- Inversiones en el radar de los analistas para comprar con las caídas
- Valores para ganar con las próximas subidas de tipos
El análisis detallado de los últimos precedentes de shocks de oferta arrojan pistas esclarecedoras sobre la cadena de transmisión entre petróleo, inflación, crecimiento y mercados. El diagnóstico de la situación actual lleva a los analistas de Bank of America a cuestionar la lectura benigna del mercado, y a anticipar más caídas en Bolsa.
Los shocks de demanda en la crisis del petróleo de 1979, la antesala de la crisis financiera en 2007/2008, la pandemia en 2020, la guerra en Ucrania en 2022 y la crisis de los aranceles en 2025 pueden arrojar luz a al incierto panorama que afrontan los mercados con la actual guerra en Irán.
Con este objetivo los analistas de Bank of America recurren al uso de "analogías históricas para comprender cómo podría desarrollarse la compleja situación de Irán". Aunque admiten que "la situación en Irán sigue siendo incierta y es posible una amplia gama de resultados", los cinco precedentes de shocks de oferta de petróleo arrojan lecciones de interés para evaluar el contexto actual.
En cada una de los cinco periodos históricos analizados Bank of America indaga sobre tres aspectos: "qué sucedió", "cómo reaccionaron los mercados", y "cómo se compara el episodio con la actualidad". A modo de resumen la firma desglosa que la crisis del petróleo de 1979 fue "el clásico shock estanflacionario impulsado por la energía". En 2007/2008 la crisis financiera fue "exacerbada por una crisis inflacionaria impulsada por la energía". En 2020, a causa de la pandemia, se vivió "un importante shock en la cadena de suministro y la demanda". En 2022, con la guerra en Ucrania, se produjo "una crisis de oferta sin destrucción de la demanda". Y en el último precedente, en la crisis de aranceles de 2025, las "preocupaciones sobre el crecimiento y la inflación se vieron mitigadas".
Con estas lecciones de fondo, los analistas de Bank of America reconoce que "nadie puede saber con certeza cómo se desarrollará la guerra con Irán", pero sí "podemos usar nuestro conocimiento de episodios similares anteriores para esbozar un abanico de posibles resultados".
Inflación y crecimiento
Los precedentes de 1979 y 2020 son, en opinión de la firma, los más "improbables" a día de hoy, puesto que "se requeriría una escalada significativa del conflicto" para alcanzar sus efectos.
Los estrategas de Bank of America rebajan esos niveles de alerta. Pero al mismo tiempo llaman la atención sobre el hecho de que "en nuestra opinión, el mercado ya ha descontado una combinación de las experiencias de 2022 y 2025", es decir, un escenario donde "la demanda se mantiene sólida (como ocurrió en ambos episodios)", y donde "la inflación tiene potencial para aumentar bruscamente, como en 2022, lo que se refleja en la marcada revisión al alza de las expectativas de los bancos centrales".
Este último riesgo, el de un aumento más que significativo de la inflación, ya ha sido recogido por el mercado. Un ejemplo es el vuelco en las expectativas de los tipos de interés del BCE y la Fed, y el consiguiente aumento "en el rendimiento del bono estadounidense a 10 años en 50 puntos básicos desde finales de febrero".
El problema, a juicio de los estrategas de Bank of America, viene del lado del crecimiento. En su informe valoran que "el mercado parece mantener abierta la posibilidad" de un escenario benigno para la economía, con un daño poco significativo al crecimiento económico. La advertencia en este punto es clara: "Si bien esto sigue siendo posible, y de hecho el escenario base es una resolución relativamente rápida de la guerra con Irán con daños duraderos limitados, cuanto más se prolongue el conflicto y más infraestructura energética se destruya, menor será la probabilidad de que evitemos una disminución del poder adquisitivo de los consumidores provocada por el aumento de los precios de la energía".
La valoración de Bank of America invita a los inversores a extremar la cautela, al advertir que "creemos que la actual valoración del mercado subestima el potencial de destrucción de la demanda resultante de una reducción del poder adquisitivo de los consumidores debido al aumento de los precios de la energía, especialmente dada la debilidad preexistente del mercado laboral estadounidense y la fragilidad del sector crediticio (privado), factores que recuerdan a la experiencia de 2007/08, sobre todo teniendo en cuenta que es improbable que se repitan los factores que impulsaron la demanda en 2022: la reapertura de China y EEUU, el elevado exceso de ahorro de los consumidores estadounidenses y el inicio de un aumento de 600 puntos básicos en el déficit presupuestario de EEUU".
El foco en la economía lleva a los analistas de Bank of America a sugerir que "el endurecimiento de las condiciones crediticias" puede convertirse en un factor clave a valorar. De hecho, la firma concluye que "un nuevo deterioro de las condiciones crediticias podría implicar que los más de tres años de un entorno macroeconómico favorable para los mercados están llegando a su fin".
Caídas adicionales del 10%
El escenario económico resultante del análisis de Bank of America tiene implicaciones claramente negativas para los mercados. "Dada nuestra preocupación por el potencial debilitamiento del crecimiento y la demanda en el futuro, prevemos un mayor aumento de las primas de riesgo y una caída en las expectativas de beneficios por acción".
Por todo ello, los estrategas de Bank of America abren de lleno la puerta a mayores caídas adicionales, próximas a los dobles dígitos, en la renta variable europea, tomando como referencia el índice paneuropeo Stoxx 600.
"Nuestras proyecciones macroeconómicas implican una caída adicional de alrededor del 10% para el Stoxx 600 en los próximos meses". Este correctivo, añade Bank of America, se sumaría al "descenso del 8,5% desde el máximo histórico reciente".
De manera más concreta, Bank of America prevé que el índice paneuropeo Stoxx 600 descienda hasta los 530 puntos durante el segundo trimestre del año, antes de iniciar una remontada que podría permitir al indicador cerrar el año en el entorno de los 565 puntos.
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