Mientras tanto, en las calles de La Guaira los residentes caminan y caminan todos los días con grandes bolsos que van llenando de alimentos, comidas preparadas, agua potable, alcohol, medicinas, insumos de higiene personal y cualquier otra cosa que estén donando, porque el trabajo ya no es una opción en un poblado destruido.
De acuerdo con Consecomercio, la organización empresarial más grande de Venezuela, al menos 250 pequeños y medianos empresarios perdieron sus negocios en La Guaira, considerado por muchos como la región turística por excelencia del país caribeño y la puerta de entrada a la nación, pues en ella se ubica el principal aeropuerto y puerto venezolano.
Pero pese a esto, el Gobierno promete una reconstrucción rápida y la gente de la zona, acostumbrada a las catástrofes, pues vivieron el deslave de 1999 y la vaguada del 2010, promete quedarse.