Ampliar
Miguel Tomás V. N, antes de escuchar el veredicto de culpabilidad por el asesinato del canónigo de la catedral. I. Cabanes Las claves del veredicto de culpabilidad del asesino del canónigoEl jurado da por buena la tesis de que el autor material fue un «desconocido» pero considera probado que el acusado fue cooperador necesario del crimen
Ignacio Cabanes
Miércoles, 4 de febrero 2026, 10:15
asesinar y robar al canónigo emérito de catedral de Valencia ... . Eso es lo que han considerado probado por siete a dos –un margen muy justo– los miembros del jurado popular en el veredicto que declara culpable al único acusado llevado a juicio, Miguel Tomás V. N., a quien numerosos indicios, que detalló LAS PROVINCIAS este pasado fin de semana, incriminaban en la comisión del asesinato de Alfonso López Benito la noche del 21 de enero de 2024. Finalmente, la arriesgada estrategia del fiscal, asumiendo que el autor material es otra persona de la que no hay constancia alguna, salvo la declaración del propio acusado, ha convencido al jurado y prueba la cooperación necesaria del único encausado.El Fiscal solicita para el acusado 28 años de prisión como cooperador necesario del asesinato, robo y estafa continuada
El posicionamiento del teléfono móvil del acusado, en la antena que da cobertura al domicilio del canónigo, en la calle Avellanas de Valencia donde fue hallado asfixiado, por sofocación y estrangulamiento, el sacerdote, como determinaron los forenses, ha resultado la prueba clave de la implicación del acusado. Por dos cuestiones, por un lado porque lo ubica en el lugar de los hechos en la franja horaria en la que se produjo el asesinato del octogenario, y porque ha desmontado su versión exculpatoria, que se quedó dormido en un banco de una zona ajardinada próxima a la plaza de la Basílica y hasta las cuatro de la madrugada el supuesto amigo con el que había quedado, el temporero colombiano al que atribuye la autoría del crimen, le llamó por whatsapp y le entregó las tarjetas de la víctima y el teléfono móvil.
El jurado entiende que esa entrega se produjo en la vivienda, a la que accedieron después de que el canónigo les franqueara la entrada, «ya que confiaba en el acusado». Miguel Tomás V. N., que negó conocer a la víctima y solo lo admitió en el juicio cuando ya había escuchado a los testigos que lo desmentían, era una de las personas necesitadas (todos ellos varones) a los que el canónigo se llevaba a su domicilio del centro de Valencia y al apartamento del Perelló, a los que pagaba pequeñas cantidades de dinero o daba comida a cambio de sexo.
De igual modo el jurado también fundamenta su veredicto de culpabilidad en los insistentes intentos del acusado para obtener el pin de las tarjetas bancarias del canónigo, sabiendo que estaba ya muerto. Hasta nueve llamadas a sucursales bancarias, cinco de ellas grabadas, en las que el acusado suplanta la identidad del canónigo con el objetivo de obtener el pin de la tarjeta de crédito del fallecido. El envío del primer mensaje de texto para conseguir estas claves bancarias: «He olvidado mi contraseña», se produjo a las 2.02 horas, cuando el teléfono de la víctima todavía está conectado a la red wifi del domicilio del canónigo.
Tras estrangular a su víctima, de común acuerdo y sin darle posibilidad alguna de defensa, el acusado, junto con el autor material del crimen, se apoderaron de una tarjeta bancaria de Cajamar y de otra del Corte Inglés, así como de su móvil, con la intención de obtener un beneficio económico. Posteriormente efectuó cuatro reintegros en cajeros automáticos, por un importe total de 1.800 euros, y compras y consumiciones por 527 euros con la tarjeta de Cajamar y otros 285 euros con la otra tarjeta.
Aunque no se hallaran vestigios biológicos (ADN) ni huellas del acusado en el escenario del crimen, las pruebas recabadas por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional han sido suficientes para que siete de los nueve miembros del jurado lleguen al convencimiento de que el acusado tuvo una participación activa en el asesinato. Todo ello sumado a la estrategia del fiscal Antonio Gastaldi, quien aceptó la idea de la presunta presencia de una tercera persona como autor material del estrangulamiento del canónigo (había ADN de un varón desconocido en la funda de la almohada), cerrándole así la puerta a la duda razonable sobre la autoría del crimen que podía plantear la defensa. Fuera él solo, como apuntan las investigaciones de la Policía, o con ese supuesto amigo, del cual no hay constancia objetiva alguna, el acusado es culpable de asesinar al canónigo de la catedral de Valencia esa noche del 21 de enero de 2024.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
- Temas
- Policía Nacional