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Política

Las evidencias macizas del vivo Antonio Balas

Las evidencias macizas del vivo Antonio Balas
Artículo Completo 721 palabras
El teniente coronel, sereno pero apisonador, excitó a Ábalos y a Koldo. Más que luchar contra la exposición de la UCO, los abogados de los dos acusados parecían luchar contra la realidad Leer

Las declaraciones de Antonio Balas ante el Tribunal Supremo forman ya un subgénero. Cuando el jefe de Delincuencia Económica de la UCO compareció en noviembre en el juicio contra Álvaro García Ortiz, irritó a la fiscal y despertó las iras de los hinchas del acusado que alborotaban desde el público.

Este lunes el teniente coronel vivo más famoso de España volvió a sentarse ante Andrés Martínez Arrieta por el caso Mascarillas. Llegó también sereno, pidiendo "permiso" al entrar, y esta vez excitó tanto a Ábalos, a Koldo y a sus abogados que el presidente perdió la calma y hasta Luzón se quejó de que los acusados se tiraran las horas "deponiendo" y cuchicheando desde el banquillo.

Como resumió el fiscal, "la Guardia Civil es dura". Y es posible que Balas, al que la fontanera socialista Leire Díaz quería profesionalmente muerto ("Necesito a Balas, ¿vale? Así de claro. Necesito a Balas"), sea de las pocas cosas que a Pedro Sánchez no le han salido bien.

Balas iba con traje, maletín y una corbata verde botella con la enseña de la Guardia Civil. Nada más sentarse junto a su mano derecha, el preciso comandante Jesús Montes, le dio una palmadita en la nuca. En los recesos se mostró sonriente y habló con Luzón. Tras nueve días de juicio, de escuchar que el "café" era café colombiano de verdad, Balas verbalizó con tono desapasionado pero apisonador el macizo árbol de evidencias que obra contra los acusados. Más que luchar contra la exposición de la UCO, los letrados de Ábalos y Koldo parecían luchar contra la realidad.

El teniente coronel dejó frases reales como la vida misma. «Al final el que paga manda», dijo al explicar que la trama llamaba «jefe» a Ábalos cuando el verdadero jefe era Aldama y Ábalos, el corrompido.

-¿Qué es lo que hace Ábalos? -preguntó Marino Turiel, el abogado del ex ministro.

-Lo más grande: es el que abre negocios, es el que tiene la capacidad de llevar a Aldama y a sus socios a sitios adonde ellos no pueden llegar. (...) Por eso cobra lo que cobra y le dan lo que le dan.

Alguna vez a Balas le salió un "majcarillas". Cada poco, un "vamos a ver...". Citó motu proprio a Sánchez, a Delcy. Ábalos a veces comentaba y otras bostezaba, recostado hacia atrás.

Otra verdad como un templo, del comandante Montes: "Todo el mundo se vale de otros para sus fines". Quería decir que Ábalos usaba a Koldo; Koldo, a su hermano y a su mujer; Aldama, a sus testaferros... Así que Koldo era "el chico para todos (sic)", resumió más adelante Leticia de la Hoz.

La abogada de Koldo -también Turiel- causó innumerables enfados en Arrieta ("¡Formule la pregunta!", "¡No haga conjeturas!"), mientras decía "¿Les costa?", "¿No les costa?" y aturullaba a la sala con un cóctel de sugerencias, quejas y deducciones en el que la 'i' de "dos mil vente" fue lo único que se ahorró.

Hubo un rato delirante en el que, en su estrategia de desacreditar a la UCO, De la Hoz se dedicó a sugerir que tras la «K» de los pagos de 10.000 euros de Aldama no estaba su cliente sino, por qué no, un tal Koldo Ibarra, una tal Ketty Cortés, otra tal Karmina...

-¿Karmina podría ser la de "K 10.000"?

-Desconozco absolutamente quién es Karmina -respondió Balas, como lo haría todo el país.

¿Y qué sentido tiene que Ábalos siguiera pagando el piso de Jésica cuando ya no estaban juntos?, inquirió la abogada, a lo que Balas contestó, sabio: "Cada uno lleva las relaciones como quiere".

En el salón de plenos había un grupo de hombres trajeados que tenían pinta de ucos, aunque ellos preferían no desmentir ni confirmar. Tendría sentido: a su jefe han querido descabalgarlo pero ahí sigue, defendiendo sus informes, dándoles palmadas en la nuca.

El juicio acabó entrada la noche. A las ocho y cuarto los dos agentes pidieron un breve receso: «La llamada de la naturaleza». A la vuelta ya eran las 21.28 cuando Arrieta se refirió a un tal «Cristian no sé qué».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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