La otra noche, en el Beer Station -meca del stand-up madrileño- el cómico Dani Alés dedicó unas palabras al ex presidente Zapatero: «¡Me da hasta orgullo ver que el cabrón al final sí que era capaz de hacer cosas! ¡Líder de una trama corrupta internacional! Estoy esperando el momento en que diga 'no creíais en mí, ¿eh? Pues mirad la que he liao'».
La comedia afina más que la crónica. El chiste de Alés expone el haz y el envés de nuestra estupefacción: muchos considerábamos a Zapatero moral e intelectualmente incapaz de tramar algo así; su corrupción sería su venganza. Los socialistas siguen en fase de negación. No porque los indicios sean débiles, sino porque son tan claros que los arrojan a un violento cambio de opinión. Pero nadie sustituye sus creencias de la noche a la mañana; no aquellas que dan sentido a la identidad personal y colectiva: nadie deja de ser musulmán, cristiano, del Barça o zapaterista en un instante. Lo difícil no es admitir que Dios no existe, sino admitir que todo este tiempo estuviste equivocado.
Todo sea dicho: tampoco está contribuyendo Zapatero a preservar su fama de hombre idealista y desprendido. Las joyas halladas en su caja fuerte deslumbran su imagen con cada torpe explicación: antes de la tasación, eran una herencia de Sonsoles. Después de la tasación, un regalo del rey Abdalá de Arabia Saudí; tesis que Zapatero no ha hecho suya pero que ha asumido y difundido el mismísimo presidente Sánchez.
Curiosamente, nadie especifica qué joyas del lote hallado corresponderían a ese supuesto regalo. Supongo que pretenden que pensemos en la más valiosa: un collar de 278.000 €. En todo caso, si las joyas fueran un regalo institucional recibido durante el ejercicio de la Presidencia, deberían haber sido declaradas e incorporadas a Patrimonio del Estado, como lo fueron otros regalos del rey de Arabia Saudí. La teoría del regalo institucional no es convincente, pero es reveladora: si el ex presidente del Gobierno se reafirma en ella, estaría asumiendo la apropiación ilícita de las joyas, la no declaración ante Hacienda y la vulneración del Código de Buen Gobierno aprobado en 2005 por su Ejecutivo. Y si está dispuesto a asumir todo esto sin ser cierto es porque el verdadero origen resulta aún más inconfesable.
Tampoco fueron convincentes las explicaciones que Zapatero dio ante el juez Calama sobre su labor de consultoría. Hablando del carácter de los informes realizados para Análisis Relevante, Zapatero explicó al juez que no se trataba de «informes azóc (sic)» para una empresa, sino «informes generales de geoestrategia política, de geoeconomía y de las consecuencias (sic)». Es llamativo que alguien que declara ignorar lo que es una sociedad offshore sea capaz de informar sobre geoestrategia política. Más extraño es que una sociedad con presupuesto para contratar a un premio Nobel contrate a José Luis de los Brotes Verdes para realizar informes inespecíficos, orales y efímeros.
Al final, quizá haya que revisar alguna intuición sobre Zapatero, pero no todas. Lo considerábamos moral e intelectualmente incapaz de organizar una sofisticada trama criminal, y cuanto más escucho sus explicaciones, más convencido estoy de que en una de las dos acertamos.