Detrás de cada caña de cerveza que pedimos en un bar siempre hay una historia, una técnica y, si me apuran un poco, hasta una ... percepción sensorial distinta.
La palabra 'caña' tiene su origen en el siglo XIX y recibía ese nombre el conducto o caño por el que la cerveza subía desde el barril hasta el grifo. Pero hay que tener en cuenta que el actual tamaño de una 'caña' es diferente en cada región. La medida más habitual, 200 ml., está pensada para que el líquido se mantenga frío el mayor tiempo posible. Otra de las claves está en la espuma, ya que no es un elemento decorativo, más bien la tapa que protege la cerveza, evita que el gas carbónico se escape y que también aumente la temperatura para que el sabor y el aroma se mantenga más tiempo en el vaso.
Por último, el gesto de brindar hace que el cerebro vincule el sabor de la caña con el placer de compartir el momento con otras personas.
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