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Asesinato en La Coruña Larysa, la joven de la eterna sonrisa a la que asesinó su compañero de pisoUn día antes del crimen, la víctima y dos inquilinas más advirtieron a su casera de los comportamientos «paranoides» del agresor y el miedo que sentían por él
Santander
Sábado, 21 de febrero 2026, 07:29
Larysa tenía especial predilección por los niños y su pasión eran los animales y la música. Aunque su vocación era ayudar a los demás. Quizá por eso, tras estudiar en el instituto de su ciudad natal, se fue a Logroño en 2024 a trabajar como administrativa para una agencia de marketing especializada en fundraising (captación de fondos para ONG). Un año después, la empresa cerró esa oficina y a los dos jefes de Larysa les ofrecieron la posibilidad de abrir otra en La Coruña, que entró en funcionamiento el pasado mes de septiembre. «Como estábamos contentos con el trabajo de Larysa, le ofrecimos venir a trabajar a esta ciudad», cuenta uno de los jefes, que alquilaron una vivienda y, con cargo a la empresa, buscaron un alquiler para ella en un piso compartido. Ahí fue donde Larysa conoció a Lois G. F. y a sus otras dos compañeras. «A poco de llegar, nos comentó que el chico con el compartía piso, Lois, era majo, que salió alguna vez a pasear con él y que fueron a un museo».
Sin embargo, esa buena convivencia de los primeros meses se torció en vísperas de Navidad. El pasado 17 de diciembre, las tres chicas que compartían piso con Lois tuvieron un desencuentro con él porque le recriminó a Larysa «unas cosas muy raras».
Acusaciones
«La acusó de cogerle unos cascos inalámbricos, y de seguirle por la calle y hacerle fotografías con el móvil, a lo que Larysa le respondió que no había hecho ninguna de las cosas de las que le atribuía», cuenta una de las chicas, y testigo del crimen, que asegura que «Lois insistió en que admitiéramos algo que no habíamos hecho». Horas después, esta joven recibió unos mensajes de Larysa en los que ésta le decía «que Lois estaba borracho y le había pedido perdón».
Sin embargo, dos días después, Lois reunió a Larysa y sus otras dos compañeras de piso para quejarse de que «alguien había entrado por la noche en su habitación y, estando durmiendo, le habían sacado información». «Admitid lo que me estáis haciendo», exigió él. Entonces una de las chicas, que es psicóloga, le ofreció ayuda: «Le dije que si dejaba de fumar marihuana dejaría de tener paranoias». La respuesta del chico fue pedirle un trankimazin y preguntarles si habían hablado con la casera de la situación, a lo que Larysa y ella le dijeron que no, y él se prestó a hacerlo.
En ese momento ambas pensaron que igual Lois abandonaría el piso. Sin embargo, no se quedaron tranquilas y decidieron hablar con la casera por la tarde para exponerle el problema y el «miedo» que sentían por él. Finalizado el encuentro, la dueña de la vivienda llamó a Lois, pero no le cogió el teléfono, por lo que se comunicó con su madre y le informó de todo lo que estaba pasando.
Larysa y su compañera de piso se fueron a tomar algo con unos amigos y cuando regresaron a casa no tuvieron contacto alguno con él. Sin embargo, esta otra joven tenía tal «miedo» que «cogí un cuchillo para meterlo debajo de la almohada». «No podía dormir, así que llamé a un amigo y vino sobre las tres de la madrugada a hacerme compañía».
Al día siguiente, 20 de diciembre, sobre las dos de la tarde, la compañera de piso de Larysa salió de su habitación y se dirigió a la cocina para preparar un café. En ese momento entró por la puerta de casa Larysa, que accedió también a la cocina. «Poco después entró Lois y sin mediar palabra empujó a Larysa, inmovilizándola sobre el mueble del fregadero, sacó un cuchillo del interior de la ropa y empezó a clavárselo».
Debido al estado de «shock» y «nervios» en el que se encontraba, la testigo salió corriendo hacia su habitación al tiempo que gritaba el nombre de su amigo. «Él abrió la puerta, la cerró con llave y me ayudó a poner un mueble para que no pudiera entrar Lois. No vi si me perseguía». Entonces ambos escucharon golpes y como Larysa gritaba: «¡Por favor, para ya!», al tiempo que llamaba a su compañera.
En ese momento avisaron al 112 para informar de la agresión. Pero unos minutos más tarde notaron un fuerte olor a quemado y como entraba humo por la puerta. «Empecé a pedir ayuda por la ventana y mi amigo llamó a los bomberos. Cada vez estaba más nerviosa porque no podía salir de la habitación por miedo a encontrarme con Lois. Entonces decidió salir por la ventana (de un quinto piso) y cuando tenía una pierna fuera oí: 'Bomberos'. Y nos sacaron».
Al mismo tiempo, mientras una dotación de la Policía Nacional detenía al agresor otra asistía a la víctima, que tenía «numerosas heridas incisas sangrantes en cara, cuello, pecho y piernas, que intentaron taponar para evitar la pérdida de sangre». Antes de ser evacuada al hospital, donde falleció horas después, Larysa manifestó: «¡Fue Lois, fue Lois!».
Dos días después, la jueza encargada del caso acordó la prisión provisional del detenido, pero, al detectar los forenses «alteradas sus facultades mentales», fue remitido al Hospital Universitario de La Coruña, donde ha permanecido ingresado hasta que la semana pasada recibió el alta y entró en la cárcel.
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